¿Qué pintan las mujeres en un museo?

¿Qué pintan las mujeres en un museo?

Margarita la Ojiplática

El sábado 8 de marzo, en torno al mediodía, mi móvil vibró, sacándome bruscamente de mi sesión de inventario en la librería y devolviéndome a la realidad. Se trataba de un wasap de mi amiga Elena emplazándome para una de sus inesperadas (pero irrechazables) citas:

“Tienes la tarde libre? Te espero a las cinco en la puerta del Thyssen para celebrar el Día de la Mujer…”.

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Ya tenía la tarde organizada. Sus citas siempre se prolongaban hasta la hora de cierre del museo o el lugar en el que nos encontrásemos. Estaba impaciente por saber qué maravillas me mostraría de un museo que, para mi vergüenza, no conozco demasiado bien a pesar de haber nacido en Madrid.

Poco antes de las cinco estaba entrando en el patio del Palacio de Villahermosa, sede del Museo Thyssen desde 1992. Había bastante público y sospechaba que dentro habría más. Elena emergió de la multitud enarbolando dos entradas de acceso.

—¡Marga! Ya tengo las entradas. Me he adelantado para que no tengamos que esperar la cola.

—¡Qué detalle! Ya sabes que me agobian las multitudes. Dime que dentro no habrá tanta gente…

—No te preocupes… este museo es un oasis, un remanso de paz comparado con otros en los que no se puede dar un paso.

Dejamos los bolsos en el guardarropa y nos dirigimos a la entrada de la colección permanente. Iba a coger un plano cuando Elena me interceptó el brazo a medio camino del mostrador:

—No necesitas el plano. No vamos a ver el museo de manera normal.

—¿Entonces…? –pregunté confundida. No veía sentido a moverme por un museo casi desconocido sin un plano.

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—¿Hoy qué día es?

—El Día Internacional de la Mujer, por supuesto…

—Entonces vamos a ver qué pintan las mujeres en el museo. O más bien, cómo han sido pintadas.

Sin decir una palabra más, subimos en silencio las escaleras hasta la segunda planta, donde se inicia la visita en sentido cronológico con la pintura medieval. Sin ningún tipo de preámbulo entramos en la sala y Elena me dijo:

—¿Qué tal se te dan los porcentajes?

—Si se trata de saber en cuánto se incrementa el precio de los productos de mi tienda con el IVA, soy una experta…

—Entonces, ¿te atreverías a decir qué porcentaje de pinturas realizadas por mujeres hay en este museo y qué porcentaje de pinturas que representan a mujeres hay?

—Pues… a ojo obviamente no sabría decirte. Pero mi sentido común sospecha que hay una gran diferencia entre un porcentaje y otro.

—Así es y así ocurre en este y otros muchos museos. Y a las feministas no se les escapó este hecho para convertirlo en uno de sus principales argumentos. Te voy a enseñar una cosa…

Sacó su móvil y comenzó a buscar algo en internet. A los pocos segundos me acercó la pantalla, donde pude ver una especie de cartel con una mujer desnuda de espaldas con el rostro cubierto por una máscara. La máscara me hizo pensar al momento en el Jeti… o King Kong.

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—¿Tienen que estar las mujeres desnudas para entrar en el Met Museum?— traduje.

—El Museo Metropolitano de Nueva York, exacto. Y mira el subtítulo: “Menos del 3% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero el 83% de los

desnudos son femeninos”.

—Es una reflexión acertada. En cierto modo también pasa con los libros, hay más hombres escribiendo sobre mujeres que mujeres escribiendo. ¿De quién es esto?

—De un grupo de artistas feministas que se formó en Nueva York en 1985. Buscaban llamar la atención sobre la relación entre el arte y la mujer.  De hecho ellas mismas vestían con las máscaras de gorila de este póster…

—¡Vaya! Eso sí es pisar fuerte.

—Su intención era cuestionar el mundo del arte: por eso se llamaron Las Guerrilla Girls.

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—¿Guerrilla Girls? Me tomas el pelo.

—Así se llamaban y se llaman algunos grupos que existen hoy y se autoproclaman sus sucesoras.

—Un nombre muy belicoso…

—Ya sabes que en el arte del siglo XX hay que llamar la atención como sea: es lo que se llama succès de scandale: éxito por el escándalo.

—Una cosa: el desnudo (sin la cara de gorila, claro) me recuerda mucho a alguna pintura que he visto en libros de arte.

—Claro, es la célebre Odalisca del francés Ingres. Y seguro que te recuerda a una obra de Velázquez, La Venus del Espejo, que también participó en el movimiento feminista a su manera, aunque salió algo mal parada.

—Ah sí, esa obra está en la National Gallery Londres. ¿Qué ocurrió?

—El encontronazo de la Venus con el feminismo vino de la mano de la sufragista de origen canadiense Mary Richardson, quien ya había tenido sus roces con la justicia debido a la colocación de alguna bomba y la rotura de ventanas de edificios gubernamentales.

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—Una buena pieza. Intuyo que no visitó a la Venus para fotografiarla precisamente…

—Pues no. Un diez de marzo de 1914 Mary entró en la National Gallery con un hacha de pequeño tamaño dentro de su abrigo y se colocó delante de la Venus, atacándola con tal ímpetu que no sólo rajó el lienzo en siete ocasiones, sino que para ello tuvo que romper a golpes el cristal que protegía la obra…

—Pero… ¿por qué hizo algo así? ¿Le ofendía que una mujer apareciera desnuda, como si fuera un objeto para ser mirado por un hombre?

—En realidad hubo una causa más “mundana”: poco antes habían detenido a la famosísima sufragista Emmeline Pankhurst y Mary consideró que con esta detención el Gobierno la había destruido, a ella, el “personaje más bello del mundo”.

—Ya… y en respuesta ella destruyó una de las pinturas más bellas del mundo.

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—Así es, o al menos eso es lo que dijo a la prensa. El próximo diez de marzo se cumplirán cien años de ese ataque. Por suerte, los restauradores hicieron un buen trabajo…

Mientras Elena terminaba de contarme esta historia, llegamos a la Ninfa de la fuente de Lucas Cranach. No pude evitar preguntarme qué pensarían acerca de todo esto las grandes pintoras del pasado, tan relegadas al olvido como pintoras, tan protagonistas de las obras como anónimas mujeres. Otro día se lo preguntaré a Elena.

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El protector

CRITICA FÍLMICA: El protector

 

Me voy a hacer famosa.

