Obsesiones invernales o cómo perder el eje en modo Zen


Estoy aparcando la moto en la puerta de mi cabaña de invierno. Un sitio apartado y olvidado de la mano de Dios. Necesito paz y tranquilidad. Solo unos días. No soy sociópata, no. Diríase que soy urbanita cien por cien. Pero de vez en cuando mi cuerpo y mi mente serrana necesitan entrar en contacto con la naturaleza, sentir cómo la savia elaborada de los abetos y los pinos que me rodean es absorbida a través de mi piel cuando me abrazo a mis hermanos vegetales y conecto con el Universo…

De vent d’Espagne en pluie d’Equateurrr , Voyageeeee, voyageeeeeee
Un escalofrío recorre mi columna vertebral desde la coronilla hasta la punta del dedo gordo del pie. Me ha entrado un miedo como no sentía hace años. Un intruso se ha colado en mi casa. El ruido proviene de mi hogar, sin duda. Pero el miedo que experimento no ha sido precisamente por lo que se supone que habéis pensado, no.

He sentido terror cuando las ondas sonoras procedentes del salón de la cabaña han atravesado en su movimiento uniforme a velocidad constante, el cristal del ventanal y han alcanzado sin vergüenza ninguna el oído medio y posteriormente atravesado como un rayo aniquilador mis tímpanos.Creo que me los ha reventado el sujeto “Okupa” ¡Diosss algunos cerdos gruñen mejor! No puedo entrar así como si nada. El shock me ha dejado paralizado. Apenas puedo pestañear para observar al pájaro que se ha colado en mi nido…
¡Voyage voyageee plus loin que la nuit et le jourrrrrrrrrrrrr voyageeee! —Noto resquebrajarse la nieve bajo mis pies. Como no le calle pronto vamos a tener en la zona un serio problema de aludes. Así pues abro la puerta de “Mi casa” sin contemplaciones, prácticamente arrancándola de los goznes.

¡Mon ami! Pasa estás en “su” casa —Se levanta del sofá con la mano extendida, sonrisa en la cara y una pinta impecable.
—¿Qué haces en mi casa? —Respondo con cara de pocos amigos. Rápidamente mi mirada se dirige al rincón donde guardo la escopeta de caza, por si acaso se me cuela algún animal salvaje en casa. Este solo es un humano con mucho hocico, pero probablemente más peligroso que cualquier jabalí malherido. El muy imbécil sigue con la mano extendida y el rictus un poco estirado, algo así como si llevara metido en el culo qué sé yo. ¿el palo de la escoba?

Asseyez- vous. Sienta amigo mío. —Muy bien, ¿quieres jugar? Juguemos. Me siento tranquilamente a su lado, me quito los guantes, el gorro, la bufanda y el abrigo. Los coloco en el sillón de al lado. No le quito ojo de encima. —¿Y bien?
—¡Ah!¡Oh! Oui, sí, Pardon amigo. Me llamo Germain, Germain Roussel. Enchanté. —Vuelve a estirar la mano. Los franceses son muy protocolarios no lo dudo, pero este se ha colado vilmente en mi territorio. Y como no se explique pronto lo va a pagar muy caro .Le estrecho la mano como si tal cosa.
—Soy Oliverio Morf…

Oui, oui, je le sais. Lo sé mi muy amigo mío. —¿Lo sabe?
—Bien, y ¿qué se supone que haces por aquí, Germain?
—Vivir el momento.
—Y vivir de los demás, también.
Non, non para nada Monsieur Morfidal. Mi filosofía de vida, es la de un rêveur, un soñador. Decidí un buen día allá en mi pueblo, aplicar a mi personne, el Carpe diem ¿Tú comprends? Abandoné todo. Lo vendí todo, mis propiedades, mis voituresTout.—¿Todo? —Qué interesante. Seguro que el capullo ha abandonado a su mujer y si tiene hijos por el mismo precio…pues también, ¡Qué coño! ¡A vivir que son dos días!
—Sigue querido, tu filosofía es muy interesante.
—¿N’est-ce pas? ¿Verdad que oui? Me conformo con poco mon ami. —Añade mientras alarga la mano y pilla con total desvergüenza unos cuantas lonchas de jamón serrano de bellota, de mi jamón “Cinco jotas”. Los ojos se me salen de las órbitas cuando veo el festín que tiene preparado en la mesita auxiliar. Además de un plato lleno de jamón, al que le concedo la maestría a la hora de cortarlo, sí señor, se le nota que lo ha pelado por la caña y luego por la veta que presenta el jamón lo ha cortado haciendo pequeños zigs zags con el cuchillo…

Bueno que me pierdo en menudencias. Mi chorizo y mi salchichón ibéricos, mi queso curado en aceite han corrido la misma puta suerte. Todo expuesto y bien presentado en sus platos con el único fin de que pase a la boca del gourmet de pacotilla. ¡Joder con el Carpe diem de los cojones!
—Toma un peu , es bueno. —Me ofrece como si los manjares fueran suyos y yo su invitado de honor.
—Pues claro que lo es.
Bon. Te cuento mon ami. Mi experiencia es simple. Me dedico a viajar. Me alojo en casa de la gente buena et belle que me quiera recoger y yo les hago unos petits trabajos en sus casas a cambio de un poco de comida sencilla y una cama también. Yo molesto poco y ayudo en lo que tú me pidas.
Este tío es un jeta… Así de claro ¿Un poco de comida sencilla? Lo mejor de mi despensa y una cama a cambio de ayudarme en las tareas de la casa. Vamos a ver ¿Y quién le llamó? Y lo más interesante ¿Por qué sabe mi nombre? Este conoce de mi vida y milagros y quiere algo de mí, algo más que un catre y un poco de comida “frugal”. Este no ha venido de vaya usted a saber dónde de forma casual; las mentiras las huelo a distancia ¿ No querrá quizá un consejillo del tío que sabe más sobre cómo tratar los problemas amorosos? Tengo paciencia de santo, pero este “Fransuas” me está sacando de mis casillas. Mientras le doy a la rueda con mis pensamientos.veo que se levanta y se dirige a la cocina. Oigo un “pop” de un descorche.c88a35dde8f26bbb24f8023f65fdd736 f05b71fe7567a989512ca6016d45af64

Mi botella de vino tinto de Vega Sicilia lo sé, lo presiento; el párpado inferior del ojo derecho ha empezado a temblarme descontrolado. Me levanto a por el rifle. Como no corte por lo sano, me come las reservas del invierno y se bebe hasta el agua de los floreros. Antes de entrarle le daré una última oportunidad de explicarse.
Me siento otra vez en el sofá como si tal cosa, y escondo la escopeta de caza lo suficiente para que no la vea y para que pueda sacarla a tiempo de que…
—¡Mon ami! Bueno tu vin.  —¡A morro! ¿Se está bebiendo mi Vega Sicilia cosecha del 85, a morro? Paciencia Oliverio que te pierdes y le vacías todo el surtido de cartuchos en el entrecejo.
—Como te decía molesto poco; yo partí de mi casa ahora hace dos meses. En busca de mi bonheur, mi felicidad. Cogí mi mochila y la llené con cuatro cositas de nada.
—Normal.
—¿Pour quoi?
—Porque el resto ya te encargas de saquearlo con ese aire servicial con el que te envuelves. Pero sigue mon ami, no te cortes bonito, cuéntame más.
—Yo vendí todo como te he dicho y decidí viajar y conocer el mundo. J’adore viajar. Soy sencillo, simple, me conformo con cualquier cosita.
—Con cualquier cosita no. —No había más que verle. Era un esnob. Su vestimenta le delataba. Los tejanos precisamente no eran del Carrefour. Si la vista no me fallaba el jodío llevaba enfundados unos Versace, una camisa blanca con el jugador de polo bordada en el pecho Ralph Lauren y unas botas Salomon…

