Todo o nada Raine Miller por Porfirio Discount.

Sinopsis: Ethan Blackstone tiene un serio problema. Acaba de romper la confianza de Brynne y ella lo ha dejado. Sin embargo, no está dispuesto a darse por vencido, no va a rendirse; hará todo lo que pueda para recuperar a su preciosa chica americana. La pasión entre ellos es abrasadora pero los secretos que se esconden el uno al otro son muy dolorosos y lo suficientemente serios como para acabar con la posibilidad de una vida juntos.

Además, debido a las amenazas políticas que ahora caen sobre Brynne, Ethan tiene poco tiempo para reaccionar y ha de reunir toda su fuerza y habilidad para protegerla de los peligros que pueden apartarla de su lado para siempre. ¿Será capaz Ethan de liberar a Brynne de un pasado que la sigue atemorizando? ¿Volverá a sentir el calor de su piel, a recuperar su confianza de nuevo? Esta es la historia de un hombre enamorado que hará cualquier cosa para poseer el corazón de la mujer que ama. Y que llegará hasta donde sea para protegerla.
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No es habitual en mí subir por la Cuesta de Sto Domingo los sábados a las siete de la tarde en busca de Porfi. Solía tomarme un café con él en su chamarilería todas las mañanas cuando salía de los clubs de alterne de la zona, en los que trabajaba. Pero el destino me sonrió y cambié de profesión. Gracias a un cliente ahora soy modelo de fotografía, pero eso ya lo sabéis…
—¡Fueraaaaaaaa de mi tiendaaaaaa! —Grita Porfirio amenazando con una plancha de hierro en su mano derecha a un grupo de mujeres que le tienen rodeado en la puerta de la chamarilería.
—¡No les doy ni un maldito libro para reciclar! ¡Reciclen el papel del váter de su casa, o mejor sus cerebrooooss retrógrados! —Tiene la cara como la grana, congestionada , ¡Ay Dios mío! Echo a correr sin pensar en más salvando en pocos segundos la distancia que me separa del conflicto.
—Contrólese hombre, solo queremos esos libritos eróticos que no mira nadie, y que están acumulando polvo al lado de los radio-cassettes. —Habla una con cara de santa caída del cielo a escobazos y una mano sobre la otra tapándose el pubis; tiene pinta de ser la líder del grupo, ¡Qué peligro madre mía!
—¡He dicho que no! ¡Sobre mi cadáver! ¡Tía petarda!¡Santurrona! —Cada insulto se acompaña de un salivazo de regalo que escapa de los labios de Porfirio. ¡Nunca lo había visto así!
—¡Pero a usted que más le da! Si eso no lo lee nadie. ¿No ve que va contra natura? —Las otras mujeres que la acompañan asienten de forma inmediata a lo que va soltando por la boca la santurrona.Hombre_gritando
—¿Qué pasa aquí, Porfirio? —La fatiga por el sprint no me impide hablar con fuerza y claridad. Me abro paso entre las urracas que rodean con aviesas intenciones a mi amigo.
—¡Aléjate Teté de estas mojigatas! ¡Son las nuevas Torquemadas!.
—¡Tranquilo Porfirio! —Intento calmar a las locas que se abalanzan sobre mi amigo, a la vez que coloco mi cuerpo a modo de muro de contención.
—A ver usted la de las manos tapándose el coñ..pubis entre en la tienda con nosotros, y las demás ¡Fueraaaaaaaa!
—Señorita, tranquila., un poco de respeto, que nosotras somos de una ONG para reciclar….
—¡Adentrooo! —Grito enérgicamente. Entra sin rechistar, seguida de un Porfirio temblón y sudoroso. Echo el pestillo de seguridad de la puerta aunque no sé cuánto tiempo podré detener a las que se han quedado fuera.
Libros tirados por el suelo, trocitos de cristal de platos rotos y esparcidos por doquier, crucifijos entremezclados con tocadiscos del año de Maricastaña…
—¿Y esto? —Pregunto con un cabreo del quince
—“Esto” han sido las señoras estas que en nombre de no sé qué pamplinas de ONG me querían hacer creer que mis libros, solo sirven para ser reciclados.
—Vamos a sentarnos y a aclarar las cosas. —Acerqué tres sillas de plástico de jardín que había apiladas en un rincón.
—Yo no me voy a sentar ahí, están llenas de roña—Suelta la recatada con cara de asco, arrugando la nariz
—Señora, ¡No me ponga más nervioso de lo que estoy! —Vuelve a levantarse Porfirio con perversas intenciones. La puerta de la calle tiembla producto de los empujones de las que se quedaron fuera al ver que Porfirio levanta el puño con la plancha de hierro.
—Cálmate, Porfi. Comencemos por el principio, como seres civilizados. —Nos sentamos los tres, ella en el borde de la silla haciendo ruiditos de desaprobación y disgusto.