Eso lo sabía yo antes de ponerme a escribir con la gente tan maja esta de Amor Fú. Porque desde luego en mi pueblo nadie ha visto más películas que yo. Manuela, la estanquera, me guarda todas las semanas las que vienen con los periódicos y veo toditas las que dan en la sobremesa. No me pierdo ni una después de comer. Con la cantidad de canales que hay ahora da gusto, siempre se encuentra alguna película (ya que no soy mucho de culebrones). Aunque descabece un sueñecito alguna vez que otra me entero de todo lo que pasa. Tampoco es que tengan una trama como para perderse, seamos sinceros.

Pues como os decía, me voy a hacer famosa. La hija de mi vecina y todas sus amigas leyeron lo que os conté de la otra película (esa del muchachito guapetón y la rubia pavisosa cuyo padre era Tom Selleck, Killers me parece que se llamaba). Me pararon en la plaza, cargada como iba con la compra. Bueno parece que no están muy de acuerdo conmigo. Según ellas “la peli se sale” pero que me van a seguir leyendo, que les gustó mucho la revista, y que se “partieron” con ella. No sabía yo que mis seguidoras iban a ser tan jóvenes, pero siempre se agradece.

Os cuento esto de mi inminente fama al hilo de que ha llegado a casa Jessica, la niña de mi vecina, diciendo que también su madre nos lee en la tableta. Me ha pillado viendo el DVD de “La casa de los líos” que me ha dado hoy la Manuela, con Arturo Fernández. A este hombre todo se le vuelve “joder, joder”  “bueno, bueno” “esto, esto” y tirones de la chaqueta. Pensaba que Resines (el de la serie de los Serrano) había creado la escuela de actuar repitiendo dos veces la última palabra. ¡Que olvidadiza puede ser la mente algunas veces! Está claro que el precursor de la escuela fue Arturo Fernández. No me gusta. He sido siempre más de Carlos Larrañaga ¡qué pena de hombre, ay!

Menos mal que me ha interrumpido esta niña porque me estaba empezando a aburrir.  Venía con el argumento de la película de la que os voy a hablar hoy, se llama El Protector. Os lo copio aquí:

***

Titulo original: Avenging Angelo 3891b78ca50dd812a350a6f980925772

Durante un tiroteo en un restaurante de Nueva York, el capo Mafioso Angelo Allieghieri es asesinado mientras que su guardaespaldas, Frankie Biggio, sobrevive. Habiéndose liberado de la muerte por los pelos, Frankie recuerda que debe cumplir su juramento de proteger a la única hija de Angelo, Jennifer Barret, quien desconoce sus orígenes mafiosos. Ella no sabe que es la hija de Angelo Allighieri, un poderoso capo de la mafia, lo primero que tiene que hacer Frankie es revelarle a Jennifer su verdadera identidad y advertirla del grave peligro que corre. Frankie cumple honorablemente su juramento a Angelo y se mantiene unos pasos por detrás de Jennifer protegiéndola en todo momento.

***

Y claro, si una lee esto ¿qué piensa? ¿Qué es una película de mafiosos y tiroteos? Sí, sería lo más lógico. Si os digo que el protagonista es Sylvester Stallone ya os lo estáis imaginando, metralleta en mano, en su eterno papel de Rambo ¿verdad? pues no. Nada más lejos de la realidad.

Bajo lo que parece una película de acción, de esas de familia mafiosa de toda la vida, se encuentra una comedia de acción con claros tintes de película romántica. Por mucho que os asombre (y más con el amigo Rambo de por medio) hacedme caso a mí que de pelis ñoñas entiendo.

Tiene continuos toques cómicos, rozando el absurdo, que hacen indefinible el tipo de película que estamos viendo. A medio camino entre lo original y un desatino completo. Momentos muy muy predecibles y algún momento ingenioso. Es como si quisieran meter con calzador todos los tópicos del género, habidos y por haber.

No deja de parecerme meritorio que Stallone intente cambiar de registro por una vez. Ya imaginaréis (si me leísteis en el otro número sobretodo) que si tengo que elegir entre los actores musculados- recauchutados con el que me quedaría es con el Schaurch, Schuawrze… (¿nunca aprenderé a escribir el apellido de este hombre?) Arnold, el Conan vamos. Pero esta vez Rambo está casi simpático. Haciendo de bobito enamorado. La cara de pan que ponía mirando a su jefe fue lo que me decidió a quedarme viendo El protector. Fue justo por la escena inicial con el jefe por lo que paré con el mando en mi búsqueda de películas. ¡¡Pero si todavía no os he dicho quién es Angelo!! si es que me voy por las ramas siempre, no tengo arreglo.

Angelo Allighieri, el poderoso capo de la mafia, es Anthony Quinn. Aparece siempre sentado y muy mayor, creo que poco después de esta película se murió. Me gustaba mucho este señor, porque le gustaba España y porque le gustaban las señoras. Eso me temo que ni lo intentaba disimular. ¡Las películas que habré visto de este hombre! y no solo las que todos dicen al mencionar su nombre “Zorba el Griego”, “Viva Zapata” etc. sino las románticas que tanto me gustan en las que tenía una participación secundaria magistral: en “Un paseo entre las nubes” es el abuelo de Aitana Sánchez-Gijón y curiosamente en Venganza (la de Quevin Costner) es el marido cornudo de Madeleine Stowe, que después sería su hija en El protector. Cosas del cine.

Pues ahí tenemos a un Stallone con mirada tierna, grabando en vídeo a su anciano jefe que quiere como última voluntad confesar toda la verdad. Vemos la complicidad de años, el cariño entre ellos. Nos cuentan que llevan años cuidando y vigilando en secreto a la hija de Angelo. Son diez minutos los que podemos disfrutar del señor Quinn, pero está estupendo.
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Luego nos presentan a la hija, que como una loca creyendo ver desde el coche a su hijo en el avión saca medio cuerpo por la ventanilla del techo. Y es que mandan a su niño de siete años de camino a un internado militar, parece ser que en contra de la voluntad (poca parece tener en este momento la buena mujer) de la madre. La verdad es que el personaje de ella roza lo absurdo y sobre-excitado, se queda en la fina línea entre simple loca y mujer al borde de una ataque de nervios. Con una serie de pequeñas escenas nos enteramos de que el matrimonio no es feliz, él tiene problemas con el dinero y ella… bueno, ella tiene problemas con él.