Monsieur Morfidal, soy lo que ves, moi, no engaño, no oculto nada. —Eso ya lo decidiría yo.
—Germain, ¿desde dónde dices que vienes?
Au nord de la France. Viajo con mi caravane, conozco gente.
—¡Bueno ya está biennnnnnn! —Me levanto de golpe , gastando apenas un par de segundos en coger la escopeta de caza y apuntarle como Dios manda en el entrecejo. El pobre tipo pasa a adquirir un tono de cara cerúleo, muy, muy desagradable. La botella de vino se escurre de sus manos, manchando la tapicería del sofá. No voy a ganar este año suficiente dinero para arreglar los desaguisados del loquito fou este.

—Oliverio, s’il vous plaît, Je suis un homme d’honneur.
—¡Tú eres un cara dura para empezar! Responde o lo hará mi escopeta por ti.
—Soy normal, sencillo no escondo nada.
—¿Estás casado? ¿Tienes novia? ¿Pareja? ¿Mascotas? —Le tiembla el ojo como a mí. ¿Me voy acercando al motivo de su visita? No sé. Seguiré ajustando las tuercas del tiparraco.
—¡No, nada, sseee llllo jujujuro! —Encima el estupidito es un cabezón. Tendré que utilizar métodos más expeditivos.
El primer disparo dirigido contra el techo, suena como un trueno seco, retumbando en toda la casa. Adiós a mi lámpara Art Déco, una lluvia de cristales de colores cae cerca de nuestras cabezas.
—¡Responde canalla! —La mancha en la entrepierna es clara. Se ha meado de miedo, pero no abre la boca. Bien, lo hará el cañón de mi escopeta.
¡Jfjñguofafhohphljljfjoa plaîttttttt!
—Fransuas, Fransuas…
mi paciencia no es infinita.—Vuelvo a meterle el cañón un segundo. Aúlla de dolor. Le he quemado seguro. Pero más quemao me tiene a mí.
Je parle, je parle…
Comienza entonces.
— Oui, sí,
tenía un… un… un…
—¡Un quéeeeee! — Le encañono otra vez.
—Une une, pardonUne femme,
una mujer. —Suelta entre lloriqueos.
—¿La has abandonadoooo?
Oui.

—Hijo de … ¿Por qué? ¿La amas? —No puede soportar mi pregunta. Se tapa los oídos con las manos y tiembla como un cachorro abandonado y muerto de frío.
—Mmmm…
Cochon. —Tiro la escopeta al suelo. Acompaño entonces el apelativo con un puñetazo en la mandíbula. Un buen directo a la barbilla. El  imbécil tiene el detalle de desmayarse. Bien, esto me va a facilitar las cosas, más de lo que yo pensaba. Subo corriendo a la buhardilla. De un armario de herramientas, saco unas cuerdas. A este no le van a quedar ganas de viajar en lo que le resta de vida. Bajo nuevamente a paso ligero. Le ato de pies y manos.
Me siento tranquilamente enfrente de él. Mientras tiene ahora el buen gusto de despertarse y explicarme de qué va su historia, me fumo apaciblemente un buen Cohiba. El humo denso en forma de círculos que despido suavemente por la boca, lo dirijo sin contemplaciones al rostro del okupa.
Mueve los labios murmurando incoherencias, en francés obviamente: Pero hay algo que me llama la atención. Su subconsciente le traiciona y de vez en cuando suelta alguna palabra en español. ¡Qué interesante! Me levanto y me acerco a ver si capto algún mensaje de interés. ¿Cuántos kilómetros ha tenido que recorrer hasta mi humilde morada? ¿Mil? ¿Dos mil? Solamente, ¿Para qué? ¿Para comerse mi embutido y beberse mi vino? ¿Viajar solo para conocer mundo y recaer precisamente en casa de un chamán resuelvepleitos amorosos? No cuela.
Mis oídos captan palabras sueltas ¿Bebe? ¿Más todavía? ¿El qué? ¿El Nilo esta vez?
Mon bébé… —No puedo escucharlo. ¡Tiene un bebé! ¡Lo ha abandonado! Mi puño cobra vida nuevamente y se estampa contra la nariz del interfecto.
Mon Dieu, no más, ¡para Oliverio! Monsieur Morfi…
—Eso depende de cuánto tiempo estarás dispuesto a aguantar sin decirme la verdad.
Moi,  je n’ai pas, no tengo nada que añadir.
—¡Serás cabrón! —Vuelvo a levantar el puño, pero yerro el blanco. Es rápido y esquiva el golpe a pesar de tener las manos atadas.

—¡Pardon! —Suena lastimero, pero no me fío ni de mi sombra, así que lanzo un buen rodillazo a su entrepierna. —Esto te pasa por entrar en mi casa sin haber sido invitado, sin saber que vive un señor con muy malas pulgas que aborrece a los cobardes como tú que se dedican a abandonar a sus femmes y a sus enfants.
—Pero Monsieur, yo no tengo enfants
—¿No? ¿Tú te crees que me he caído de un guindooooo? —Le grito al oído sin contemplaciones.
—¿Guindo? —Pregunta con voz entrecortada.
—Un árbol, pero ¿a ti qué te importa? —Dime, si no quieres que saque la escopeta de nuevo. Esta vez no apuntaré al techo, te lo aseguro.
—¡No tengo enfants, tienes que creerme!
—Te he oído pronunciar la palabra bebé. ¡No me tomes por idiota, Germain!
Bébé… —Empieza a berrear sin pudor ninguno. —Pronuncia como un becerro herido. Realmente se le nota el desconsuelo en su actitud, en cómo abre la boca grande y rígida y en cómo aprieta los puños.
—He decidido vivir sin ataduras, pensando única y exclusivamente en mí.
—O te explicas ahora mismo, o te estampo el puño en esa cara tan rígida que Dios te ha dado…

