Novia a la fuga. Susan Elisabeth Phillips

Eran las nueve  de la mañana y como siempre me dirigía a la tienda de mi amigo Porfirio a relajarme con una buena charla totalmente intrascendente, acompañada de un buen cafetito bautizado con una chispita de orujo para entonarnos. Bajaba silbando por la cuesta de Sto. Domingo sentido Plaza de España la última de Alejandro Fernández, “Procuro olvidarte”, cuando de repente observé en “la lontananza” a mi Porfi salir de la tienda con un crucifijo en ristre a toda velocidad y pararse en el borde de la acera… y como si fuera una centella, entrar de nuevo en su chiscón, agitando la cruz a modo de estandarte, gritando como un descosido palabras indescifrables que no llegaron a mis lindos oiditos dado que me encontraba todavía a unos cincuenta metros de la chamarilería…

Cuando entré en la tienda hallé al pobre hombre tirado en una silla, con la cara blanca como un folio y la respiración agitada…

—¡Qué te pasa por Dios no me asustes!

—No me hables Teté. Creo que tengo ratas en la tienda…

—¿Y por eso abandonas el local como un  poseso empuñando un crucifijo como si fuera una navaja de Albacete? ¿Qué tal si llamas a una empresa de desratización?  —Dejé apoyado el bolso y los cafés en un huequito que quedaba libre en el mostrador, entre platos de Duralex, palillos chinos y discos de Falete.

—¡Ay qué rica! Si fuera tan sencillo como eso que me cuentas… Ven siéntate a mi lado que te voy a comentar la jugada más relajadamente. Acércate esa silla y perdona que no lo haga yo querida, pero tengo que recuperar el resuello. —No tardé ni un segundo en cumplir con aquel deseo. La curiosidad me estaba matando.

—Verás —empezó a narrarme en tono confidencial, arrimando  su boca a mi oreja— resulta que estaba leyendo esa novela que dijimos de esta mujer que ahora no me viene el nombre a la cabeza… ¡como se llame! —añadió en tono desdeñoso—. El caso es que cada vez que comento algo en voz alta oigo un ruido muy extraño en ese rincón de ahí —señaló con el crucifijo a modo de puntero. Mis ojos volaron al sitio indicado, y acto seguido hice ademán de levantarme.

Nooo.

Nooo, ¿qué?

—Observa primero—. Y alzando las cejas un par de veces a modo de seña de dúplex, como si estuviera jugando al mus, comenzó su relato:

—Ponte en situación querida, imagina a una novia a punto de casarse que le da el pronto y deja plantados a los invitados y al novio justo cinco minutos antes de que comience la ceremonia. Sale corriendo por la puerta de atrás, deshaciéndose del vestido y cogiendo una túnica de color azul del coro de góspel, que se endosa para disimular que es la hija de la que fue presidenta de los EEUU..

Mmm me suena a la peli aquella de Julia Roberts —añadí prácticamente en susurros mientras seguía hipnotizada observando aquel rincón misterioso

Shhhh. ¡No me interrumpas!Tras correr yo qué sé cuánto tiempo huyendo de periodistas y curiosos, aparece de “la nada” un motero que se la lleva prácticamente en volandas de allí. Y a partir de ahora, la protagonista llamada Lucy, pero solo por un ratito, andará por esos pueblos perdidos de la mano de Dios, disfrazada de cantante de góspel con casco de motera durante más de cincuenta páginas acompañada por un hombre apodado Panda, que es muy guapo por otra parte pero que, según la autora, tiene la nariz roma de punta cuadrada…… “ññiñiñiññiñiññiñi”.

—¡¡¡¡Qué ha sido esooooooo!!!! Grité histérica perdida.

—La rata. ¡¡¡¡ Érase un hombre pegado a una nariz tan cuadrada como superlativaaaaa!!!!

— “Ñiñiñimentirañiñiñiñ” —Porfirio me puso una mano en el hombro tratando de tranquilizarme,  mientras que con la que sostenía el crucifijo que no había soltado ni aunque lo sometieran a tortura, apuntaba ahora más sereno a la pared del fondo adornada con un póster de Cassius Clay. Continuó con la historia como si no hubiera ocurrido nada…