Las amigas (tan pijas como ella) para calmar a esta pobre la dopan a base de pastillas que ella toma de buen grado y en gran cantidad. Entonces es cuando hace su entrada en el club de lectura Marcello de la Rosa, afamado novelista… ainssss. Perdón por el suspiro. ¿Por qué no habrá ni un hombre parecido a ese ni en Veradilla ni en toda la región? ¿Voy a tener que mudarme a Italia? ¡Qué ojos! ¡qué cuello! ¡qué boca! ¡qué… me pierdo! Raoul Bova debería ser patrimonio de la humanidad, he dicho.

Volviendo al tema, a la película digo, Jennifer regresa a su hogar (que parece un hospital robado) mal que bien. Me parece que drogada Jennifer tiene su puntito. Tiene más voluntad. Y tiene buena puntería. A tiro limpio se deshace de la amiga con la que encuentra en pleno acto a su marido y del propio marido. Olé por ella.

Luego, después del tiroteo en el restaurante en el que muere Angelo, llega a la puerta de Jennifer un malherido Frankie. Un malherido gracioso, con una gran compostura y educación para el momento en cuestión. Se cose a sí mismo la herida y todo. Alaba sus senos con mucho arte; “pechos como copas de champán” dice.

Como una mujer sola en casa abre la puerta y deja pasar a un desconocido sangrando lo tenéis que ver vosotros mismos, porque por mucho que os lo explique no tendría sentido. Luego ven juntos el vídeo del viejo Angelo, contando su vida con una extraña y a la par absurda trama mafiosa y terminando con la confesión de paternidad y el lema familiar “Los Alleghieri no aceptamos las derrotas”.

Bueno, pues ya tenemos todas las cartas dispuestas, empieza el juego. O no.

El abnegado guardaespaldas intentando controlar a la niña bien que está histérica y tratando de que asuma los cambios repentinos que ha tenido su vida. De todas maneras me parece normal que esté un pelín de los nervios esta chica: los enemigos de la familia detrás de ellos. Los padres que no lo eran, ni son lo que parecen. Un extraño que llega de la nada para protegerla y que resulta ser un gran cocinero. Un marido que la engaña con una de sus amigas del club. Y una tormenta de tiros… Vamos el día a día de cualquiera.

Frankie está enamorado hasta las trancas de Jennifer y va tratando de mantener las distancias, en esto que entra en escena Marcello. Claro, no es por ser mala (ya sabéis eso de que las comparaciones son odiosas) pero si pones a Stallone con sus pantalones sobaqueros a lo Julio Iglesias al lado de Bova ejem… No hay color.

Madelaine (la actriz que interpreta a Jennifer) luce palmito con vestidos que delinean su silueta, dando un toque erótico sin que se le llegue a ver nada.

La trama juega todo el tiempo con temas como la nostalgia, la venganza y el amor. La historia va un poco a trompicones y con algunas lagunas y contradicciones. Avanza lenta a ratos y en otros pasa en 5 minutos lo que debía ocupar 20. Para mi gusto el final se precipita, en dos minutos acaban con el jefe mafioso rival (no diré más, para no fastidiar sorpresas) en tres nos muestran la incipiente relación de Jennifer con Marcello y en los diez minutos restantes nos da para el apoteósico final y el consabido epílogo de la situación meses después.

Bueno, he de decir que tiene un final feliz, como todas las comedias. No es una gran película pero resulta entretenida. Prometo que para la próxima elegiré una que no tenga ningún tiroteo, palabra.

 

 

 

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Esperando la Primavera (Sound)

Esperando la Primavera (Sound)

Little Angel

 

Perdida la cuenta de las cervezas y de empalmada, la tarde del viernes desapareció, sin que me diera casi cuenta. Una alerta en mi memoria me recordó que tenía una cita.

Anoche Los Madison actuaron en el Mobie Dyck y fue parte de mi larga noche de jueves-viernes. El cantante Txetxu, es una animal de escenario, uno de los mejores guitarristas del panorama musical español y además, y eso es lo que le hace casi perfecto, es amigo mío. Nos conocimos hace un montón de años en la noche de Madrid y hemos mantenido un contacto intermitente pero intenso entre humo, alcohol y “groupies” desatadas. Le había prometido asistir y con amigos o sin ellos no pensaba fallarle.

Incapaz de librarme de ellos, y sin que sirva de precedente, arrastré a mis amigos al lado más pijo de la ciudad para ir de gorra a un concierto. Lejos de agradecérmelo y tratar de disfrutar, estuvieron toda la noche dándome la paliza. Sigo sin recordar en que momento de despiste confirmé que iba a ir en coche al festival. Vamos que no les hice ni caso. O eso intenté después de soltar la frase desafortunada pero no logré desanimarlos. En cuanto acabó el concierto se largaron, no sin antes hacerme prometer que los llevaría conmigo en el coche a Barcelona y ahí me dejaron tirado.

Llegué hasta la barra y me quedé embobado viendo como preparaban un gin tonic: copa como un botijo de grande, ginebra azul, tónica rosa, pepino, lima, bolitas de enebro, vaina de canela… algunos tardan menos en preparar una ensalada mixta. Bueno, pensando este tipo de  gilipolleces estaba cuando me di cuenta de que ahora el observado era yo. La observadora era precisamente la “dueña” de esa copa con más colores que un cuadro de Andy Warhol.

-Qué aburrido, ¿no?

-Perdona, ¿qué?

-Tu tercio. Un poco soso

-Bueno, cuestión de gustos, supongo… a tu copa en cambio, no le falta de nada.

-Por lo que cobran por una de estas dejaría que me pusieran hasta piña en almíbar…

-Menos es más. ¿No crees?

-Muy bonito, pero casi nunca menos es más…salvo para el gobierno.

Reímos con ganas y entramos en la fase de las presentaciones, los gustos, los estudios, los trabajos… todo lo que hay que currarse para llegar con opciones a la pregunta clave: ¿y ahora qué hacemos?

Tenía, según me dijo sin que yo preguntara, 39 años; había estudiado Logopedia y era de un pueblo de Cáceres (¿habrá alguien en Madrid que no sea de fuera?), el resto de la “disección” se la hice yo entre confidencia y confidencia. Se había quitado algún año pero no me importó, pelo castaño ondulado que todavía olía al acondicionador, ojos verdes, pechos generosos y culo contundente. Sin duda era carne de gimnasio. El resto de mi noche se pierde en una bruma de cócteles de colores, piso de diseño y lencería negra.