—¡Bien! Déjame que me serene. Son dos minutos et bien, bébé c’est un apelativo cariñoso, era así como llamaba a mi mujer.
—¿Ha muerto? —Pregunto incrédulo.
Non.  Non está viva y es hermosa.  ¡Belle!
—¿La amas?
—¡Oui, más que a mi vida!¡Pero nunca lo sabrá!
—¡Eso ya lo veremos! —Añado con una nueva patada en la entrepierna del pobre diablo. No puedo con los canallas tumbaviejas.
—Nooo me consagro a mí, a mi vida  je suis un rêveur… ¡Un soñadorrr! ¡No me pegues más por favorrrr!
—Germain, Germain…
Non.
No le escucho. Me pone enfermo. Tiro del cuello de su camisa de señorito y le tumbo en el suelo. Ayudado por la fuerza de mi ira le pateo en los riñones. Le sacaré la verdad como sea. Aborrezco los egoísmos, y los abandonos sin explicaciones. Un papel sobresaliendo de uno de los bolsillos de sus tejanos me llama la atención. La bota de la sierra se queda suspendida en el aire sin alcanzar el objetivo. Me agacho y extraigo de una sola vez el papelito.
—¿Esto qué es? —Agito el folio doblado delante de su cara. —¡Fransuas! —Desdoblo con suma paciencia la hoja. Está tan sobada como la barra del metro. Cae una fotografía.
Bébé
—Bebe, sí, bebe que te va a hacer falta. —Tomo la fotografía del suelo. Es la imagen de una mujer como no podía ser de otra forma. Mirada profunda, mejillas delicadamente sonrosadas, labios hermosos de un tono rojo atardecer, cabellos recogidos en un moño bajo, cualquier hombre desearía que su mujer le mirara con tanta pasión. Alzo la vista . El señorito se ha encaramado de nuevo al sofá.
—Dime de qué me conoces. —Tomo de nuevo el puro que había dejado depositado con sumo cuidado en el cenicero, antes de emprenderla con Germain. Me siento tranquilamente enfrente de él. Voy a darle otra oportunidad mientras leo sin pudor el folio doblado una y mil veces.
—A través de un ami, al que mandaste à l`hôpital el año pasado.

—El año pasado salvé a ese amigo tuyo de que muriera atropellado bajo las ruedas de un coche, y los dos estuvimos en el hospital. No me lo recuerdes. Continúa…
—No leas eso por favor. No quiero escucharlo.
—¿Por qué? “…El amor consiste siempre en dar, y yo no voy a abandonarte justamente ahora que es cuando más lo necesitas…” —Es una declaración de amor impresa desde una conversación de un chat ¡Qué interesante!
—Justamente lo que has hecho tú con ella. —Le vuelve a temblar el párpado inferior del ojo izquierdo.
—Decidí que era lo mejor para los dos. Ella es libre ahora. —Le miro de reojo por encima del folio.
—Libre , ¿para qué? —Continúo leyendo. — “… Me partes el alma, me has atado de pies y manos, dime qué puedo hacer con todo este paraíso que me ofreciste…” —¿Libre? Ya ves que no. Está atada igual que tú ahora mismo, pero sus ligaduras son peores que las tuyas. La has amarrado emocionalmente de tal forma que ha perdido el norte de una forma estrepitosa.
—No podemos estar juntos. Vivimos lejos, muy lejos el uno del otro.
—Querido papanatas, estamos en el siglo indicado para establecer comunicaciones de forma rápida y sencilla. ¿Dónde la conociste? No me lo digas, en alguna página de contactos de internet, de esas que tanto se estilan ahora. —Una nueva calada a mi Cohíba hace que me sienta más tranquilo. El humo inunda su cara . Tose espasmódicamente. Mejor así. Es posible que las volutas le hagan confesar antes de que lo haga mi bota estampándose en su cara.
Oui. Es imposible No llegaríamos a nada.
—“… Viajaré hasta los confines del Universo para oírte decir en mi cara que ya no me amas..”. Has abandonado a una mujer valiente, absurdo mentecato. —Sigo leyéndole. Le resulta tortuoso. Mejor.
—No creo en estos amores virtuales. —Alza el cuello dignamente entre la niebla de humo del puro.
—¿Crees en algo que no puedas tocar con tus propias manos?
Oui. En mis sueños, en Dios, énormément.
—¿Y no puedes creer en este amor virtual? —Dejo tranquilamente el puro en el cenicero y la declaración de amor junto con la foto al lado. Me levanto despacio, me aproximo a él y por supuesto, lanzo el puño nuevamente contra su barbilla.

—¿A qué has venido?
— ¡Auuuugggg! Moi, je… —La sangre se desliza por su barbilla. Tengo que calmarme o la chiquilla no podrá volver a ver de una pieza a este imbécil del que está enamorada sin remedio.
—Tú, ¿qué?
—Quiero recuperarla.
—No te oigo bien.
—¡Oliverio quiero recuperarlaaaaaaaaa! Désatame ¡Oh Mon Dieu! ¡Ayúdameee!
—No me gustan los cobardes, pero haré una excepción contigo puesto que has recorrido tantos kilómetros solo para enmendar la plana. —Le desato las manos y los pies. Se masajea las muñecas para recuperar la circulación sanguínea. Le extiendo mi pañuelo para que pueda limpiarse la sangre de la cara . No tengo remedio, he nacido para resolver conflictos amorosos. El infeliz tiene la dicha de haber encontrado a una mujer que le ame. Con ese canguelo que le adorna ha tenido suerte de que alguien se dignara siquiera a mirarle a la cara.
Pero ahí está. Arrepentido. Y eso le honra. Bien ¡Allá vamos, Oliverio!
—¿Has intentado reanudar contacto con ella? —Me paseo por la estancia, masajeándome la nuca.
—Empiezo a escribirla de nouveau, pero borro siempre la conversación. No puedo. Sé que la he herido tanto… Creo que me odia.
—Y de qué te extrañas. —Giro la cabeza y contemplo su cara magullada. Me he pasado un poco, lo reconozco, no me gusta la violencia, pero los abandonos a mujeres bellas y de buen corazón me gustan menos todavía.
—Bien, estoy pensando que aunque yo no manejo mucho las redes sociales, y ¡ojo! eso no quiere decir que no las conozca, simplemente me aburren, bueno pues como te decía en la redes sociales os manejáis mucho con las alusiones, lanzáis un comentario, una imagen, una canción al aire, y el destinatario del mensaje, seguro que lo capta, ¿Verdad que sí, Fransuas?
—¡Oui! —Algo parecido a una sonrisa se dibuja en su boca hinchada.
—Podríamos empezar por dedicarle una cancioncilla , ¿Qué te parece? —Voy en busca de mi portátil. —Subo a mi habitación y en menos de cinco minutos regreso con él. Me siento a su lado. Le tiemblan las manos. Supongo que está intentando controlar el miedo que siente a enfrentarse a la situación de restablecer comunicación con su amada.
—Bien, Germain vamos a recomendarle que escuche una canción, una por supuesto que hable sobre lo mucho que la amas.
—¡Oui!
—¿La tienes?

