Obsesiones invernales o cómo perder el eje en modo Zen


Estoy aparcando la moto en la puerta de mi cabaña de invierno. Un sitio apartado y olvidado de la mano de Dios. Necesito paz y tranquilidad. Solo unos días. No soy sociópata, no. Diríase que soy urbanita cien por cien. Pero de vez en cuando mi cuerpo y mi mente serrana necesitan entrar en contacto con la naturaleza, sentir cómo la savia elaborada de los abetos y los pinos que me rodean es absorbida a través de mi piel cuando me abrazo a mis hermanos vegetales y conecto con el Universo…

De vent d’Espagne en pluie d’Equateurrr , Voyageeeee, voyageeeeeee
Un escalofrío recorre mi columna vertebral desde la coronilla hasta la punta del dedo gordo del pie. Me ha entrado un miedo como no sentía hace años. Un intruso se ha colado en mi casa. El ruido proviene de mi hogar, sin duda. Pero el miedo que experimento no ha sido precisamente por lo que se supone que habéis pensado, no.

He sentido terror cuando las ondas sonoras procedentes del salón de la cabaña han atravesado en su movimiento uniforme a velocidad constante, el cristal del ventanal y han alcanzado sin vergüenza ninguna el oído medio y posteriormente atravesado como un rayo aniquilador mis tímpanos.Creo que me los ha reventado el sujeto “Okupa” ¡Diosss algunos cerdos gruñen mejor! No puedo entrar así como si nada. El shock me ha dejado paralizado. Apenas puedo pestañear para observar al pájaro que se ha colado en mi nido…
¡Voyage voyageee plus loin que la nuit et le jourrrrrrrrrrrrr voyageeee! —Noto resquebrajarse la nieve bajo mis pies. Como no le calle pronto vamos a tener en la zona un serio problema de aludes. Así pues abro la puerta de “Mi casa” sin contemplaciones, prácticamente arrancándola de los goznes.

¡Mon ami! Pasa estás en “su” casa —Se levanta del sofá con la mano extendida, sonrisa en la cara y una pinta impecable.
—¿Qué haces en mi casa? —Respondo con cara de pocos amigos. Rápidamente mi mirada se dirige al rincón donde guardo la escopeta de caza, por si acaso se me cuela algún animal salvaje en casa. Este solo es un humano con mucho hocico, pero probablemente más peligroso que cualquier jabalí malherido. El muy imbécil sigue con la mano extendida y el rictus un poco estirado, algo así como si llevara metido en el culo qué sé yo. ¿el palo de la escoba?

Asseyez- vous. Sienta amigo mío. —Muy bien, ¿quieres jugar? Juguemos. Me siento tranquilamente a su lado, me quito los guantes, el gorro, la bufanda y el abrigo. Los coloco en el sillón de al lado. No le quito ojo de encima. —¿Y bien?
—¡Ah!¡Oh! Oui, sí, Pardon amigo. Me llamo Germain, Germain Roussel. Enchanté. —Vuelve a estirar la mano. Los franceses son muy protocolarios no lo dudo, pero este se ha colado vilmente en mi territorio. Y como no se explique pronto lo va a pagar muy caro .Le estrecho la mano como si tal cosa.
—Soy Oliverio Morf…

Oui, oui, je le sais. Lo sé mi muy amigo mío. —¿Lo sabe?
—Bien, y ¿qué se supone que haces por aquí, Germain?
—Vivir el momento.
—Y vivir de los demás, también.
Non, non para nada Monsieur Morfidal. Mi filosofía de vida, es la de un rêveur, un soñador. Decidí un buen día allá en mi pueblo, aplicar a mi personne, el Carpe diem ¿Tú comprends? Abandoné todo. Lo vendí todo, mis propiedades, mis voituresTout.—¿Todo? —Qué interesante. Seguro que el capullo ha abandonado a su mujer y si tiene hijos por el mismo precio…pues también, ¡Qué coño! ¡A vivir que son dos días!
—Sigue querido, tu filosofía es muy interesante.
—¿N’est-ce pas? ¿Verdad que oui? Me conformo con poco mon ami. —Añade mientras alarga la mano y pilla con total desvergüenza unos cuantas lonchas de jamón serrano de bellota, de mi jamón “Cinco jotas”. Los ojos se me salen de las órbitas cuando veo el festín que tiene preparado en la mesita auxiliar. Además de un plato lleno de jamón, al que le concedo la maestría a la hora de cortarlo, sí señor, se le nota que lo ha pelado por la caña y luego por la veta que presenta el jamón lo ha cortado haciendo pequeños zigs zags con el cuchillo…

Bueno que me pierdo en menudencias. Mi chorizo y mi salchichón ibéricos, mi queso curado en aceite han corrido la misma puta suerte. Todo expuesto y bien presentado en sus platos con el único fin de que pase a la boca del gourmet de pacotilla. ¡Joder con el Carpe diem de los cojones!
—Toma un peu , es bueno. —Me ofrece como si los manjares fueran suyos y yo su invitado de honor.
—Pues claro que lo es.
Bon. Te cuento mon ami. Mi experiencia es simple. Me dedico a viajar. Me alojo en casa de la gente buena et belle que me quiera recoger y yo les hago unos petits trabajos en sus casas a cambio de un poco de comida sencilla y una cama también. Yo molesto poco y ayudo en lo que tú me pidas.
Este tío es un jeta… Así de claro ¿Un poco de comida sencilla? Lo mejor de mi despensa y una cama a cambio de ayudarme en las tareas de la casa. Vamos a ver ¿Y quién le llamó? Y lo más interesante ¿Por qué sabe mi nombre? Este conoce de mi vida y milagros y quiere algo de mí, algo más que un catre y un poco de comida “frugal”. Este no ha venido de vaya usted a saber dónde de forma casual; las mentiras las huelo a distancia ¿ No querrá quizá un consejillo del tío que sabe más sobre cómo tratar los problemas amorosos? Tengo paciencia de santo, pero este “Fransuas” me está sacando de mis casillas. Mientras le doy a la rueda con mis pensamientos.veo que se levanta y se dirige a la cocina. Oigo un “pop” de un descorche.c88a35dde8f26bbb24f8023f65fdd736 f05b71fe7567a989512ca6016d45af64