Que odio despertarme temprano los sábados no es ninguna novedad, ni creo que sea exclusiva mía. Hace años que las 5 estrellas del viernes me amarran a la cama más de lo que me gustaría admitir y, seguramente, más de lo recomendable por los estudios de la Organización Mundial de la Salud. Si tienen estudios para todo, digo yo que tendrán uno que afecte a mis horas de sueño inducido por el alcohol. En fin, que este viernes tuvo una noche muy larga que empezó de jueves y no pretendía amanecer hasta bien entrado el sábado, así que el día prometía resaca, desgana y café tardío.

¿Pero qué cojones…? después de pegar un cabezazo contra la mesilla, tropezarme sucesivamente con mis zapatos, mis pantalones y un libro que por su tamaño debía ser por lo menos “Los pilares de la tierra”, caí en la cuenta de que lo que sonaba no era el timbre de la puerta, sino el puto “Whatsapp” del teléfono. Uno que es perro viejo en esto de hacer el vago ya domina ciertas técnicas básicas: apagar el teléfono, bajar las persianas, quitar los “plomos” para que no llamen testigos de Jehová o el cartero comercial… pero entre que llegué más pegado que legaña seca y que la tecnología ni me gusta ni me comprende ahí se quedó el móvil encendido y conectado al wifi para más Inri…

Después de bailar por toda la habitación en busca del artefacto maléfico lo encontré en el bolsillo del pantalón. Bueno encontré el teléfono, unas monedas, un halls de menta, un condón y una tarjeta de una logopeda. Me senté en el borde de la cama e inmediatamente caí de espaldas con el teléfono en la mano y un “su puta madre” en la boca. No, no era un “Whatsapp” normal, era que me habían metido en un grupo de esos del infierno ¡qué cabrones! Como se nota que la mitad de ellos ahora lleva una modélica vida familiar y que les da la una en casa. ¿En qué maldita hora le comenté a Manu que este año no me iba en tren sino en mi coche a Barcelona?

Aquello no paraba de pitar. Intentaba ver qué era lo que hablaban yendo al principio de la conversación, pero un nuevo mensaje me llevaba al final. Hasta que no pude más y con un ojo cerrado escribí malamente “se callen, coño” seguido de “parad hasta que yo os avise”.  Vale, leí a todo cisco: “pillar entradas”, “última semana de mayo”, “solo cuatro en el coche” (seguro que eso me incluía a mi), “comida” (bueno, algo mejora la cosa…), “festival”… ¡¡¡Festival!!! ¿qué clase de tarados se levantan hablando de lo mismo de lo que hablaban justo antes de irse a dormir? Bueno, era retórico, no es necesario que me contestéis la pregunta.

“Ok. Ya podéis seguir…” sin mí, claro. Porque pensaba borrarme de ese grupo en cuanto dejasen de moverse las letras en la pantalla. Resumiendo, seré el último en enterarme de quién vendrá en mi coche al Primavera Sound porque estos locos aún se están peleando por las cuatro plazas.

No eran ni las 11 de la mañana…. ¿qué se supone que se hace un sábado a esa hora? Porque ni recuerdo cuando fue el último sábado que estuve despierto a estas horas. Creo que mi padre siempre lavaba el coche los sábados; mi primo dedicaba las mañanas que no trabajaba para salir a dar una vuelta con la bici; mi madre aprovechaba para hacer ruido con la aspiradora intentando no dejarme dormir… pero yo desde hace años que no me levanto un sábado a tiempo para el telediario.

Ahora ya no podía quitarme el festival de la mente. Siendo sincero no es el festival lo que me tiene descolocado. Es una muchacha apenas pero con un talento y una personalidad como nunca he visto.

De pie, acariciando las tapas de mi cuaderno de notas, recordé a mi Little Angel. El mes pasado presentó su segundo disco y confirmé lo que ya sentí la primera vez que la oí. En su debut hace un par de años aquella voz siempre pegada a su guitarra acústica me hizo escribir: “Este pequeño ángel del indie folk es aparentemente frágil. Con grandes canciones y una voz preciosa de maneras añejas nos deja completamente enamorados a todos.”

Ahora, además de su voz y al sonido de su guitarra puedo recordar el sonido de su risa, su acento de Missouri, su nariz pequeña y pecosa y las ojeras bajo el azul de sus ojos. Porque  conseguí hablar con ella para una breve entrevista. Posee una voz quebradiza y una juventud apabullante, ¿cómo alguien tan joven puede escribir con tanta coherencia del desamor? Y es que, por delante de la pena y el dolor de sus letras la esperanza se convierte en la idea fundamental de todo su álbum.

Podría llegar a enamorarme de alguien como ella. Y que en medio de su gira se tome la molestia de escribirme, aunque sea contándome pequeñas cosas, no ayuda. Hace que una y otra vez mi mente vuelva a ella. “I wish you with me in Barcelona” me dice… Podría llegar a enamorarme.

Intentar volverme a dormir me parecía a esas alturas una tarea imposible. Como Madrid es una ciudad para andar, pensé, y yo casi siempre la recorro de noche seguro que descubro algo. Me puse el vaquero gastado de la noche anterior, eché al bolsillo las monedas, el caramelo Halls y el condón que había sacado; busqué una camiseta que no oliera a tabaco y que a su vez estuviera medianamente planchada (me llevó más tiempo del que esperaba); me até los cordones de las zapatillas (las Wambas, qué decía siempre mi madre) y bajé a la calle. Las gafas de sol nunca son lo suficientemente oscuras en casos como este, así que comencé a andar cabizbajo tratando de ocultar mis ojos de la claridad del medio día.

No llevaba ni cinco minutos andando cuando la necesidad de cafeína en mi organismo fue completamente evidente. No sé cómo se llama el bar, pero vamos, que podía llamarse “Los Arcos”, “La Encina”, “La Tapita”… lo típico. En la barra un parroquiano dándole al orujo, otro tomándose un café con un pincho de tortilla y otro jugando a la máquina tragaperras… muy Kiko Veneno todo.

Pedí un café solo y por suerte el molinillo tenía café porque no sé si hubiera soportado ese ruido infernal que hace de tanto en tanto ese artilugio del diablo. El café estaba bueno, con cuerpo y con una concentración de cafeína tal que notaba como se abrían mis venas a su paso y mi mente se despejaba un poco. Estiré el brazo para alcanzar un periódico que había sido abandonado por su anterior lector de malos modos sobre la barra. Yo los periódicos -no me preguntéis por qué- siempre los empiezo por el final… con la excepción del Sport que lo empiezo “como Dios manda” y tampoco sé por qué. ¿Cuánto hace que no compro un periódico? Por lo menos desde que compré el portátil – pensé- mientras pasaba la contraportada, la programación de televisión, los deportes, el tiempo, los obituarios… ¡a este paso me ventilo el periódico en dos minutos! En la sección de cultura me detuve un poco más. Uno, a  pesar de sus debilidades, es un enamorado de la cultura y el arte: más del teatro que del cine; más de la música que de la danza; más del gótico que del barroco…

Nunca he tenido problemas de hipertensión, así que pedí otro café. Bueno, eso, y que de la cocina salió una chica sorprendentemente española, joven y despierta:

– Hola, ¿me pones otro café solo?