—¡Oui!
—Bien pues si ya has pensado en una que le pueda gustar… ¡Adelante! Te cedo mi ordenador para que hagas buen uso de él. Esperemos que la chica no te odie tanto como tú crees.
Empieza a teclear con dedos torpes. Sin embargo por su cara diríase que parece decidido. No me aparto ni medio centímetro de su lado. No quiero que se arrepienta y tenga que aguantarle más tiempo de lo necesario en mi casa vaciándome la despensa. La habitación se llena con el sonido de la música que ha elegido. La letra es buena. “Dame luz, siempre te amaré..”.
—Ya está. Ya se la he enviado.
—Bien, ahora reza muchacho a ese Dios que no ves pero en el que crees enormemente para que ella te responda.
—¡Oliverioooooooo! ¡Síiii!
—¿Ya? —No han pasado ni cinco minutos y el hombre ya tiene respuesta. Esa chica está hasta las trancas por el pazguato este.
Bon, realmente solo ha añadido a su lista de favoritas la canción que le hemos enviado.
—¿Te piensas que va a volver a rendirse a tus pies así como así? Vas a tener que trabajar duro, Fransuas.
—La amo tanto, que no puedo aguantar más este sufrimiento.
—Entonces, escríbela. ¡Ya! ¡Ahora mismo!
—¿Quoi?. No sé cómo empezar.
—¿Qué te parece un sencillo Salut?
—¡Oui! —Teclea ahora con más decisión la palabra clave. Sin embargo los minutos van pasando y no recibe contestación alguna. La tristeza invade su rostro.
—Acuéstate Germain. Te cedo mi habitación. Encendí la chimenea cuando fui en busca del portátil.
—Oliverio, gracias… merci.—Con paso cansino se dirige escaleras arriba a mi habitación. El ordenador ha quedado apoyado en el sofá. Ha dejado abierta la página del chat.
El cursor parpadea al lado del solitario saludo . Miro a través de los ventanales. Ha empezado a nevar copiosamente. Echo más leña al fuego. La habitación se está quedando fría. Me tumbo en el sofá. Me arropo con una manta. Faltan un par de horas para que amanezca. Cierro los ojos. Solo un rato. Noto los nudillos hinchados de los golpes que le he endosado al pobre diablo.
La luz del amanecer y el ruido de una campanilla me despiertan. Giro la cabeza en dirección a la fuente de ese sonido peculiar que avisa de la entrada de un nuevo mensaje. En la pantalla del ordenador aparece una nueva línea brillante que no estaba ayer y que dice así:
Salut mon Germain”.

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Halloween con mis bellas

De nuevo treinta y uno de octubre No sé si sabéis ya que no celebro Halloween. Mi familia me educó en la cultura de la noche de difuntos, de don Juan Tenorio, de la degustación de los buñuelos de viento y los huesos de santo; así pues no comulgo con el insulso trato o truco, la calabaza desdentada con aire siniestro y la puñetera matanza de Texas… Como un año más sigo la tradición y me preparo para el visionado de mi obra de teatro favorita
Mientras aparco la moto a la puerta de mi casa, me voy frotando las manos mentalmente , pensando en esos buñuelitos de crema y nata que me voy a zampar a la vez que mi memoria recuerda pasajes de mi obra de cabecera que disfrutaré en menos de diez minutos
“Por donde quiera que fui,
la razón atropellé
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.”

Mi querido don Juan, eres el espejo donde me miro siempre…
Saco el paquete de la pastelería de debajo del asiento de la moto. Al llegar a la verja , noto que está abierta.Rompo a sudar. Se me ponen los pelos como escarpias de pensar que haya podido entrar alguien en mi casa a robar.
Ya es de noche y no veo un pimiento. He olvidado reprogramar el encendido de las luces del jardín . así que ando arrastrando los pies tanteando el terreno .. De repente noto cómo me agarran por detrás con fuerza y me tapan la cara con un pañuelo. Me llevan en volandas hasta la entrada de la casa y allí me depositan con cuidado de nuevo. Cuando me destapan la cara descubro anonadado a un grupo de mujeres vestidas de brujas que gritan al unísono en el hall de mi casa:
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—¡SORPRESAAAAAA! —El paquete de buñuelos se desliza de mis manos a causa del estupor y cae al suelo. . La avalancha de mujeres lo pisotea en su afán por besarme, abrazarme y lanzarme piropos sin medida ninguna. Sonrío ante mis bellas Don Juan al ataque, ¡ahí estamos Oliverio!
—Mis queridas niñas, ¡Qué honor! ¡Qué sorpresa! —Y mis buñuelos hechos mierda.
—Contadme bellas damas que os trae por a…—Me vuelven a llevar en volandas hasta el salón sin dejarme terminar la frase…
—Mi amorr venimos a alegrarte la noche de Halloween. —Oigo tras mis espaldas Creo haber reconocido la voz de mi bella Elvia. Entre todas me depositan dulcemente en el sofá .
Los ojos se me disparan de las órbitas. ¡Han decorado mi salón con calabazas desdentadas, y telas de araña asquerosas!
—Y a contarte cómo nos gustan los hombres para que hagas un estudio de campo.a conciencia. —Remata Ingrid otra de mis bellas mientras me pellizca los carrillos.
Las risotadas alegres invaden la estancia.. De la cocina veo salir a mi Magnolia con una bandeja de buñuelos. Después de todo no me voy a quedar sin degustar mis dulces preferidos. .Sienna toma una servilleta y me la ata alrededor del cuello. Noto que me acaricia el cuello así como al descuido. Carraspeo. No veo a mi amada pero intuyo su presencia en algún rincón de la estancia.
Entre mi Magnolia y mi Eva me alimentan con ternura con los buñuelos de la bandeja..
—¡Amigochas, digámosle a nuestro Oliverio lo que más nos gusta de los hombres! —Grita apoyada contra la chimenea mi niña Ara… ¡Comienza tú Elvia!
—Que sea ATREVIDO (que vaya a to’a sin miedo). Que tenga detalles (fechas importantes)Que no se acobarde ante nada (de que los hay, los hay uufff) Que me trate como a una REINA ( en todo momento, no solo en chaka,chaka,) Que sea fiel y lo haga a todas horas (mañana, tarde, noche, madrugada) con mucha energía,
Todas ríen y aplauden los gustos de Elvia. Yo sin embargo solo puedo concentrarme en un leve aroma a un perfume familiar que me eriza los pelos de la nuca.
—¡Voyyyy me toca!—Es el turno de Ingrid.
—¡Mmmmghmxc!.—Imposible hablar. Abro la boca únicamente para que me ceben con más buñuelos.
—Me gusta que me respete. Que tolere a mis hijos ¡Que sepa mover el bote en la cama!
—Eso es muy imporxjpñjdfj.. —Una copa de champán se acerca a mi boca. Bizqueo al ver aproximarse la ola del líquido espumoso, dorado, chispeante; trago boqueando como un pez, ¿Me ha parecido ver un reflejo de unos cristales espejados con el rabillo del ojo?
—Yo quiero que me trate bien, que me lleve a la ópera. —Añade Sienna mientras me limpia con la servilleta las comisuras de la boca.
—A mi me encanta que un hombre saque lo mejor de mí y de sí mismo —Responde Eva dirigiendo un buñuelo en pleno vuelo directo a mí.
—Que sea original, que sea sensible…—Asiento despacio. En medio de tanto alboroto he descubierto la causa del latir errático de mi corazón. Ahí está por fin, regia, llenando con su sola presencia la estancia. Siento que muero al verme reflejado en sus cristales espejados..
—Buenas noches. Creo que falta mi opinión. ¿No os parece? —Mira de una en una a todas las presentes. Está claro quién maneja el cotarro. Quién es la dueña de mi corazón. Quién…
—No me gustan los hombres con halitosis. —Instintivamente me llevo la mano a la boca y echo el aliento junto con unas pocas de migas en la palma. Necesito que me llegue el aroma cuanto antes a las fosas nasales. No, solo me huele a buñuelos.
—No me gustan los impotentes. —Una sonrisa lobuna se dibuja en mi cara. Sabes mi bella que has errado el tiro esta vez, ¿verdad?
—No me gustan los tacaños. —Se oyen risas descontroladas de mis queridas amigas. Esta vez soy yo el que toma la copa de champán y bebe un buen trago.¿ Cuántas ignominias tendré que escuchar de su boca, hasta que se rinda a mis pies?
—Ni los perros —Añade señalándome con el dedo.
—Querrás decir los vagos —Contesto medio atragantado.
—He querido decir PERROS. —Responde tajante
—No me gusta la barba de Oliverio Morfidal. —Termina su monólogo. Se gira con aire triunfante y un golpe de melena. Con pasos decididos abandona el salón.
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Me levanto de un salto. La alcanzo cuando va a salir por la puerta..Arrinconada contra la pared, le quito con delicadeza las gafas. Tomo una mano suya entre las mías y hago que me acaricie la cara recién afeitada. Sus dedos tiemblan ligeramente. No puedo evitarlo. Necesito sentir su boca o moriré de necesidad. Sé que lo desea tanto como yo. Así que bajo mi cabeza y me aproximo lentamente al objetivo. Tendrá que ser …Ahora o ¿Nunca?
Continuará…. 4ca22a981e155923f9e7eb96bba22233