Mi botella de vino tinto de Vega Sicilia lo sé, lo presiento; el párpado inferior del ojo derecho ha empezado a temblarme descontrolado. Me levanto a por el rifle. Como no corte por lo sano, me come las reservas del invierno y se bebe hasta el agua de los floreros. Antes de entrarle le daré una última oportunidad de explicarse.
Me siento otra vez en el sofá como si tal cosa, y escondo la escopeta de caza lo suficiente para que no la vea y para que pueda sacarla a tiempo de que…
—¡Mon ami! Bueno tu vin.  —¡A morro! ¿Se está bebiendo mi Vega Sicilia cosecha del 85, a morro? Paciencia Oliverio que te pierdes y le vacías todo el surtido de cartuchos en el entrecejo.
—Como te decía molesto poco; yo partí de mi casa ahora hace dos meses. En busca de mi bonheur, mi felicidad. Cogí mi mochila y la llené con cuatro cositas de nada.
—Normal.
—¿Pour quoi?
—Porque el resto ya te encargas de saquearlo con ese aire servicial con el que te envuelves. Pero sigue mon ami, no te cortes bonito, cuéntame más.
—Yo vendí todo como te he dicho y decidí viajar y conocer el mundo. J’adore viajar. Soy sencillo, simple, me conformo con cualquier cosita.
—Con cualquier cosita no. —No había más que verle. Era un esnob. Su vestimenta le delataba. Los tejanos precisamente no eran del Carrefour. Si la vista no me fallaba el jodío llevaba enfundados unos Versace, una camisa blanca con el jugador de polo bordada en el pecho Ralph Lauren y unas botas Salomon…

Monsieur Morfidal, soy lo que ves, moi, no engaño, no oculto nada. —Eso ya lo decidiría yo.
—Germain, ¿desde dónde dices que vienes?
Au nord de la France. Viajo con mi caravane, conozco gente.
—¡Bueno ya está biennnnnnn! —Me levanto de golpe , gastando apenas un par de segundos en coger la escopeta de caza y apuntarle como Dios manda en el entrecejo. El pobre tipo pasa a adquirir un tono de cara cerúleo, muy, muy desagradable. La botella de vino se escurre de sus manos, manchando la tapicería del sofá. No voy a ganar este año suficiente dinero para arreglar los desaguisados del loquito fou este.

—Oliverio, s’il vous plaît, Je suis un homme d’honneur.
—¡Tú eres un cara dura para empezar! Responde o lo hará mi escopeta por ti.
—Soy normal, sencillo no escondo nada.
—¿Estás casado? ¿Tienes novia? ¿Pareja? ¿Mascotas? —Le tiembla el ojo como a mí. ¿Me voy acercando al motivo de su visita? No sé. Seguiré ajustando las tuercas del tiparraco.
—¡No, nada, sseee llllo jujujuro! —Encima el estupidito es un cabezón. Tendré que utilizar métodos más expeditivos.
El primer disparo dirigido contra el techo, suena como un trueno seco, retumbando en toda la casa. Adiós a mi lámpara Art Déco, una lluvia de cristales de colores cae cerca de nuestras cabezas.
—¡Responde canalla! —La mancha en la entrepierna es clara. Se ha meado de miedo, pero no abre la boca. Bien, lo hará el cañón de mi escopeta.
¡Jfjñguofafhohphljljfjoa plaîttttttt!
—Fransuas, Fransuas…
mi paciencia no es infinita.—Vuelvo a meterle el cañón un segundo. Aúlla de dolor. Le he quemado seguro. Pero más quemao me tiene a mí.
Je parle, je parle…
Comienza entonces.
— Oui, sí,
tenía un… un… un…
—¡Un quéeeeee! — Le encañono otra vez.
—Une une, pardonUne femme,
una mujer. —Suelta entre lloriqueos.
—¿La has abandonadoooo?
Oui.

—Hijo de … ¿Por qué? ¿La amas? —No puede soportar mi pregunta. Se tapa los oídos con las manos y tiembla como un cachorro abandonado y muerto de frío.
—Mmmm…
Cochon. —Tiro la escopeta al suelo. Acompaño entonces el apelativo con un puñetazo en la mandíbula. Un buen directo a la barbilla. El  imbécil tiene el detalle de desmayarse. Bien, esto me va a facilitar las cosas, más de lo que yo pensaba. Subo corriendo a la buhardilla. De un armario de herramientas, saco unas cuerdas. A este no le van a quedar ganas de viajar en lo que le resta de vida. Bajo nuevamente a paso ligero. Le ato de pies y manos.
Me siento tranquilamente enfrente de él. Mientras tiene ahora el buen gusto de despertarse y explicarme de qué va su historia, me fumo apaciblemente un buen Cohiba. El humo denso en forma de círculos que despido suavemente por la boca, lo dirijo sin contemplaciones al rostro del okupa.
Mueve los labios murmurando incoherencias, en francés obviamente: Pero hay algo que me llama la atención. Su subconsciente le traiciona y de vez en cuando suelta alguna palabra en español. ¡Qué interesante! Me levanto y me acerco a ver si capto algún mensaje de interés. ¿Cuántos kilómetros ha tenido que recorrer hasta mi humilde morada? ¿Mil? ¿Dos mil? Solamente, ¿Para qué? ¿Para comerse mi embutido y beberse mi vino? ¿Viajar solo para conocer mundo y recaer precisamente en casa de un chamán resuelvepleitos amorosos? No cuela.
Mis oídos captan palabras sueltas ¿Bebe? ¿Más todavía? ¿El qué? ¿El Nilo esta vez?
Mon bébé… —No puedo escucharlo. ¡Tiene un bebé! ¡Lo ha abandonado! Mi puño cobra vida nuevamente y se estampa contra la nariz del interfecto.
Mon Dieu, no más, ¡para Oliverio! Monsieur Morfi…
—Eso depende de cuánto tiempo estarás dispuesto a aguantar sin decirme la verdad.
Moi,  je n’ai pas, no tengo nada que añadir.
—¡Serás cabrón! —Vuelvo a levantar el puño, pero yerro el blanco. Es rápido y esquiva el golpe a pesar de tener las manos atadas.