—Estaba terminando de leer Todo o nada de Raine Miller, cuando esta panda de de de…
—Señorita, nosotras somos un colectivo ecologista sin ánimo de lucro que…493eac43cdsuegra
—Pero, ¿No decías que no ibas a volver a leer nada de esta escritora? —Sonrío. ¡Qué valiente es mi amigo!
—Sí, bueno pero tú ya me conoces, tampoco puedo rechazar el reto que me supuso averiguar la amenaza…
—¡Esto es una falta de educación muy grande! ¡Me ignoran!
—¡Amenaaaazzaaa que pendía sobre la cabeza de la pobrecita Brynne !—Eleva la voz unos cuantos decibelios para taparle la boca a doña Recatada.
—A ver señora, ¿Me dice su nombre para poder dirigirme a usted? —Pregunto con calma.
—Agustina Ríoseco. —Eleva una ceja desafiante. No, no voy a hacer chistes con su apellido, pero me lo pone muy difícil la verdad sea dicha. Porfirio se está mordiendo los carrillos por dentro, lo noto, le lanzo una mirada de advertencia, para que se aguante de emitir comentarios al respecto…
—Dejemos a mi amigo que continúe con el relato y así podremos contemporizar señora Ríoseco.
—Sabes que cuando estuvimos en la playa, leí la primera parte, Desnuda. No aclaraba los motivos por los que la protagonista estaba siendo amenazada de muerte. El padre de la chica había contratado a Ethan Blackstone, dueño de una agencia de seguridad. para protegerla.
—Sí, sí. Lo recuerdo perfectamente. Continúa por favor.
—No sé para qué quiere que continúe, ya me lo imagino…—Suelta la Ríoseco.
—Sigue, ¡te lo suplico! —Bufé. Estaba claro que no nos iba a dejar hilar más de una frase seguida la muy estirada.
—Bueno pues aquí nos lo aclara. Pero quiso ser tan dramática que no consiguió emocionarme ni un pelo.
—Pero, ¿por qué?
—Porque inventa una historia trágica: El senador Oakley de los EE.UU, que ahora se presenta a las elecciones para presidente, tiene un hijo que hace años salió con Brynne. Siendo ella todavía menor, la violó junto con otros amigos sobre una mesa de billar…
—¡Qué horrorrr de libro! ¿Dónde lo tiene?
—Y, ¿para qué lo quiere saber señora? —Le ladra Porfirio
—Por favor un poco de calma. —Intercedo como puedo
—Esa escena según la estaba leyendo me recordaba a la película “Acusados” solo que a Jodie Foster la violaban sobre una máquina del millón. AcusadosDVDRipDualbyjose1969exploradoresp2pcomavi_snapshot_012353_20131016_050919

Y es que la escritora lo describe tan zafiamente que no logra conseguir el efecto deseado. O sea empatizar con la pobrecita Brynne. El senador no quiere que salga aireado en prensa el terrible comportamiento de su hijo, con lo cual lo empaqueta y lo envía a la guerra de Irak.
—Pero vamos a ver, ¿ Los padres de la protagonista no lo denunciaron, Porfirio?
—No, para nada; la madre cree que su hija es una zorra y que ensuciaría el nombre de la familia si llegara a saberse y el padre prefiere no airear el asunto tratándose del hijo de quién se trata. Se queda embarazada para terminar de rematar el culebrón. Y encima no sabe si abortar o no, con lo cual intenta suicidarse. Todo muy incongruente.
—¿Ve cómo mi ONG tiene razón de ser? Además hacemos un favor al medio ambiente retirando productos nocivos para la moral y las buenas costumbres. —Añade la riosecana con aire de suficiencia
—¡Deje de adoctrinar por Diossss!
—Cálmate y sigue. —No sé cómo va a terminar la contienda, empiezo a sudar de lo lindo…
—Veamos, en la última escena del primer libro, Brynne sale huyendo por sentirse engañada por el protagonista, al no saber los motivos por los cuales la está protegiendo. El padre no quería que lo supiera y cuando contrató los servicios de Blackstone así se lo hizo saber.
—El problema surge porque se hizo un video de la violación y se distribuyó por internet, la gente que ha tenido acceso a ese video está muriendo en extrañas circunstancias, así pues la protagonista vuelve a los brazos seguros y musculosos de Blackstone…
—Joder Porfi qué aburrimiento de libro
—No te lo puedes ni imaginar. Porque ahora viene lo peor. Y lo peor es que el protagonista nos narra en primera persona, el retorno a los brazos de su amada. Cuando se la lleva a la cama por primera vez en este libro, se apunta mentalmente agradecer a la señora que le limpia la casa haber cambiado las sábanas con restos de semen de la última paja que se hizo pensando en Brynne.tracyemin11
—¡Aaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyy qué asco por Diossss! — Agustina se levanta de la silla como impulsada por un resorte, con los pelos tiesos.