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Noche de horror

Queridas amigas, como seguro que tenéis alguna fiesta de JaloHorror, reaparezco para daros algunos consejitos con los que seréis las reinas de la fiesta, sin gastar ni un solo céntimo. ¿Cómo? Tirando de nuestros maravillosos fondos de armario, de todas esas prendas que aún están sin estrenar y que compramos en una de esas tardes locas, de frenéticas compras compulsivas, en rebajas, outlets y saldilllos. Confiad en mí. Es muy sencillo. Solo se trata de ser la más mamarracha… ¿Véis que monas estas criaturas?

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A ver, mis amores… ¿Quién no tiene una camisa blanca horrorosa en casa? Una camisa que  compraste en rebajas de tres tallas más, de cuellos imposibles y mangas gigantescas, como esta que me compré en un outlet de extrarradio en un día que iba sobrada de entusiasmo y creí hallar en este pingo miles de posibilidades…

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¿Y quién no tiene una falda negra de volantes de largo por la rodilla comprada porque pensabas que era estilosa y chic y que jamás has estrenado porque una vez puesta te da el aspecto de doña Remigia, la mejor amiga de tu abuela? Pues eso, tranquilas, si estáis entre amigas, a todas nos ha pasado alguna vez…

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Y en los pies, os plantáis las sneakers que se compró vuestro churri rebajadas al 70% del 45 y que todavía no ha estrenado porque se ve un poco Frankestein…

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¿A que son ideales? Vamos, chicas, rebuscad en el armario de vuestras parejas  porque seguro que encontráis un horror similar… Y para rematar nuestro oufit, no tenéis más que ir a la cocina y echaros encima el bote de ketchup. Aquí os dejo mi favorito…

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De miedo ¿a que sí? Pues hala a disfrutaaaaaaaaaaaaaaaaaar y no olvidéis mandarme fotitos.

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Ser infiel mola (y más si es con CH)

Anoche la Reina Letizia fue infiel a Felipe Varela en la cena de gala ofrecida en Zarzuela a Michele Bachelet. Apareció así de espectacular con un vestido negro de Carolina Herrera, de encajes, tul y organza de seda, maquillaje de impresión y la tiara floral de Patrimonio Nacional.

¿No creéis que de vez en cuando está muy bien ser infiel?