—¡Pardon! —Suena lastimero, pero no me fío ni de mi sombra, así que lanzo un buen rodillazo a su entrepierna. —Esto te pasa por entrar en mi casa sin haber sido invitado, sin saber que vive un señor con muy malas pulgas que aborrece a los cobardes como tú que se dedican a abandonar a sus femmes y a sus enfants.
—Pero Monsieur, yo no tengo enfants
—¿No? ¿Tú te crees que me he caído de un guindooooo? —Le grito al oído sin contemplaciones.
—¿Guindo? —Pregunta con voz entrecortada.
—Un árbol, pero ¿a ti qué te importa? —Dime, si no quieres que saque la escopeta de nuevo. Esta vez no apuntaré al techo, te lo aseguro.
—¡No tengo enfants, tienes que creerme!
—Te he oído pronunciar la palabra bebé. ¡No me tomes por idiota, Germain!
Bébé… —Empieza a berrear sin pudor ninguno. —Pronuncia como un becerro herido. Realmente se le nota el desconsuelo en su actitud, en cómo abre la boca grande y rígida y en cómo aprieta los puños.
—He decidido vivir sin ataduras, pensando única y exclusivamente en mí.
—O te explicas ahora mismo, o te estampo el puño en esa cara tan rígida que Dios te ha dado…

—¡Bien! Déjame que me serene. Son dos minutos et bien, bébé c’est un apelativo cariñoso, era así como llamaba a mi mujer.
—¿Ha muerto? —Pregunto incrédulo.
Non.  Non está viva y es hermosa.  ¡Belle!
—¿La amas?
—¡Oui, más que a mi vida!¡Pero nunca lo sabrá!
—¡Eso ya lo veremos! —Añado con una nueva patada en la entrepierna del pobre diablo. No puedo con los canallas tumbaviejas.
—Nooo me consagro a mí, a mi vida  je suis un rêveur… ¡Un soñadorrr! ¡No me pegues más por favorrrr!
—Germain, Germain…
Non.
No le escucho. Me pone enfermo. Tiro del cuello de su camisa de señorito y le tumbo en el suelo. Ayudado por la fuerza de mi ira le pateo en los riñones. Le sacaré la verdad como sea. Aborrezco los egoísmos, y los abandonos sin explicaciones. Un papel sobresaliendo de uno de los bolsillos de sus tejanos me llama la atención. La bota de la sierra se queda suspendida en el aire sin alcanzar el objetivo. Me agacho y extraigo de una sola vez el papelito.
—¿Esto qué es? —Agito el folio doblado delante de su cara. —¡Fransuas! —Desdoblo con suma paciencia la hoja. Está tan sobada como la barra del metro. Cae una fotografía.
Bébé
—Bebe, sí, bebe que te va a hacer falta. —Tomo la fotografía del suelo. Es la imagen de una mujer como no podía ser de otra forma. Mirada profunda, mejillas delicadamente sonrosadas, labios hermosos de un tono rojo atardecer, cabellos recogidos en un moño bajo, cualquier hombre desearía que su mujer le mirara con tanta pasión. Alzo la vista . El señorito se ha encaramado de nuevo al sofá.
—Dime de qué me conoces. —Tomo de nuevo el puro que había dejado depositado con sumo cuidado en el cenicero, antes de emprenderla con Germain. Me siento tranquilamente enfrente de él. Voy a darle otra oportunidad mientras leo sin pudor el folio doblado una y mil veces.
—A través de un ami, al que mandaste à l`hôpital el año pasado.

—El año pasado salvé a ese amigo tuyo de que muriera atropellado bajo las ruedas de un coche, y los dos estuvimos en el hospital. No me lo recuerdes. Continúa…
—No leas eso por favor. No quiero escucharlo.
—¿Por qué? “…El amor consiste siempre en dar, y yo no voy a abandonarte justamente ahora que es cuando más lo necesitas…” —Es una declaración de amor impresa desde una conversación de un chat ¡Qué interesante!
—Justamente lo que has hecho tú con ella. —Le vuelve a temblar el párpado inferior del ojo izquierdo.
—Decidí que era lo mejor para los dos. Ella es libre ahora. —Le miro de reojo por encima del folio.
—Libre , ¿para qué? —Continúo leyendo. — “… Me partes el alma, me has atado de pies y manos, dime qué puedo hacer con todo este paraíso que me ofreciste…” —¿Libre? Ya ves que no. Está atada igual que tú ahora mismo, pero sus ligaduras son peores que las tuyas. La has amarrado emocionalmente de tal forma que ha perdido el norte de una forma estrepitosa.
—No podemos estar juntos. Vivimos lejos, muy lejos el uno del otro.
—Querido papanatas, estamos en el siglo indicado para establecer comunicaciones de forma rápida y sencilla. ¿Dónde la conociste? No me lo digas, en alguna página de contactos de internet, de esas que tanto se estilan ahora. —Una nueva calada a mi Cohíba hace que me sienta más tranquilo. El humo inunda su cara . Tose espasmódicamente. Mejor así. Es posible que las volutas le hagan confesar antes de que lo haga mi bota estampándose en su cara.
Oui. Es imposible No llegaríamos a nada.
—“… Viajaré hasta los confines del Universo para oírte decir en mi cara que ya no me amas..”. Has abandonado a una mujer valiente, absurdo mentecato. —Sigo leyéndole. Le resulta tortuoso. Mejor.
—No creo en estos amores virtuales. —Alza el cuello dignamente entre la niebla de humo del puro.
—¿Crees en algo que no puedas tocar con tus propias manos?
Oui. En mis sueños, en Dios, énormément.
—¿Y no puedes creer en este amor virtual? —Dejo tranquilamente el puro en el cenicero y la declaración de amor junto con la foto al lado. Me levanto despacio, me aproximo a él y por supuesto, lanzo el puño nuevamente contra su barbilla.