AMORFUPORFIRIO

—Lucy, que de niña había tenido una vida de perros, pero que había sido adoptada por tan ilustre mujer, había huido nada menos que con un tipo que eructaba, bebía como un borrachuzo y  que comía con la boca abierta, pero solo por un ratito… porque según vas pasando las páginas de este novelón, vas descubriendo mi querida amiga, que nada es lo que parece…que la remilgada y dulce protagonista que no practicaba apenas sexo con su maravilloso novio, porque tenía miedo de que sus gemidos fueran fuertes, sus movimientos torpes, sus caricias indecisas en las zonas inadecuadas, su aliento fuera apestoso o que se le escapara un pedo en pleno coito… Se siente atraída por este tío aparentemente zafio que la abandona por el camino, y por lo tanto decide emularle y llevárselo al huerto, ha decidido que los eructos  son mejores que la erudición, así que a partir de ahora comenzará una nueva vida, en la vieja casa de él, que por supuesto allanará y modificará a su antojo y para que haga juego con el nuevo hogar, modificará su indumentaria de señorita ONG , por unas faldas de tul complementadas con unas botas militares, camisetas guarras, piercings y tatuajes falsos, así como rastas de distintos colores según le plazca…todo esto aliñado con un buen apodo: “Víbora” y pagado por supuesto con las tarjetitas de crédito de mami la expresi.

—Ñiiñuñubiennñiñihiiiiiiiiiiiiii. —De nuevo aquel ruido mitad humano mitad “Black&Decker” invadía el local… En un tono totalmente confidencial como si estuviéramos en un  confesionario añadió: Ahora verás cómo cambian las revoluciones de la onomatopeya, en cuanto que meta caña a los protagonistas…

—La tal Víbora, que no es otra que una mujer de 31 años cronológicos pero 14 mentales, posee un listado escrito en un papel (adornado con dibujitos de hello kitty ) con unos cuantos deseos que ha de cumplir a riesgo de perder la vida, a saber: Fugarse de casa, Dormir por ahí, decir palabrotas, emborracharse en público, gastar una broma ¿?¿?¿?¿?…

—Espera un momento Porfirio ¡Para el carroooo! ¿No había por ahí una novela de una noble borderline que también tenía una lista…?

—Sí, Teté. Esto huele a chamusquina, porque los deseos que necesitan cumplir a toda costa tanto la contemporánea como la cansina histórica aquella, son de lo más peregrino… Centrémonos en esta y dejemos a aquella que ya no tiene remedio… Figúrate una mujer hecha y derecha llamando por teléfono a un número desconocido comunicándoles que les va a dejar a la puerta de su casa 50 kilos de estiércol….”ñiñiñiñjiijijiñiñiñi”.

—Veo que a la rata le hace mucha gracia. —solté algo más relajada.

—No tanta como cuando escuche el siguiente objetivo que nos propone.

—No me lo cuentes, ¡bañarse en las playas de Fukushima!

—Casi aciertas pero no, es algo más trepidante, como irse a la cama sin desmaquillarse después de haber trasnochado. —Se me desencajaron las mandíbulas, no daba crédito a tanta estupidez supina junta.

—Esta Lisbeth Salander de cuarta regional, que quiere beneficiarse al protagonista, que no es otro que su guardaespaldas contratado por su excelsa madre, con un grado universitario y amante de la ópera, militar, policía, guardaespaldas, entrenador de famosas de la televisión…

—¿¡Pero no era un cerdo ignorante?!- Salté muerta de la risa. —Los gruñidos que provenían de detrás del poste del boxeador me hacían elevar el tono de voz a unos decibelios peligrosos para la salud.

—¿Tú no me escuchas Teté? ¡En esta novela nada es lo que parece! Este pobre que también ha vivido entre ratas, con madre drogata y padre narcotraficante, no puede amar a la víbora de Lucy , está traumatizado por tanto sufrimiento.

—iiiiiiiiñiñiñiññiiiiiiii.

Cállateeeeee ! —Fue el grito de guerra que se escapó de nuestras gargantas al unísono al percibir tanto asentimiento ratonero.

—En resumen y para no aburrirte con tanto despropósito junto causado por las desgracias infantiles de Panda y Víbora, agregaré que la señora escritora, introduce unos cuantos elementos que actúan de cemento compactante para que la pareja termine unida: la vecina traumatizada por un matrimonio nauseabundo, el niño traumatizado por ser un huerfanito, cuya tutora es la vecina traumatizada, la presentadora de un reality show traumatizada por su condición sexual, el vendedor de bienes muebles e inmuebles traumatizado por haber jodido en su juventud a la vecina traumatizada por el matrimonio nauseabundo, la psicóloga amiga de la presentadora de televisión traumatizada porque en su juventud padeció trastornos de alimentación… según sumaba traumas a su perorata, (tanto trauma suena “morboso”, ¿verdad?)  fue  levantándose despacito de la silla para dirigirse al rincón  misterioso, de donde procedían los gruñidos con timbre cada vez más humanoide… Con un movimiento ágil impropio para su edad, arrancó de un solo manotazo el póster y…

—No te lo vas a creer querida. Acércate y “flípalo”.

—Madre mía, Porfirio! ¡Menudo agujero a modo de butrón te ha hecho la “jodía” rata!

Continuará…

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