– Ahora mismo. La noche ha sido durilla, eh…

–La noche no. Ha sido el despertar antes de lo previsto.

– Pues nada, aprovecha la mañana.

– No, por favor. No me digas que lave el coche, que salga con la bici o que pase la aspiradora.

– Ja ja ja. Y de ir al fútbol, ya ni hablamos…

– Bufff, ¡qué pereza!

– Pues acuéstate otra vez porque… ya me dirás tú que haces levantado con el ánimo que llevas.

– Esperando la primavera.

Se me quedó mirando unos segundos después de dejar frente a mí el café. Vale, sé que la frase no tiene mucho sentido para ella. Pero lo cierto es que yo desde que hablé con mi Little Angel no puedo pensar en otra cosa.

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Desnuda

DESNUDA POR PORFIRIO DISCOUNT

Tumbado en la arena, panza arriba con la boca abierta y roncando suavemente. Así es como me encuentro  a mi queridísimo  amigo Porfirio cuando me siento a su lado, bajo  la sombrilla. Estamos pasando unos días de descanso en la playa, antes de que me incorpore a mi nuevo trabajo. Sí, por fin voy a ejercer mi profesión de  modelo  para uno de los mejores fotógrafos del país. Todo llega en la vida…

—¿Ya estás aquí, preciosa?

—¡Pero si estabas dormido!¡ Si hasta te he oído roncar!

—¿Yo? ¿Qué dices? —Se incorpora rápidamente y me mira con cara de no haber roto un plato en su vida. —No, estaba pensando en la última novela que he leído.

—¿Cuál? —Añado mientras saco el bronceador de mi bolsa playera.

—Pues sentí curiosidad por una cuyo título “Desnuda” era muy sugerente. Su autora es Raine Miller, ¿la conoces?

—No, ni idea —respondo mientras me extiendo la crema bronceadora por  las piernas.

—Yo tampoco, hasta que me dio por ojear en la página de la editorial que la publica algunos comentarios de lectoras que ya la habían leído. —Me quita el frasco de la mano, y empieza a extenderse a su vez el bronceador por la barriga y el pecho.

—Supongo que las críticas serán sublimes.

—Por supuesto, por eso me decidí a comprarlo ¿Tú te resistirías a conocer a “personajes inteligentes y complejos, inmersos en un relato moderno con un ritmo frenético”? —Me quedé mirándolo fijamente, intentando descubrir qué había más allá de la pregunta inocentemente planteada.

—Vamos a dar un paseo y me cuentas  que te veo con ganas de soltar la lengua. —Nos pusimos de pie, Porfirio tapó con una toalla las bolsas, como si  aquel gesto nos librara de que algún amigo de lo ajeno nos pudiera robar las pocas pertenencias que bajábamos a la playa.

—No sé si te van a gustar las ideas que he sacado en conclusión, tras haber dedicado un par de horitas de la siesta de ayer al librito…

—Si no empiezas ya a explicarte, nunca lo sabré. —Paseábamos con los pies metidos en el agua, de forma reposada ¡Por favor qué delicia!

—Fíjate Teté que  soy hombre y estoy indignado con lo que he leído…

—Pero, ¿por qué? —Nos paramos como las viejas a comentar la jugada.

—Verás, la protagonista, una tal Brynne Bennet, es modelo.

—¡Andaaa! ¡Igual que yo!

—Si tú supieras de lo que estoy hablando, no dirías eso.

—Vamos a tomarnos algo y me lo aclaras tranquilamente. —Retrocedimos hasta la sombrilla. Cogí la cartera y nos dirigimos a un chiringuito cercano. Nos sentamos. Enseguida vino un camarero con el que Porfirio ya había hecho migas y eso que sólo llevábamos una semana por aquellos lares.

—¿Qué tal parejita? ¿Os pongo lo de siempre?

—A mi me bautizas hoy el vermut con un poquito de ginebra, por favor —Añade Porfi con un guiño de ojos

—¿Y tú preciosa?

—A mí me pones hoy un gin-tonic, por favor. —Esa sonrisa arrebatadora del camarero, me está dejando muerta, deslumbrada. Señor, ¡qué locura de hoyuelos  se le forman cuando ríe!gin-tonic

—Teté.

—Mmmm…

—Teté, cariño ¿estás bien?

—Sí perfectamente, ¿por qué?

—Porque se te van a colar en la boca montones de moscas como no la cierres. —Enseguida reacciono, carraspeo y me recompongo como puedo, ¡uf ahí viene otra vez! ¡Vaya bíceps!

—Pues aquí tienes amigo, tu vermut bautizado, y un gin-tonic para la chica más bonita de…

—Sí, sí ya puedes retirarte majo. —Porfi no lo puede evitar, no son los celos los que le hacen ser así de antipático, eso lo sé perfectamente, sino el afán protector que tiene conmigo. Si supiera que bajo el posavasos me ha dejado una notita escrita con lo que parece un número de teléfono. El camarero se va no sin antes guiñarme un ojo. ¡Ay Dios mío!2z69hf7

—A ver Porfi, me contabas que la protagonista de la novela era modelo.

—Sí, la tal Brynne Bennet, es una modelo americana, que vive en Londres, huyendo de un pasado terrible, a saber cuál, porque en el primer libro no lo aclara, y desde luego no voy a perder más tiempo leyendo a esta señora para averiguarlo. Es fácil deducir que con la profesión que tiene el protagonista, se encargue de protegerla.

—Pues sí que te ha cabreado. ¿Qué profesión tiene?

—Ethan Blackstone, el protagonista, es un tío rico que lleva una agencia de seguridad privada durante los  Juegos Olímpicos de Londres.

—Bueno, bueno Porfi ya sé por dónde te viene la indignación —Creo que estoy empezando a beber más deprisa de la cuenta. Últimamente no soporto a los machos-alfa-noveleros de última generación.

—Déjate algo de ese matarratas para lo más interesante, Teté. —Prácticamente me arranca la copa de la mano, en un intento de que le preste mayor atención.

—Los protagonistas se conocen en una exposición de fotografía, en la que se vende un desnudo de la chica.