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REYES OFRECEN CENA DE GALA A PRESIDENTA CHILENA

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REYES OFRECEN CENA DE GALA A PRESIDENTA CHILENA

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A Toledo De Ida Y Vuelta

La vida de un autónomo hoy día es un auténtico deambular por la cuerda floja. Siempre haciendo cálculos y sin que nunca salgan como uno espera. Por eso cuando comienza julio y sin esperarlo cobras dos facturas que ya dabas por perdidas te sientes el rey del mambo. Y aunque las cuentas sigan sin cuadrar tú andas por las aceras hinchando el pecho, con el paso seguro y la mano ligera a la hora de pagar las cañas.
Es algo que se huele. Porque después de casi tres meses de vacas flacas (ahorrando de dónde no hay para el largo y cálido verano) ha sido poner un pie en la calle y salirme amigos por todas partes. No me puedo quejar. No os toméis mis frases como una queja hacia ellos, porque ciertamente muchos me han ayudado en más de una ocasión y me han dado asilo sin preguntarme el tiempo. A lo que me refiero cuando hablo de que se huele es a la libertad de poder hacer cosas que habrías pensado hasta tres y cuatro veces antes de hacerlas en días pasados. Porque sentir la cartera pesada en el bolsillo es mejor que el sol de agosto sentado en la playa, sonará banal y todo lo que queráis pero es una verdad como un templo.
La temporada de festivales no da tregua. A veces con la escusa del trabajo y otras, para que negarlo, por puro placer había perdido ya dos kilos desde que comenzara. Recién llegado del FIB, cuatro días de playa y conciertos sin parar. Después de un viernes apoteósico, un sábado de no parar y el domingo tuvo un cierre de edición algo descafeinado, y aunque mi cuerpo pedía a gritos un poco de calma el soul folk del escocés con nombre italiano no consiguió engancharme pese a la recua de músicos que traía consigo el chico. Esa misma crónica acababa de terminar y ahora era un hombre libre, por unos días.
Con la idea de descansar un poco de muchedumbre antes del inminente Arenal Sound había planeado pasar el fin de semana sin salir de Madrid. Es una ciudad que gana puntos con el calor. Las aglomeraciones se disuelven y las tardes se dejan marchar desde las terrazas que hacen de Madrid un oasis nocturno. En esas estaba, de risas, agarrado a mi vaso, esperando la noche, con un grupo cada vez más nutrido de amigos con ganas de ponerse al día de cualquier cosas menos de sus vidas.
Aún sin anochecer, estaba con la segunda copa en la mano y tirado de medio lado (porque no hay otra forma de sentarse recogiendo las piernas cuando uno mide metro ochenta en esos sillones-butacones que se llevan ahora) cuando empezó a sonar mi móvil y tuve que mirar dos veces para creerme quién llamaba. Aún ver su nombre escrito en la pantalla hace que me enderece y trate de adoptar una compostura que, para que vamos a engañarnos, no es real en absoluto. Una ex, por muy ex que sea, siempre tiene poder sobre una parte de uno mismo y Raquel siempre había sido para mi el recuerdo constante de mi falta de implicación, el deseo momentáneo de ser lo que se espera de mí. Algo que rara vez coincide con lo que soy realmente.
Raquel es la persona que mejor me ha conocido, y a la que no he podido engañar ni cuando cubría con silencios lo que no le he podido rebatir jamás; que yo no era el hombre que encajaba en su plan de vida, que jamás podría construir un hogar conmigo y que tratar de negarlo sólo conseguiría alargar el momento del fin. Por eso, aquellas Navidades en las que me instó a llevarme algo más que mis maletas en mi visita a la familia descubrí que no tenía sentido darle más vueltas. Lo nuestro, como ella misma decía, era la crónica de una ruptura anunciada, “un día me iré, Ruso, y tendré que llamarte para que te des cuenta de que ya no tienes que comprar leche desnatada cuando traes tus cervezas.” y bueno, como ya sabéis no se fue. Me largó a mí. Con cariño, con buenas maneras, educada como ella sólo sabe ser mientras que te da boleto. Que te vas al final con ganas hasta de pedir disculpas, pero al fin y al cabo te vas, que es lo que ella quería.
Me aparté un poco para poder hablar tranquilo, Hola, Raquel. Un pequeño silencio al otro lado me puso sobre aviso. Ruso, dijo con voz suave al fin y de nuevo el silencio. Vale, a estas alturas ya estaba preocupado. Ni cumpleaños, ni navidades, ni ninguna fecha en la que solemos hacernos la rutinaria llamada, algo pasaba.
—¿Estás ocupado?, ¿ te pillo en mal momento? Necesitaba hablar contigo. No quisiera molestar pero es que… necesito un favor.. — Colgué el teléfono y me acerqué a la mesa.
—Gentuza, dejo pagada esta ronda. Tengo que irme.
Y me marché después de alguna que otra queja, de que me soltasen que me vendo más caro que el oro y de que conmigo solo dos tetas pueden más que diez amigos. “Si el Ruso no acude a la llamada de una chica, es que se ha parado el mundo y hemos salido volando por la atmósfera.” No les saqué de su error, claro. Prefería tragarme esos chascarrillos a tener que contarles que mi ex me llamaba en busca de auxilio. Ya sabéis, ciertas cosas no le interesan a nadie, por muy amigos que fueran.
Y ahí estaba. Conduciendo camino de Toledo, contemplando a mi derecha un atardecer anaranjado típico de verano teniendo ante mí una de las situaciones más raras de mi vida. El perfil de Toledo siempre es un espectáculo, pero más aún si la noche es despejada y la ciudad se ha vestido de fiesta iluminando con pericia sus monumentos principales. Porque adoro Madrid, sus palacios, sus jardines, su ritmo, sus gentes y su diversidad con lo bueno y lo malo que conlleva pero el encanto del mágico Toledo no se puede negar. Toledo, no es de nadie. Bueno, es de todos… o como mucho, si tiene que ser de alguien, de día es de los japoneses y de los autobuses de excursionistas, que ahí andan con 40 grados a la sombra o con las heladas de enero; en el McDonalds o en el Parador… Toledo lo conozco razonablemente bien, al menos lo suficiente como para saber que es casi imposible subir al casco e intentar aparcar así que tiré directo al parking. Siempre que visito Toledo aparco abajo. Abajo es cualquier sitio desde la puerta de Bisagra hacia fuera, siempre y cuando no sea en Santa Bárbara o en el Polígono, que tienen estatus propio.
Cuando llegué ya era de noche, pero el calor todavía hacía estragos por lo que las terrazas estaban a rebosar. Busqué el sitio en el que había quedado con Raquel, y no me hizo falta rodear le mesa de la terraza para saber que la dueña de ese vestido blanco era ella. No viene al caso, pero nadie ha llevado nunca los vestidos veraniegos como ella… Después de un segundo de duda, me planté delante de ella y no se me ocurrió otra cosa que decirle más que
—Tachán. —Dioses, ¿por qué me convierto en un idiota siempre que tengo que hablar con Raquel?.
Ella se levantó, se me quedó mirando un instante como sopesando las diferentes opciones de saludo y al final me abrazó metiendo su cabeza en mi pecho mientras musitaba:
—Gracias, Ruso.
Nos saludamos, nos preguntamos por nuestros trabajos, se preocupó por mi delgadez, la felicité por su buen aspecto, pedimos bebidas, jugueteó con los cacahuetes… hasta que al final me miró muy seria, tan seria que temí que fuera a dejarme (seré idiota) y al final dijo: estoy embarazada.
Después del pánico inicial, y tras repasar a la velocidad de la luz los años que hacíamos separados, el aire salió de mis pulmones y pude por fin decir: felicidades. Lo que no esperaba es que Raquel se pusiera a llorar.
—¿Qué crees que hago en Toledo?
—No sé. —dije yo. —Siempre te gustó Toledo. Te gustaba pasear de noche, tapear… ya está, has venido a ver la exposición del centenario del Greco.
—Déjate de historias. Estoy en el Hotel Carlos V, en el puto centro de Toledo, con la azotea más bonita y romántica de la ciudad, con vistas al Alcázar y a la catedral… ¿sigo?
—¿Y te has venido tú sola?.
—Yo, a estas alturas ya sabía que algo había salido mal, pero me hice el tonto, aunque me caló rápido.
—No te hagas el tonto que no te pega.. Me conoces y sabes que no dejo nada a la improvisación. Aunque este embarazo no era buscado la verdad es que me hace ilusión, creo que es buen momento, la verdad . Quería dar una sorpresa a Fran, me inventé la misma excusa que tú: el Greco; reservé el hotel, me aseguré de que la habitación tuviera buenas vistas y jacuzzi, Moet Chandon en la habitación, y una cena romántica en la terraza. Todo iba según lo previsto hasta que después de estar pateando Toledo todo el día nos duchamos y arreglamos para subir a cenar. Lo estuve pensando mucho porque ¿cómo le dices a tu novio a que estás embarazada? Yo estaba muerta de hambre, así que se lo dije al final de la cena: “cariño, estoy embarazada. Vamos a tener un hijo”. Lo único que salió de su boca fue: “¡joder! Acompañada de una cara de susto que ni te imaginas. Ni una caricia, ni un abrazo, nada. Y no sé Ruso… se me fue la pinza al ver que no reaccionaba y le mandé a la mierda con cajas destempladas…
A esas alturas del relato yo estaba llorando de la risa y me gané un buen manotazo. Raquel, la reina de la mano izquierda, fuera de sus casillas por la cara de bobo del pobre Fran. Jajajajaja volví a reír como un loco. A Raquel solo conseguían descolocarla de esa manera su madre y Fran. Por eso supe desde el principio que eran tan para cual.
—No te rías Ruso, que me dejó allí como una estúpida y sin poder darme a la bebida.
—Pero vamos a ver, mujer ¿qué esperabas que hiciera si le dijiste que se fuera con su madre que no le querías ni ver?
—¡Pues que no se fuera, como mínimo! Es un estúpido. Un patán. Un…¿Qué clase de hombre se va cuando le dices que se vaya? Defintivamente es un mamarracho.
—Pobre hombre acojonado. No te enfades pequeña, que frunces el ceño y pareces una monita.
—Me gané otro manotazo, pero sonrió.
—Pero es que se ha ido dejándome tirada en Toledo.
Así que para eso estaba yo aquí. Porque Raquel había mandado a su novio a freír espárragos sin darse cuenta de que no estaban ni su casa, ni en su ciudad y no tenía ganas de explicárselo a ninguno de sus hermanos. Y se negaba a llamarle. No hubo forma de hacerla entrar en razón.

Ya más calmada paseó conmigo hasta el hotel. Por la noche Toledo se cambia de piel y se vuelve una ciudad distinta. El casco se vacía de excursionistas y los vecinos toman las calles y las plazas. Multitud de terrazas ayudan a olvidar los calores del día y el encanto de sus edificios se potencia aún más. Paseando por las callejuelas de noche se pueden escuchar ecos de otras épocas, los colores brillan, masas de luces y sombras bailan sobre las piedras evocadoras y los problemas por un rato quedan suspendidos.