—¿A qué has venido?
— ¡Auuuugggg! Moi, je… —La sangre se desliza por su barbilla. Tengo que calmarme o la chiquilla no podrá volver a ver de una pieza a este imbécil del que está enamorada sin remedio.
—Tú, ¿qué?
—Quiero recuperarla.
—No te oigo bien.
—¡Oliverio quiero recuperarlaaaaaaaaa! Désatame ¡Oh Mon Dieu! ¡Ayúdameee!
—No me gustan los cobardes, pero haré una excepción contigo puesto que has recorrido tantos kilómetros solo para enmendar la plana. —Le desato las manos y los pies. Se masajea las muñecas para recuperar la circulación sanguínea. Le extiendo mi pañuelo para que pueda limpiarse la sangre de la cara . No tengo remedio, he nacido para resolver conflictos amorosos. El infeliz tiene la dicha de haber encontrado a una mujer que le ame. Con ese canguelo que le adorna ha tenido suerte de que alguien se dignara siquiera a mirarle a la cara.
Pero ahí está. Arrepentido. Y eso le honra. Bien ¡Allá vamos, Oliverio!
—¿Has intentado reanudar contacto con ella? —Me paseo por la estancia, masajeándome la nuca.
—Empiezo a escribirla de nouveau, pero borro siempre la conversación. No puedo. Sé que la he herido tanto… Creo que me odia.
—Y de qué te extrañas. —Giro la cabeza y contemplo su cara magullada. Me he pasado un poco, lo reconozco, no me gusta la violencia, pero los abandonos a mujeres bellas y de buen corazón me gustan menos todavía.
—Bien, estoy pensando que aunque yo no manejo mucho las redes sociales, y ¡ojo! eso no quiere decir que no las conozca, simplemente me aburren, bueno pues como te decía en la redes sociales os manejáis mucho con las alusiones, lanzáis un comentario, una imagen, una canción al aire, y el destinatario del mensaje, seguro que lo capta, ¿Verdad que sí, Fransuas?
—¡Oui! —Algo parecido a una sonrisa se dibuja en su boca hinchada.
—Podríamos empezar por dedicarle una cancioncilla , ¿Qué te parece? —Voy en busca de mi portátil. —Subo a mi habitación y en menos de cinco minutos regreso con él. Me siento a su lado. Le tiemblan las manos. Supongo que está intentando controlar el miedo que siente a enfrentarse a la situación de restablecer comunicación con su amada.
—Bien, Germain vamos a recomendarle que escuche una canción, una por supuesto que hable sobre lo mucho que la amas.
—¡Oui!
—¿La tienes?

—¡Oui!
—Bien pues si ya has pensado en una que le pueda gustar… ¡Adelante! Te cedo mi ordenador para que hagas buen uso de él. Esperemos que la chica no te odie tanto como tú crees.
Empieza a teclear con dedos torpes. Sin embargo por su cara diríase que parece decidido. No me aparto ni medio centímetro de su lado. No quiero que se arrepienta y tenga que aguantarle más tiempo de lo necesario en mi casa vaciándome la despensa. La habitación se llena con el sonido de la música que ha elegido. La letra es buena. “Dame luz, siempre te amaré..”.
—Ya está. Ya se la he enviado.
—Bien, ahora reza muchacho a ese Dios que no ves pero en el que crees enormemente para que ella te responda.
—¡Oliverioooooooo! ¡Síiii!
—¿Ya? —No han pasado ni cinco minutos y el hombre ya tiene respuesta. Esa chica está hasta las trancas por el pazguato este.
Bon, realmente solo ha añadido a su lista de favoritas la canción que le hemos enviado.
—¿Te piensas que va a volver a rendirse a tus pies así como así? Vas a tener que trabajar duro, Fransuas.
—La amo tanto, que no puedo aguantar más este sufrimiento.
—Entonces, escríbela. ¡Ya! ¡Ahora mismo!
—¿Quoi?. No sé cómo empezar.
—¿Qué te parece un sencillo Salut?
—¡Oui! —Teclea ahora con más decisión la palabra clave. Sin embargo los minutos van pasando y no recibe contestación alguna. La tristeza invade su rostro.
—Acuéstate Germain. Te cedo mi habitación. Encendí la chimenea cuando fui en busca del portátil.
—Oliverio, gracias… merci.—Con paso cansino se dirige escaleras arriba a mi habitación. El ordenador ha quedado apoyado en el sofá. Ha dejado abierta la página del chat.
El cursor parpadea al lado del solitario saludo . Miro a través de los ventanales. Ha empezado a nevar copiosamente. Echo más leña al fuego. La habitación se está quedando fría. Me tumbo en el sofá. Me arropo con una manta. Faltan un par de horas para que amanezca. Cierro los ojos. Solo un rato. Noto los nudillos hinchados de los golpes que le he endosado al pobre diablo.
La luz del amanecer y el ruido de una campanilla me despiertan. Giro la cabeza en dirección a la fuente de ese sonido peculiar que avisa de la entrada de un nuevo mensaje. En la pantalla del ordenador aparece una nueva línea brillante que no estaba ayer y que dice así:
Salut mon Germain”.