—Pues sí pobre mujer, tener que limpiar las miasmas del prota…—Concedo a la mojigata.
—Es que no entiendo tanto detalle escabroso y de mal gusto en estas novelas. ¿Dónde quedaron esos suspiros tras dos horas mirando a los ojos del amado? ¿Dónde? —La histeria la domina y tiembla como una hoja.
—¿Eingg? —Nos miramos Porfi y yo con cara de incredulidad.
—El protagonista nos recalca hasta la saciedad que existe tal química entre ellos dos mientras viven, comen y follan juntos, que aburre a los muertos; cuando a nuestra protagonista le baja la regla, él se toma la molestia de llamarla “La Maldición”, pero querida mojigata y Teté, no os preocupéis que nuestra Brynne toma la píldora y esa maldición gitana que toda mujer posee una vez cada veintiocho días y al menos tres días en ese período , a ella le dura apenas un par de horas y puede follar como una coneja sin la molestia de los fluídos menstruales.
—¡Bastaaaaa! No puedo soportarlo. —Se tapa los oídos con las manos mientras se desgañita y canta canciones de patio de colegio.
—Los celos y la idea de posesión le persiguen al protagonista en cada escena del libro, de tal manera que podemos leer pensamientos del estilo “Este coñito tan dulce me pertenece a mí cuando lo lleno con mi polla y me corro dentro”. Las diferencias de opinión y de criterio de los personajes se resuelven con un pensamiento por parte de Ethan tal que así ” Qué falta le hacía un buen polvo para hacerla callar…” Te azotaré contra el lavabo”
—¡Cállese por Diosssss! —Se desgañita Agustina. —Miren nosotras hemos venido recogiendo libros de estas características que dañan la imagen de la mujer actual que no necesita leer estas guarrindogadas. Es totalmente innecesario.rottenmeier-von-heidi
—Bueno ya está bien señoraaaaa, a ver ¿por qué no va a ser necesario? —De nuevo se le está empezando a calentar la boca a Porfi…
—Porque no nos merecemos salir retratadas de esta forma sumisas, estúpidas y maltratadas.
—Mira Agustina, el problema está en que fundamentalmente estos libros son malos per se. —Pestañeo con cara de inocente.
—Malos de solemnidad además. —Añade Porfirio
—Y ustedes pretenden apagar fuegos de cocina con agua, no sé si me entiende. —Señalo con mi dedo índice a las de la puerta, que empiezan a gritar de nuevo como posesas.
—Entiendo que vivimos una época en que todo vale y hay que imponer unas normas, leyes que protejan a nuestro género de tales aberraciones.
—¿Y cómo se supone que lo vas a conseguir, Ríoseco? —Pregunta con sorna mi amigo. —¿Entrando en mi tienda con una panda de locas y destrozándome lo que encontráis a vuestro paso?
—En esta tienda y en todas las que podamos y denunciando si es preciso. —Asegura con la cara como un tomate.
—¿Denunciando el qué? ¿Libros de ficción? No me haga reír. — Me levanto de la silla yo también. Esto es ridículo.
—Podría yo también denunciarte por haber entrado así en mi tienda como una vándala con sus secuaces. Es más, ¿dónde anda el teléfono que ahora mismo voy a llamar…? — No termina la frase. Rebusca entre los papeles, vidrios y demás restos de utensilios esparcidos por el suelo..
—¡Quieto Porfi! ¡Déjalo! Esta señora no va a molestarte más, porque me voy a encargar yo de pasarle unos estudios realizados en mujeres adultas, sobre sus fantasías, sus gustos y sus apetencias sexuales más secretas.Fantasías-tarro
—¡No gracias! ¡No me hacen falta!
—Estaría mejor que te dedicaras a mirar un poco más hacia arriba. —Apunta con el dedo pulgar hacia el techo mi amigo. —Igual te manipulan haciéndote creer esto que defiendes y no es más que una guerra de ventas y markéting, ¿No te has parado a pensar un poco en ello? —La sonrisa que luce Porfi, es verdaderamente diabólica.
—Te aseguro que estos libros tan mediocres no merecen la energía que os gastáis. Eso sí podéis vociferarlo a los cuatro vientos que están mal escritos, que son horribles copias, de copias, de copias del absurdo Grey. Solo tienen ese valor Agustina, créeme.
—Me voy no quiero oír más sandeces.
—¿Cómo decías que se llamaba tu ONG?
Acelera el paso hacia la puerta. Tanta dignidad nos provoca la carcajada. El portazo que arrea es de campeonato.
—Por cierto, Porfi ¿Cómo termina el libro? No lo contaste al final.
—No pude acabarlo.¡ Qué malo por Dios!
Comenzamos a recoger trastos y a limpiar la tienda. Merecía la pena mucho más que pensar en el altercado ocurrido con las salvadoras del género femenino.
Continuará…

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