—¿Lo compra el “Neanderthal”?

—Sí. Bueno eso era lógico, ¿no? Así que niña, agárrate bien a la silla, que despegamos.

—¡Camarero! ¡Tráenos otra ronda de lo mismoooo! —Mister “Hoyuelos” con el pulgar en alto nos indica que ha escuchado a mi amiguete. En nada y menos, un nuevo gin-tonic con otra notita misteriosa puesta disimuladamente bajo el posavasos y otro vermut con un aperitivo  ocupa la mesa. Apenas atisbo cuatro garabatillos que no logro descifrar.

—A partir de ahora, el Sr. Blackstone tomará las riendas del asunto. Se ofrece cuando termina la exposición a llevarla a su apartamento en coche, hasta ahí  podríamos tildarle de caballero, pero la chica comete un pequeñito desliz consistente en quedarse dormida durante el trayecto, con lo que aprovecha para revolverle el bolso y  pillarle el número del móvil.

—Cerdo…

—Pues sí un poquito, y es que el señorito no  dará tregua a la prota hasta que no consiga cenar con ella.

—¡Camareroo! —Esta vez soy yo la que chasquea los dedos para  llamar a “Hoyuelos”Chiringuitos-verano (1)

—¡Vooy!

—¡No tardes Hoyuelos!

—Niña, ¿cómo le has llamado?

—¿A quién? —Pongo cara de despistada, sin embargo el mosqueo de Porfirio es evidente.

—Da igual. —Bebe un sorbito del vermut y coge una aceituna del platillo de los aperitivos. —No veas el efecto que producen unos ojos azules  en una mujer.

—¿Hoyuelos tiene los ojos azules?

—No Teté, ¡Ethan Blackstone! Este señor con un simple gesto, digamos una sencilla alzada de ceja consigue un efecto exponencial en el cuerpo de la fémina en cuestión. La deja balbuceante, hecha un manojo de nervios.

—Aquí tenéis otra rondita, chicos. —Efectivamente Hoyuelos tiene unos ojos azules de escándalo. Va recogiendo los vasos a medio vaciar, y coloca con primor los nuevos. Se va no sin antes alzarme una ceja…

—Vamos que la deja sin capacidad de reacción. —Comenté mientras advertí  de nuevo que había  otra  servilleta de papel medio doblada con dos líneas escritas, junto al platillo de las almendras.

—Las escenas que se van sucediendo solo sirven para que se te pongan los nervios de punta, en el sentido de que el pelele del personaje femenino, acepta que el macho alfa se haga cargo de cualquiera que sea la situación anodina que nos plantee la autora. El chico establece el control sobre todo.

—Es decir, que nos presenta a un tío que te alimenta, te folla, y te arregla la vida. Odio a ese tipo de hombre, Porfirio. Esos que te anulan el pensamiento, o la disposición para reaccionar o actuar con autonomía. —Disimuladamente leo la notita que me ha dejado escrita Hoyuelos en la servilleta. “¿Cenamos? Te invito, aunque preferiría comerte mientras imagino que eres mía…”

—Nena esos tíos son los que se llevan ahora en las novelas.

—Vaya, vaya, así que Hoyuelos es un Blackstone de playa.

—¿Cómo dices?

—Nada cariño, sigue…

—En sí el argumento no tiene nada. La autora nos plantea un perfil psicológico de mujer que confunde estar dominada por un hombre, con sentirse segura y  a salvo en sus brazos. Una mujer con un cerebro que lucha constante y permanentemente por absorber todo lo que le dice el atapuerqueño para poder agradarle al máximo.

—¿Y en la cama qué tal se comportan? —Me removí en el asiento, la situación descrita en la novela me parecía patética.

—Deprimente. Las escenas son mecánicas hasta  decir basta, el condón aparece en escena como un invitado incómodo, es mucho mejor follar sin él para poderse correr hasta el infinito y más allá. Si además le añades a esto que él no le deja tener el deseado orgasmo hasta que no le diga que es “SUYA”…

—Vomitivo.

—A lo largo del libro aparecen frases marca Blackstone con las que se te descuelga la mandíbula, todavía me acuerdo de algunas como “Soy muy posesivo con lo que es mío” o “Solo toco lo que es mío” ¡Quiero azotarte, follarte!

—¡Camarerooo! —Seguro que el grito que pego ha llegado a Sebastopol.

—Ya estoy aquí. —Se sienta en una silla vacía que hay a mi lado. La blancura de sus dientes me fascina, pero yo no soy Brynne Bennet por supuesto. El tío se envalentona y me pone una mano en el muslo y comienza a acariciarlo ¡Será cerdo! Pues no estoy yo calentita ni nada con la historia que me acaba de soltar Porfirio. ¡Vamos que me sale humo por las orejas!

—Mira Hoyuelos acabo de leer tus notas, y quería aclararte un par de cositas.

—Si no te viene bien quedar a las doce, pasaré a la una a recogerte. No te puedes negar.

—Me negaré si me da la gana. ¿Últimamente a todo el mundo le da por confundir el culo con las témporas o qué? Mi amigo aquí presente me acaba de contar una historia que ha leído,  en la que nos describe a hombres como tú que confunden ciertos conceptos como por ejemplo ser sumisa en la cama con serlo las 24 horas del día. Cierra la boca Porfirio, sino quieres comerte las moscas que no me tragué antes. —La retahíla fue acompañada con la retirada de mano de mi muslo.

—Y ahora si no te importa nos traes la cuenta y sin notitas añadidas. Hombres como tú no me interesan en absoluto. —La blancura de sus dientes se extendió por todo el rostro. Se fue como alma que lleva el diablo a por la cuenta; pagamos, no dejamos ni un céntimo de propina. Nos levantamos y encaminamos nuestros pasos hacia la playa a tumbarnos de nuevo en la arena.

—¿Sabes qué Porfirio? Me da rabia que últimamente haya autoras que escriban  este tipo de bazofias. Personas de mi mismo sexo  que después de tantos años de lucha por la igualdad de la mujer vengan a decirnos que un tío manipulador, posesivo y hasta acosador es lo que nos  conviene y nos va a evadir de la puta realidad, y de los telediarios llenos de noticias horribles. ¿Cómo puede gustar leer a una pavisosa que se “desnorta” solo con notar la presencia del protagonista? ¿Cómo puede encandilar un macho alfa que piensa que una relación perfecta de pareja consiste en cocinar y ver la tele juntos?