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Halloween con mis bellas

De nuevo treinta y uno de octubre No sé si sabéis ya que no celebro Halloween. Mi familia me educó en la cultura de la noche de difuntos, de don Juan Tenorio, de la degustación de los buñuelos de viento y los huesos de santo; así pues no comulgo con el insulso trato o truco, la calabaza desdentada con aire siniestro y la puñetera matanza de Texas… Como un año más sigo la tradición y me preparo para el visionado de mi obra de teatro favorita
Mientras aparco la moto a la puerta de mi casa, me voy frotando las manos mentalmente , pensando en esos buñuelitos de crema y nata que me voy a zampar a la vez que mi memoria recuerda pasajes de mi obra de cabecera que disfrutaré en menos de diez minutos
“Por donde quiera que fui,
la razón atropellé
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.”

Mi querido don Juan, eres el espejo donde me miro siempre…
Saco el paquete de la pastelería de debajo del asiento de la moto. Al llegar a la verja , noto que está abierta.Rompo a sudar. Se me ponen los pelos como escarpias de pensar que haya podido entrar alguien en mi casa a robar.
Ya es de noche y no veo un pimiento. He olvidado reprogramar el encendido de las luces del jardín . así que ando arrastrando los pies tanteando el terreno .. De repente noto cómo me agarran por detrás con fuerza y me tapan la cara con un pañuelo. Me llevan en volandas hasta la entrada de la casa y allí me depositan con cuidado de nuevo. Cuando me destapan la cara descubro anonadado a un grupo de mujeres vestidas de brujas que gritan al unísono en el hall de mi casa:
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—¡SORPRESAAAAAA! —El paquete de buñuelos se desliza de mis manos a causa del estupor y cae al suelo. . La avalancha de mujeres lo pisotea en su afán por besarme, abrazarme y lanzarme piropos sin medida ninguna. Sonrío ante mis bellas Don Juan al ataque, ¡ahí estamos Oliverio!
—Mis queridas niñas, ¡Qué honor! ¡Qué sorpresa! —Y mis buñuelos hechos mierda.
—Contadme bellas damas que os trae por a…—Me vuelven a llevar en volandas hasta el salón sin dejarme terminar la frase…
—Mi amorr venimos a alegrarte la noche de Halloween. —Oigo tras mis espaldas Creo haber reconocido la voz de mi bella Elvia. Entre todas me depositan dulcemente en el sofá .
Los ojos se me disparan de las órbitas. ¡Han decorado mi salón con calabazas desdentadas, y telas de araña asquerosas!
—Y a contarte cómo nos gustan los hombres para que hagas un estudio de campo.a conciencia. —Remata Ingrid otra de mis bellas mientras me pellizca los carrillos.
Las risotadas alegres invaden la estancia.. De la cocina veo salir a mi Magnolia con una bandeja de buñuelos. Después de todo no me voy a quedar sin degustar mis dulces preferidos. .Sienna toma una servilleta y me la ata alrededor del cuello. Noto que me acaricia el cuello así como al descuido. Carraspeo. No veo a mi amada pero intuyo su presencia en algún rincón de la estancia.
Entre mi Magnolia y mi Eva me alimentan con ternura con los buñuelos de la bandeja..
—¡Amigochas, digámosle a nuestro Oliverio lo que más nos gusta de los hombres! —Grita apoyada contra la chimenea mi niña Ara… ¡Comienza tú Elvia!
—Que sea ATREVIDO (que vaya a to’a sin miedo). Que tenga detalles (fechas importantes)Que no se acobarde ante nada (de que los hay, los hay uufff) Que me trate como a una REINA ( en todo momento, no solo en chaka,chaka,) Que sea fiel y lo haga a todas horas (mañana, tarde, noche, madrugada) con mucha energía,
Todas ríen y aplauden los gustos de Elvia. Yo sin embargo solo puedo concentrarme en un leve aroma a un perfume familiar que me eriza los pelos de la nuca.
—¡Voyyyy me toca!—Es el turno de Ingrid.
—¡Mmmmghmxc!.—Imposible hablar. Abro la boca únicamente para que me ceben con más buñuelos.
—Me gusta que me respete. Que tolere a mis hijos ¡Que sepa mover el bote en la cama!
—Eso es muy imporxjpñjdfj.. —Una copa de champán se acerca a mi boca. Bizqueo al ver aproximarse la ola del líquido espumoso, dorado, chispeante; trago boqueando como un pez, ¿Me ha parecido ver un reflejo de unos cristales espejados con el rabillo del ojo?
—Yo quiero que me trate bien, que me lleve a la ópera. —Añade Sienna mientras me limpia con la servilleta las comisuras de la boca.
—A mi me encanta que un hombre saque lo mejor de mí y de sí mismo —Responde Eva dirigiendo un buñuelo en pleno vuelo directo a mí.
—Que sea original, que sea sensible…—Asiento despacio. En medio de tanto alboroto he descubierto la causa del latir errático de mi corazón. Ahí está por fin, regia, llenando con su sola presencia la estancia. Siento que muero al verme reflejado en sus cristales espejados..
—Buenas noches. Creo que falta mi opinión. ¿No os parece? —Mira de una en una a todas las presentes. Está claro quién maneja el cotarro. Quién es la dueña de mi corazón. Quién…
—No me gustan los hombres con halitosis. —Instintivamente me llevo la mano a la boca y echo el aliento junto con unas pocas de migas en la palma. Necesito que me llegue el aroma cuanto antes a las fosas nasales. No, solo me huele a buñuelos.
—No me gustan los impotentes. —Una sonrisa lobuna se dibuja en mi cara. Sabes mi bella que has errado el tiro esta vez, ¿verdad?
—No me gustan los tacaños. —Se oyen risas descontroladas de mis queridas amigas. Esta vez soy yo el que toma la copa de champán y bebe un buen trago.¿ Cuántas ignominias tendré que escuchar de su boca, hasta que se rinda a mis pies?
—Ni los perros —Añade señalándome con el dedo.
—Querrás decir los vagos —Contesto medio atragantado.
—He querido decir PERROS. —Responde tajante
—No me gusta la barba de Oliverio Morfidal. —Termina su monólogo. Se gira con aire triunfante y un golpe de melena. Con pasos decididos abandona el salón.
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Me levanto de un salto. La alcanzo cuando va a salir por la puerta..Arrinconada contra la pared, le quito con delicadeza las gafas. Tomo una mano suya entre las mías y hago que me acaricie la cara recién afeitada. Sus dedos tiemblan ligeramente. No puedo evitarlo. Necesito sentir su boca o moriré de necesidad. Sé que lo desea tanto como yo. Así que bajo mi cabeza y me aproximo lentamente al objetivo. Tendrá que ser …Ahora o ¿Nunca?
Continuará…. 4ca22a981e155923f9e7eb96bba22233