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Todo o nada Raine Miller por Porfirio Discount.

Sinopsis: Ethan Blackstone tiene un serio problema. Acaba de romper la confianza de Brynne y ella lo ha dejado. Sin embargo, no está dispuesto a darse por vencido, no va a rendirse; hará todo lo que pueda para recuperar a su preciosa chica americana. La pasión entre ellos es abrasadora pero los secretos que se esconden el uno al otro son muy dolorosos y lo suficientemente serios como para acabar con la posibilidad de una vida juntos.

Además, debido a las amenazas políticas que ahora caen sobre Brynne, Ethan tiene poco tiempo para reaccionar y ha de reunir toda su fuerza y habilidad para protegerla de los peligros que pueden apartarla de su lado para siempre. ¿Será capaz Ethan de liberar a Brynne de un pasado que la sigue atemorizando? ¿Volverá a sentir el calor de su piel, a recuperar su confianza de nuevo? Esta es la historia de un hombre enamorado que hará cualquier cosa para poseer el corazón de la mujer que ama. Y que llegará hasta donde sea para protegerla.
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No es habitual en mí subir por la Cuesta de Sto Domingo los sábados a las siete de la tarde en busca de Porfi. Solía tomarme un café con él en su chamarilería todas las mañanas cuando salía de los clubs de alterne de la zona, en los que trabajaba. Pero el destino me sonrió y cambié de profesión. Gracias a un cliente ahora soy modelo de fotografía, pero eso ya lo sabéis…
—¡Fueraaaaaaaa de mi tiendaaaaaa! —Grita Porfirio amenazando con una plancha de hierro en su mano derecha a un grupo de mujeres que le tienen rodeado en la puerta de la chamarilería.
—¡No les doy ni un maldito libro para reciclar! ¡Reciclen el papel del váter de su casa, o mejor sus cerebrooooss retrógrados! —Tiene la cara como la grana, congestionada , ¡Ay Dios mío! Echo a correr sin pensar en más salvando en pocos segundos la distancia que me separa del conflicto.
—Contrólese hombre, solo queremos esos libritos eróticos que no mira nadie, y que están acumulando polvo al lado de los radio-cassettes. —Habla una con cara de santa caída del cielo a escobazos y una mano sobre la otra tapándose el pubis; tiene pinta de ser la líder del grupo, ¡Qué peligro madre mía!
—¡He dicho que no! ¡Sobre mi cadáver! ¡Tía petarda!¡Santurrona! —Cada insulto se acompaña de un salivazo de regalo que escapa de los labios de Porfirio. ¡Nunca lo había visto así!
—¡Pero a usted que más le da! Si eso no lo lee nadie. ¿No ve que va contra natura? —Las otras mujeres que la acompañan asienten de forma inmediata a lo que va soltando por la boca la santurrona.Hombre_gritando
—¿Qué pasa aquí, Porfirio? —La fatiga por el sprint no me impide hablar con fuerza y claridad. Me abro paso entre las urracas que rodean con aviesas intenciones a mi amigo.
—¡Aléjate Teté de estas mojigatas! ¡Son las nuevas Torquemadas!.
—¡Tranquilo Porfirio! —Intento calmar a las locas que se abalanzan sobre mi amigo, a la vez que coloco mi cuerpo a modo de muro de contención.
—A ver usted la de las manos tapándose el coñ..pubis entre en la tienda con nosotros, y las demás ¡Fueraaaaaaaa!
—Señorita, tranquila., un poco de respeto, que nosotras somos de una ONG para reciclar….
—¡Adentrooo! —Grito enérgicamente. Entra sin rechistar, seguida de un Porfirio temblón y sudoroso. Echo el pestillo de seguridad de la puerta aunque no sé cuánto tiempo podré detener a las que se han quedado fuera.
Libros tirados por el suelo, trocitos de cristal de platos rotos y esparcidos por doquier, crucifijos entremezclados con tocadiscos del año de Maricastaña…
—¿Y esto? —Pregunto con un cabreo del quince
—“Esto” han sido las señoras estas que en nombre de no sé qué pamplinas de ONG me querían hacer creer que mis libros, solo sirven para ser reciclados.
—Vamos a sentarnos y a aclarar las cosas. —Acerqué tres sillas de plástico de jardín que había apiladas en un rincón.
—Yo no me voy a sentar ahí, están llenas de roña—Suelta la recatada con cara de asco, arrugando la nariz
—Señora, ¡No me ponga más nervioso de lo que estoy! —Vuelve a levantarse Porfirio con perversas intenciones. La puerta de la calle tiembla producto de los empujones de las que se quedaron fuera al ver que Porfirio levanta el puño con la plancha de hierro.
—Cálmate, Porfi. Comencemos por el principio, como seres civilizados. —Nos sentamos los tres, ella en el borde de la silla haciendo ruiditos de desaprobación y disgusto.
—Estaba terminando de leer Todo o nada de Raine Miller, cuando esta panda de de de…
—Señorita, nosotras somos un colectivo ecologista sin ánimo de lucro que…493eac43cdsuegra
—Pero, ¿No decías que no ibas a volver a leer nada de esta escritora? —Sonrío. ¡Qué valiente es mi amigo!
—Sí, bueno pero tú ya me conoces, tampoco puedo rechazar el reto que me supuso averiguar la amenaza…
—¡Esto es una falta de educación muy grande! ¡Me ignoran!
—¡Amenaaaazzaaa que pendía sobre la cabeza de la pobrecita Brynne !—Eleva la voz unos cuantos decibelios para taparle la boca a doña Recatada.
—A ver señora, ¿Me dice su nombre para poder dirigirme a usted? —Pregunto con calma.
—Agustina Ríoseco. —Eleva una ceja desafiante. No, no voy a hacer chistes con su apellido, pero me lo pone muy difícil la verdad sea dicha. Porfirio se está mordiendo los carrillos por dentro, lo noto, le lanzo una mirada de advertencia, para que se aguante de emitir comentarios al respecto…
—Dejemos a mi amigo que continúe con el relato y así podremos contemporizar señora Ríoseco.
—Sabes que cuando estuvimos en la playa, leí la primera parte, Desnuda. No aclaraba los motivos por los que la protagonista estaba siendo amenazada de muerte. El padre de la chica había contratado a Ethan Blackstone, dueño de una agencia de seguridad. para protegerla.
—Sí, sí. Lo recuerdo perfectamente. Continúa por favor.
—No sé para qué quiere que continúe, ya me lo imagino…—Suelta la Ríoseco.
—Sigue, ¡te lo suplico! —Bufé. Estaba claro que no nos iba a dejar hilar más de una frase seguida la muy estirada.
—Bueno pues aquí nos lo aclara. Pero quiso ser tan dramática que no consiguió emocionarme ni un pelo.
—Pero, ¿por qué?
—Porque inventa una historia trágica: El senador Oakley de los EE.UU, que ahora se presenta a las elecciones para presidente, tiene un hijo que hace años salió con Brynne. Siendo ella todavía menor, la violó junto con otros amigos sobre una mesa de billar…
—¡Qué horrorrr de libro! ¿Dónde lo tiene?
—Y, ¿para qué lo quiere saber señora? —Le ladra Porfirio
—Por favor un poco de calma. —Intercedo como puedo
—Esa escena según la estaba leyendo me recordaba a la película “Acusados” solo que a Jodie Foster la violaban sobre una máquina del millón. AcusadosDVDRipDualbyjose1969exploradoresp2pcomavi_snapshot_012353_20131016_050919