—¡Cuánto daño está haciendo el Sr. Grey, Teté…! —añadió Porfi. Casi instantáneamente comenzó a roncar…

Continuará….portada-desnuda

 

 

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Brisa de esperanza

Brisa de esperanza, por Rocío Camino

Es primavera, me he puesto a recordar canciones alusivas a la estación, y la primera que ha venido a mi mente es la de Nuria Fergó.

Brisa de esperanza.  Dice la letra que los malos tiempos pasaron/al fin tus desaires se fueron/el juego de mi locura/solamente para mí.

Para empezar, lo de que esperanza venga en forma de brisa me parece algo sensato, es mejor no esperar demasiado, hay que huir de los huracanes de esperanza, porque te haces ilusiones y luego sucede que no pasa nada de nada, o más bien muy poco y te frustras muchísimo. Así que sí, mejor que la esperanza sea como una brisa primaveral de esas que te obligan a ponerte una rebeca y un pañuelo, y a veces también la chaqueta que te ofrece el chico gentil que tienes a tu lado y que ahora, con la primavera, estás empezando a mirar con otros ojos. Es que con el invierno, nos ponemos por dentro tantas capas como por fuera. Es difícil vernos, tocarnos, sentirnos, de verdad. Pero cuando llega el buen tiempo la cosa cambia y empezamos a vernos, a reencontrarnos, a recuperarnos, a nosotros mismos y a los demás.

¡Cómo me gusta la primavera! ¡Qué ganas de salir a la calle! Pero todavía tengo que terminar de destripar esta letra. A ver, a mí me da que esto va de un narciso perverso, de un tío que volvió majara a la chica, con sus manipulaciones y desaires, y que además era un infiel desalmado y cobarde, de los que van dejando pistas, para que los pillen y así evitarse el trago de tener que soltar la verdad a la pareja a la que ya no se ama. Decidme si no, cómo se interpreta esto: Ay cuánto daño me hiciste/Cuando besaste su boca/El alma quemaba por dentro/Sabiendo que estaba cerca el fin.

¿De verdad era necesario ponerse a besar la boca de la otra delante de ella para que todo llegara a su fin? Pues cuando eres un cagado, lo es. Un hombre decente aborda el asunto con entereza, pero un cobardica hace esto: morrearse delante de la chica para que capte la indirecta y sea ella la que corte. Qué espanto. Qué poca elegancia y qué poco todo.

Menos mal que la chica parece que ya lo ha superado: Primavera clara/zapatitos nuevos de tacón/ay coloraíto el corazón/ buscaré un amor desde mi balcón.

primaveraclara

Los zapatos tienen que ser de veinte centímetros como poco, para que la chica prefiera ligar desde el balcón. Igual es también que tiene alergias y que la calle le sienta mal en esta época del año. O igual son las dos cosas a la vez. Lo que no entiendo es lo que dice del corazón coloraíto. ¿De qué se le ha puesto así? ¿Está sonrojado porque ya le ha echado el ojo alguno? ¿Será que quiere decir que ya está fresco, después de que el asqueroso cobarde se lo dejara mustio y estrujado como una bola de papel de aluminio?

La chica insiste: Brisa de esperanza/Peina mi cabello bajo el sol/Unas horquillitas de color/Buscaré un amor desde mi balcón.

horquillas

Pues mira, me parece fenomenal, yo la veo contenta, además es primavera la estación ideal para dejar a los impresentables atrás, ponerse las horquillas y los tacones, y salir al balcón. Buscaré un amor desde mi balcón/para que me queme con su tentación/Buscaré un amor/que me dé calor/y que me tenga abrigaíto/el corazón.

Como declaración de intenciones me parece fabuloso. Espero que tenga unos buenos prismáticos o un telescopio, que encuentre pronto al que le queme con su tentación y que se baje pronto a las calles, descalza y sin horquillas, a gritar: ¡Viva el amor y la primavera!

rapunzel

Yo desde luego es lo que pienso hacer ahora mismo…

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La importancia de la foto

La importancia de la foto, por Lola Wellington

En las RRSS (redes sociales, para los no-puestos) la foto es crucial. Tanto la propia como la ajena. Cuando eliges la foto te la juegas.

Comencemos por la ajena. Si eres novelista, una forma de promocionar tu novela es poner un fragmento de tu obra con una foto alusiva. Desde ya te digo que el texto da lo mismo. Ni te esfuerces. Y te lo dice una gran pluma, la mejor, la que está llamada a quedarse hasta que este planeta estalle en pedazos. Bien, pues yo te digo que lo importante es la imagen. Si eliges bien, la sola elección de la foto te traerá el aluvión de RT’s y de MeGustas.

Por ejemplo, imaginemos que tienes una escena en la que el protagonista se sube al coche feliz, con intención, con unas ganas locas de ir a ver a su amada para ponerla a veinte uñas.

Ya estás en situación, ¿verdad?

El texto podría ser:

“Ya en el coche solo podía pensar en el tremendo bulto que pujaba entre mis  piernas y que estaba a punto de reventar mis viejos y desgastados Levi’s”.

Bien, pues ahora seleccionemos la foto:

Imagen

¡MAL! Rematadamente mal. Puede que a tu abuela le pusiera muchísimo Sazatornil, pero hoy si quieres Likes, si quieres RT’s, si quieres que la gente sueñe, debes de poner un Fassbender o algo similar.

Imagen

¿Verdad que la cosa cambia?

Elige bien la foto y triunfarás. Tus textos de mierda, bajo la foto de un tío bueno, se harán invisibles, nadie se percatará de tu mediocridad, tendrás Likes y RT’s y la gente se irá pitando a buscar tu novela.

Igual sucede con nuestra foto de perfil, si gozas de una belleza sublime, como es mi caso, te aconsejo que la dosifiques bien. Que no te des a tu público por completo, que te ocultes un poco, como hago yo con mis gafas de espejo. ¿Por qué?

Pues porque cuando estás más buena que el pan de pueblo y el queso del Casar, todo el mundo quiere meterte… en sus grupos, les encanta etiquetarte para presumir ante sus amigos de que tienen contactos guapos, les mola que les des Likes a sus páginas absurdas y te entran vía chat con sus poemas patéticos, sus textos ridículos, sus lánguidos “Holas”, sus fotos de desayunos horteras y flores de plástico, y ya, cuando se toman un pelín de confianza te sueltan eso de que te la meterían hasta en el bolso.