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La Bikina por Oliverio Morfidal

La Bikina

 

 

Pasa luciendo su real majestad
pasa, camina y nos mira sin vernos jamás”

Increíble pero cierto. De nuevo estoy en ruta con mi vespa por la Sierra de Gredos,  volviendo a mi hogar. Con la llegada del verano, las aguas revueltas que amenazaban con inundar mi vida, han vuelto a su cauce. He podido salir de mi escondrijo con la inestimable ayuda de mi amiga Miss Sousa. No puedo superar el rechazo de esa gata traicionera de gafas espejadas, pero por los dioses que  conseguiré su amor, así me cueste mmm ¿la vida?

Ya diviso a través del casco mi casa y a alguien más. ¿Quién será ese hombre que está paseándose frenético, alrededor de mi jardín? ¡Ay Dios! ¿No será el tipo de mi aventura pasada, que juró descuartizarme porque erré un pelín en el diagnóstico? El caso es que  le dejé pegando gatillazos a diestro y siniestro. Freno en seco la moto. Me quito el casco y me pongo las gafas de sol que llevo guardadas en el bolsillo de la camisa. Aparco  un poco lejos de casa, lo sé, sin embargo la distancia prudencial que dejo hasta la cancela del jardín podría ser determinante para salvarme el pellejo de este posible indeseable…

—¿Doctor Morfidal? ¿Es usted Oliverio Morfidal? —Eleva la voz y la cabeza. El frenazo ha debido alertarle de mi presencia.

—Depende. —Me escucho decir. La verdad es que no me llega la camisa al cuello cuando veo que el tipo se abalanza sobre mí, el brazo derecho estirado con intenciones de quién sabe si estrecharme la mano o clavarme una navaja de Albacete en la barriga. Menudo aspecto desaliñado presenta el amigo: La camiseta blanca y unos bermudas caqui arrugados, señal de haber dormido con ellos puestos por lo menos  dos o tres noches seguidas, unas playeras viejas, los pelos revueltos como si hubiera metido los dedos en un enchufe, y una barba de al menos  tres días. No lo puedo evitar. Tanta desidia y dejadez disparan todas las alarmas en mi cabeza.

—Mi nombre es Diego Argenta. —Le brillan los ojos, pero no logro distinguir si es de angustia, desesperación, o de que se ha pasado tres pueblos con los gin-tonics. Disimuladamente huelo a su alrededor. En la primera olfatada descarto que esté “mamado”.

—¿Es o no es usted el doctor? —Insiste con la mano estirada. No me queda más remedio que ofrecerle la mía, que la estreche y que sea lo que Dios quiera.

—Sí, bueno, no…

—¿Sí, bueno o no? Mire no tengo tiempo para estupideces. Me dijeron que el doctor Morfidal podría ayudarme con unas herramientas un tanto peculiares…

—Ya no las tengo. Las fundí. —¡Oh Dios qué voy a hacer sin mi quijada y sin mi rabo!

—Entonces sí es usted. ¡Menudo alivio! Llevo horas esperándole. Tengo la lengua pegada al paladar. Necesito urgentemente un par de vasos de agua, o moriré deshidratado. —Apenas le oigo, la pena por la pérdida de mis herramientas me tiene abrumado, tanto o más que la indiferencia de mi amada…

—Pssst, ¡eh! ¡oigaaa! ¿Se encuentra bien? —Nos acercamos a casa con trote cochinero hasta llegar a la verja del jardín.

—Sí claro. Entremos. —Abro la puerta de mi hogar y desconecto la alarma. Avanzamos por el pasillo y llegamos a la cocina. La claridad de la tarde se cuela por el ventanal que da al jardín. El tipo zarrapastroso me adelanta por la izquierda y empieza a abrir los armarios, sin tino ninguno en busca de un vaso. Sigo anestesiado por la tristeza. Me importa una mierda meter a un desconocido en la cocina para que me la revuelva o vaya usted a saber para qué.

—Oiga menudo casoplón tiene. ¡Me gusta! ¿Vive solo? —Me pregunta mientras abre el grifo. Me ha dejado todas las puertas de los armarios abiertas, pero al final ha dado con un vaso de Duralex, de esos que vende mi amigo Porfirio.