Y es que la escritora lo describe tan zafiamente que no logra conseguir el efecto deseado. O sea empatizar con la pobrecita Brynne. El senador no quiere que salga aireado en prensa el terrible comportamiento de su hijo, con lo cual lo empaqueta y lo envía a la guerra de Irak.
—Pero vamos a ver, ¿ Los padres de la protagonista no lo denunciaron, Porfirio?
—No, para nada; la madre cree que su hija es una zorra y que ensuciaría el nombre de la familia si llegara a saberse y el padre prefiere no airear el asunto tratándose del hijo de quién se trata. Se queda embarazada para terminar de rematar el culebrón. Y encima no sabe si abortar o no, con lo cual intenta suicidarse. Todo muy incongruente.
—¿Ve cómo mi ONG tiene razón de ser? Además hacemos un favor al medio ambiente retirando productos nocivos para la moral y las buenas costumbres. —Añade la riosecana con aire de suficiencia
—¡Deje de adoctrinar por Diossss!
—Cálmate y sigue. —No sé cómo va a terminar la contienda, empiezo a sudar de lo lindo…
—Veamos, en la última escena del primer libro, Brynne sale huyendo por sentirse engañada por el protagonista, al no saber los motivos por los cuales la está protegiendo. El padre no quería que lo supiera y cuando contrató los servicios de Blackstone así se lo hizo saber.
—El problema surge porque se hizo un video de la violación y se distribuyó por internet, la gente que ha tenido acceso a ese video está muriendo en extrañas circunstancias, así pues la protagonista vuelve a los brazos seguros y musculosos de Blackstone…
—Joder Porfi qué aburrimiento de libro
—No te lo puedes ni imaginar. Porque ahora viene lo peor. Y lo peor es que el protagonista nos narra en primera persona, el retorno a los brazos de su amada. Cuando se la lleva a la cama por primera vez en este libro, se apunta mentalmente agradecer a la señora que le limpia la casa haber cambiado las sábanas con restos de semen de la última paja que se hizo pensando en Brynne.tracyemin11
—¡Aaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyy qué asco por Diossss! — Agustina se levanta de la silla como impulsada por un resorte, con los pelos tiesos.
—Pues sí pobre mujer, tener que limpiar las miasmas del prota…—Concedo a la mojigata.
—Es que no entiendo tanto detalle escabroso y de mal gusto en estas novelas. ¿Dónde quedaron esos suspiros tras dos horas mirando a los ojos del amado? ¿Dónde? —La histeria la domina y tiembla como una hoja.
—¿Eingg? —Nos miramos Porfi y yo con cara de incredulidad.
—El protagonista nos recalca hasta la saciedad que existe tal química entre ellos dos mientras viven, comen y follan juntos, que aburre a los muertos; cuando a nuestra protagonista le baja la regla, él se toma la molestia de llamarla “La Maldición”, pero querida mojigata y Teté, no os preocupéis que nuestra Brynne toma la píldora y esa maldición gitana que toda mujer posee una vez cada veintiocho días y al menos tres días en ese período , a ella le dura apenas un par de horas y puede follar como una coneja sin la molestia de los fluídos menstruales.
—¡Bastaaaaa! No puedo soportarlo. —Se tapa los oídos con las manos mientras se desgañita y canta canciones de patio de colegio.
—Los celos y la idea de posesión le persiguen al protagonista en cada escena del libro, de tal manera que podemos leer pensamientos del estilo “Este coñito tan dulce me pertenece a mí cuando lo lleno con mi polla y me corro dentro”. Las diferencias de opinión y de criterio de los personajes se resuelven con un pensamiento por parte de Ethan tal que así ” Qué falta le hacía un buen polvo para hacerla callar…” Te azotaré contra el lavabo”
—¡Cállese por Diosssss! —Se desgañita Agustina. —Miren nosotras hemos venido recogiendo libros de estas características que dañan la imagen de la mujer actual que no necesita leer estas guarrindogadas. Es totalmente innecesario.rottenmeier-von-heidi
—Bueno ya está bien señoraaaaa, a ver ¿por qué no va a ser necesario? —De nuevo se le está empezando a calentar la boca a Porfi…
—Porque no nos merecemos salir retratadas de esta forma sumisas, estúpidas y maltratadas.
—Mira Agustina, el problema está en que fundamentalmente estos libros son malos per se. —Pestañeo con cara de inocente.
—Malos de solemnidad además. —Añade Porfirio
—Y ustedes pretenden apagar fuegos de cocina con agua, no sé si me entiende. —Señalo con mi dedo índice a las de la puerta, que empiezan a gritar de nuevo como posesas.
—Entiendo que vivimos una época en que todo vale y hay que imponer unas normas, leyes que protejan a nuestro género de tales aberraciones.
—¿Y cómo se supone que lo vas a conseguir, Ríoseco? —Pregunta con sorna mi amigo. —¿Entrando en mi tienda con una panda de locas y destrozándome lo que encontráis a vuestro paso?
—En esta tienda y en todas las que podamos y denunciando si es preciso. —Asegura con la cara como un tomate.
—¿Denunciando el qué? ¿Libros de ficción? No me haga reír. — Me levanto de la silla yo también. Esto es ridículo.
—Podría yo también denunciarte por haber entrado así en mi tienda como una vándala con sus secuaces. Es más, ¿dónde anda el teléfono que ahora mismo voy a llamar…? — No termina la frase. Rebusca entre los papeles, vidrios y demás restos de utensilios esparcidos por el suelo..
—¡Quieto Porfi! ¡Déjalo! Esta señora no va a molestarte más, porque me voy a encargar yo de pasarle unos estudios realizados en mujeres adultas, sobre sus fantasías, sus gustos y sus apetencias sexuales más secretas.Fantasías-tarro
—¡No gracias! ¡No me hacen falta!
—Estaría mejor que te dedicaras a mirar un poco más hacia arriba. —Apunta con el dedo pulgar hacia el techo mi amigo. —Igual te manipulan haciéndote creer esto que defiendes y no es más que una guerra de ventas y markéting, ¿No te has parado a pensar un poco en ello? —La sonrisa que luce Porfi, es verdaderamente diabólica.
—Te aseguro que estos libros tan mediocres no merecen la energía que os gastáis. Eso sí podéis vociferarlo a los cuatro vientos que están mal escritos, que son horribles copias, de copias, de copias del absurdo Grey. Solo tienen ese valor Agustina, créeme.
—Me voy no quiero oír más sandeces.
—¿Cómo decías que se llamaba tu ONG?
Acelera el paso hacia la puerta. Tanta dignidad nos provoca la carcajada. El portazo que arrea es de campeonato.
—Por cierto, Porfi ¿Cómo termina el libro? No lo contaste al final.
—No pude acabarlo.¡ Qué malo por Dios!
Comenzamos a recoger trastos y a limpiar la tienda. Merecía la pena mucho más que pensar en el altercado ocurrido con las salvadoras del género femenino.
Continuará…

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