Y da igual que indiques que estás casada o que estas a punto de  ingresar en las clarisas. Da lo mismo. Es el sino de los guap@s. Nuestro sino. Gajes del oficio. #nosepuedeestartanbuen@. ¿Ante esto qué hacer? No queda más que asumir que eres un elegid@ y ocultarte un poco, no darlo todo. ¡Y mantenerlos a raya!

Ay si yo os contara. Esta primavera he vuelto loco de amor a mi compañero el doctor Morfidal, uno más en la infinita lista de seres que tengo colgados por mí. Le he tenido que dar unas cuantas largas cambiadas y decirle a través de Miss Sousa mi única verdad: vivo entregada a mi obra. Soy suya. Solo me dejo poseer por mis letras, por mi propio verbo creador. Solo orgasmo cuando me leo, solo pierdo el sentido por mis novelas, solo suspiro por mi arte, solo me pone y cómo me pone el frenesí tecleador. Escribir y escribir, entre gemidos y sudores, hasta que el cansancio me vence, rota de placer.

Así que ya sabéis, gentes que me idolatráis: no me interesa más amor que el propio, ni más sexo que el onanista. Me amo a  mi misma hasta el deliro y solo follo conmigo misma a través de mi genio creador.

Entiendo que estéis rendidos de amor y admiración por mí, pero no esperéis reciprocidad. No tenéis nada que hacer. Vosotros no. Sin embargo, él… mmm, ay si un día apareciera por mi privado Fassbender…

Bueno, ya desarrollo esta idea en otro artículo.

¡A disfrutar de la primavera, queridos!

 

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Respuesta al doctor Morfidal

 

MISS SOUSA RESPONDE AL DOCTOR MORFIDAL:

 

Querido amigo, doctor Morfidal:

Para mí es un honor que usted haya decidido dirigirse a mí para solventar ese asunto de amor que le tiene en un sinvivir.  Le entiendo perfectamente porque cuando me enamoro todos mis conocimientos sobre el amor y mi tarot no me sirven absolutamente de nada. Y tampoco es que me angustie, me lanzo y ya está. Lo vivo y que sea lo que tenga que ser. Le advierto que a estas alturas no temo a las consecuencias, porque he descubierto hace bastante que yo soy las consecuencias. Y como hace mucho que decidí que estoy aquí para pasarlo bien, disfruto sin más, no me complico para nada, querido amigo. Como bien sabe vivo en una fiesta permanente en la que por supuesto entre copa y copa, entre suspiro y gemido, puedo sacar tiempo para atender a los que me necesitan, como usted. Encantadísima de poder ayudarle con su enamoramiento súbito-delirante.

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¡Ay la juventud! Cómo me identifico con usted, a mí también me gusta la carne fresca, para reliquias ya tengo mi joyero y donde esté una piel tersa y firme que se quiten los colgajos. Si a eso se suma una inteligencia excepcional, el talento, el don, el divismo, el resultado es que caes con todo el equipo como le ha pasado a usted.

No busque excusas, ni motivos, ni razones, esto pasa y ya está. ¿No me enamoré yo la semana pasada de un joven talento de Hollywood que vino a promocionar su película? Seguro que está pensando en quién será. No puedo decirlo. Soy una mujer discreta, no puedo facilitarle el nombre, pero me tiene loca-loca, y estoy como usted, suspirando todo el día, como siempre, la verdad porque desde que me parió mi madre no he dejado de hacer otra cosa. Pero ahora es por este ejemplar que si lo viera… Mejor no digo nada que por la descripción enseguida sabría quién es.

Si vieran qué amante tan excepcional. En fin, me callo que no quiero ponerle los dientes largos, a usted que no cata a su amor más que en foto. ¡No quiero imaginar cómo tendrá de babeada la pantalla!

Es una muchacha tan linda, se entiende su locura de amor. Sin embargo, amigo, tengo malas noticias para usted. Las peores porque intuyo que la gran y única Lola W. por rebeldía y porque vive entregada a su obra magna es una célibe convencida. Y ante eso, caro amigo, hay poco que hacer. Siento ser yo la que se lo diga, pero Lola es de su obra y es del mundo. No pertenecerá jamás a nadie. No hay nada que hacer, y fíjese si lo tengo claro que ni me hace falta sacar la baraja, entre otras cosas porque me la he dejado en el hotel del actor este del que hablé unos párrafos atrás. Las mías y las que usted me regaló. Las dos. Pero que no me hacen falta…

Usted y Lola no tienen nada que hacer. No hay más. #esoesasí.

Y no pasa nada. No pasa nada pues, ¿por qué Lola cuando yo estoy aquí? ¡Y yo soy divina también! Y no solo eso… Soy libre. Soy del mundo. Estoy abierta a todo. Y más cuando ante mí tengo a alguien que calza un 35 de generosidad y expectativas. Piénselo.

Me gusta la carne fresca, pero no hago ascos a buen vino cosecha del… 35. Y a usted intuyo que también le gusta la fruta madura, así que podríamos pensarlo.

Aprovechemos ese cuerpo febril, esas ganas, esa desesperación y hagamos arte. Nosotros podemos y sabemos. ¿Qué le parece?

Además, estoy dispuesta a ponerme las gafas de espejo, si es que eso lo que realmente le pone. Yo por usted hago lo que haga falta. Y le garantizo que lo nuestro será sutil, será sincronizado y será apasionado. Será salvaje. Será como nunca.

¿Ha hecho el amor alguna vez en la selva? ¿Acechado por miles de peligros, mientras usted se siente más vivo que nunca? Pues así será. d95c175fb71204f5a32c5136b78aae3c 500da68270d9af318a6292b3efb4520c

Le garantizo que volverá a recuperar la paz y el sosiego, porque lo que me cuenta de que ha vuelto a un señor impotente no puede volver a suceder.

Probemos y ya verá como en breve volverá a abrir la consulta. Si quiere me voy a buscarle a la cabaña de Gredos, va a ser genial, ya verá, a ver, Gredos no es la selva, pero con un poco de imaginación nos podemos teletransportar, que donde hay gatos es fácil imaginarse que hay tigres. Y ya desde allí planeamos algo para que el minga fría recupere la alegría y pueda usted regresar a su vida de siempre.

¿El impotente es guapo? Tal vez podría hacer algo con él, he devuelto a la vida a más de uno… ¿Cómo se llama? El nombre es muy importante para mí. Dígame que tiene un nombre de cuatro sílabas y le aseguro que el problema estará resuelto en un periquete.

Ya verá como sí. Y ahora ya le dejo. Tengo que regresar a la fiesta. Pero usted tranquilo que de todo se sale. Vamos hablando…

 

Con cariño,

Miss Orchidea Sousa

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