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—Sí, ahora sí. —Cierro todas las puertas. ¡Qué tío más jeta! Apoyado contra el fregadero, me observa fijamente mientras se bebe lentamente el vaso de agua. Según él estaba sediento, pero se lo toma con total parsimonia, como si fuera el más fino de los vinos, degustando y paladeando cada sorbo.

—Es paradójico que en una cocina parecida a esta empezara toda la historia que me ha traído hoy hasta usted, ¿sabe?

—¿No quiere sentarse? —Le acerco una banqueta de esas giratorias de patas altas, yo me acomodo en otra.

—Sí claro, gracias. Llevaba dos horas esperándole.

—Dice que la historia empezó en una cocina…

—Mire. —Del bolsillo trasero del pantalón extrae una cartera con más roña que el palo de un gallinero. Saca  una fotografía  y me la pasa.

—Mmmm.

—Mmmm, ¿qué?

—¿Quién es? —Me mira con cara de pocos amigos. Me abstengo de comentar lo que me parece la tipa de la foto.

—Es mi ex mujer. Menudo bellezón, ¿eh? —Me guiña un ojo. Sonrío por compromiso. La mujer que aparece en una cocina de dudoso gusto es delgada, lleva puesto un bikini de imprimación animal y unas chanclas. Completan “el cuadro “ unos cacharros recién fregados puestos en un escurreplatos de plástico; todo muy idílico y choniesco.

—Esa foto tiene unos añitos, pero ella sigue estando igual de guapa. Ese cuerpazo ha parido tres veces pero continúa macizorra.

—La sigue amando por lo que veo.

—¿Yo? ¿Qué dice? ¡Por favor! Nos llevamos de puta madre, eso es todo.

—Entonces, ¿para qué quiere mi ayuda? Mire señor Argentia…

—Argenta. —Me rectifica.

—Argenta, disculpe estoy muy cansado, así que le ruego que vaya al grano o me temo que no tendré más remedio que invitarle a que salga de mi casa.

—¡Andaaaa! ¡Nos ha salido el hechicero tiquismiquis! ¡No te jodee!

—Oiga señor Argentina, ¡un respeto!

—¡Argenta! No se impaciente hombre de Dios. —Deja el vaso apoyado en la encimera, se rasca la cabeza con fruición y comienza su relato.

—Mi ex y yo nos separamos hace un par de años. Conoció a un hombre más simple que la cagada de un pavo, menos profundo y más divertido que yo, eso me dijo, así pues me dejó con tres palmos de narices. Me soltó eso del “Te quiero pero no estoy enamorá”.

—Le noto que  al hablar  desprende un resentimiento del tamaño de la  catedral de Burgos…

—¡Que no coñooo! ¡Cómo quiere que se lo diga! ¡Que somos gente guay y civilizadaa!

—Prosiga señor Argentosa.

—¡ARGENTA! ¡Diosss! ¿Está sordo o qué? Verá el otro día me la llevé a la playa… Vivimos en un pueblo costero del Levante.

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—¿Y ha venido desde el quinto pino para decirme que se la llevó a la playa? ¿Y por qué no se la lleva el otro, su pareja, el simplorro?

—Se han separado. Se juraron amor eterno. Pero ha durado un año la relación. Alicia tiene un concepto un tanto peculiar de la palabra eternidad.

—Señor Argamasa o va al grano o le voy a tener que…

—¡ Argenta joooderrrrrrr A-R-G-E-N-T-A! —Tiene los ojos inyectados en sangre. No le está gustando nada que  me burle de él. Pobrecillo si  supiera que estoy empezando a pasármelo teta a su costa.

—Le decía que me fui con ella y con los críos a la playa. No quiero dejarla sola. Siempre ha sido un poco débil de carácter. Tengo miedo a que se haga daño ella sola. —Añade pensativo.

—Es muy creativa, no se vaya a pensar, pero no termina de rematar la faena con nada de lo que emprende. Lo mismo te diseña una lámpara, o un vestido que te monta una empresa de catering.

—Pero a ver Argensola, no se está explicando usted nada bien…

—¡Qué coñoooo, Argentaaaaaaaaaaa! —Voy  a dejar de tomarle el pelo, o mi cara se topará con un puño que no tenía previsto para hoy.

—Está bien, cálmese Argenta. Recapitulemos. Su ex le abandonó para compartir un ratito de eternidad con un cabeza hueca. Es una mujer creativa, emprendedora, pero que no cristaliza ninguno de los proyectos que se le cruzan por su loca cabecita.

—Exacto, veo que nos vamos entendiendo. —Se sienta de nuevo en el taburete. Coge el vaso de agua que había dejado sobre la encimera y vuelve a paladear el líquido elemento.

—¿Y qué tiene que ver todo esto con usted? ¿Quiere al cabeza de chorlito pero ya no está enamorá tampoco? ¡No me digaaa! ¡Desea volver con usted! —Me doy una palmada en el muslo derecho al darme cuenta de la jugada.

—Mire después de abandonar al cabeza hueca, se sintió bastante deprimida. Se veía fea, vieja, sin curvas, plana como una tabla de planchar. —Noto que titubea levemente. Creo que está a punto de soltarme el porqué de su presencia en mi casa…Lo huelo, lo presiento. Ahí va la bomba, está  a punto de estallar, 3 , 2 , 1…

—Ya le he dicho que somos gente civilizada, y que nos llevamos muy bien a pesar de habernos separado. ¡Joder ella es mi familia, la madre de mis tres cachorros!

—¿Y?

—Pues que no valgo para verla sufriendo. Así que el otro día en la playa me insinuó que si podría pagarle unas peras nuevas.

—¿Unas peras? ¿O sea que quiere tetas? —¡Jajajaja pero qué inocente! Carraspeo. Tengo que disimular la risa floja que amenaza con explotar en la cara del pobre alma de cántaro.

—¡Sí! Tetas, domingas, melones.

—Ya, sí, si hasta ahí llego amigo. El lenguaje de barrio lo controlo aún. Y no le pidió, mmm ¿algo más? Liposucción, blefaroplastia, pómulos, labios…

—¡Pssst! Oiga, Argumosa ¿Se encuentra bien? —Se le había ido el fuelle y mucho me temo que junto con él también se había esfumado el dinero de la cuenta corriente.

—Bueno, sí, no…

—¿Bueno , sí o no? —La ex le había limpiado hasta las telarañas del bolsillo. Me apostaba el cuello y seguro que no lo perdía. Me levanté de la banqueta y me acerqué al buen samaritano que ahora lucía como un trapo desmadejado. Sin humos, sin ínfulas, encogido, con la ropa arrugada, parecía un señor muy mayor, vaya un vejete.”Ringgggg Ringgggg”…

—Ese es su teléfono, Argenta. —Se rebusca mecánicamente entre los bolsillos del pantalón y saca un móvil de cuando el Mar Muerto estaba todavía enfermo.viejo-móvil

—¿Diga?

—¡Iti, Itiiiiiiiiiiiii! ¿Dónde te meteessssssssssssss?

—Alicia no puedo hablar ahora…

—¡Tienees que volveerrrrrrrrrrrr! Los niños te necesitan. ¿No estarás con ella otra veeeeez?

—No te preocupes, te prometí que la familia era lo primero para mí.

—¡Bieeeeennnnnnnnnnnnnnn! —Si gritaba un poco más desde luego que no le haría falta el móvil antediluviano para escucharla. El pobrecillo estaba padeciendo un infierno en vida. Dicen que por la caridad entra la peste. El desgraciado se encontraba en fase terminal con las bubas reventadas. Vivía a expensas de los caprichos de su ex. Cuando  terminara con él, no le iba a reconocer ni la madre que lo parió.

—Era mi ex. —Había colgado susurrando un “Ciao”.

—No, si ya me di cuenta. ¡Cómo grita por Dios! ¿Le pasa algo? No sé, ¿sordera, quizás? —Alzó rápidamente la mirada y la dejó fija en un punto indefinido de la pared de enfrente.

—Me llama cuatro o cinco veces al día.

—Insiste en que los hijos son lo primero. Ella no importa solo me recuerda lo fundamental, es decir que nuestros vástagos crezcan como debe ser con las figuras paterna y materna presentes en sus vidas adolescentes sirviéndoles de guía y apoyo en su camino hacia la mayoría de edad como seres autosuficientes, maduros y afectivos.

—Ya…

—Por lo tanto en mi vida no debería caber otra persona que me restara amor. Es como si se lo negara a mis hijos, para regalárselo a otra.

—Ya…

—Lo estoy consiguiendo Oliverio, me esfuerzo a cada momento por salvar a mi familia de las garras de los afectos ajenos de su padre. —Susurra, mirándose las manos.

—Ya… —Menuda lucha interior se trae el amigo Argenta, entre el deber impuesto y el amor “Fú” que intuyo siente por la otra.

—¿Sabe? El otro día le dije que contara conmigo para lo que quisiera, soy su amigo. Me encanta la belleza que desprende cuando me habla. —Sus ojos brillaban de nuevo con la misma intensidad que la luz que inundaba el jardín de mi casa a mediodía, en pleno verano.

—Ajá. Si no me equivoco ahora está hablando usted de otra mujer, la que dice su amiga.

—Me gustaría contarle tantas cosas, escribir lo que siento por ella. —Asiente levemente. Entre frases inconexas iba descubriendo el sofisticado juego de ataque de la ex mujer: Al igual que un martillo pilón estaba aplastando aquel amor apasionado pero reprimido del corazón oxidado de Argenta.

—¿Y por qué no lo hace? ¿O prefiere seguir manteniendo una parodia de familia?

—Oiga, ¡un respeto! ¡Mis hijos no son ninguna parodia de familia! —Me taladra con el dedo índice derecho el hombro izquierdo. Pero no me amilano, no.1301769350638r4O

 

—¡Exacto! ¡Sus hijos son su familia! Su ex no. Ya no. Solo es la madre de sus hijos. Le está extorsionando emocionalmente, para seguir sacándole la pasta, mi querido Argenta. En cuanto le pague el último apaño estético, volverá a compartir la eternidad de un momento con cualquier otro mindundi. Hasta que se canse del de turno y regrese a por más guita para más reparaciones de chapa y pintura.

—Ya me arruinó la vida en otra ocasión.

—No deje que lo haga más. No permita que le confunda. Hoy en día existen muchos tipos de familia y ninguno necesariamente ha de ajustarse al modelo que le impone su ex. ¿Cómo se llama ese bombón que desprende tanto amor mientras habla?

—Elvira. —Responde raudo como una centella. —¡Ufff! Este hombre está coladito, vamos hasta las trancas por la tal Elvirita.

—Usted vino a pedirme consejo y yo se lo voy a dar. Olvídese de su ex. Conozca mejor a Elvira. Dese una nueva oportunidad de amar y ser amado. Constrúyase una nueva familia. Inténtelo por lo menos.

—No sé si podré hacerles comprender a mis hijos esto que siento.

—¡No tiene por qué complacerlos en ese sentido! ¡Usted es un buen padre y es lo único que a ellos les interesa de usted!

—¿Cómo lo sabe?

—¡Lo sé y punto! ¿Acaso no vino usted a mí desde tan lejos a pedirme consejo? Soy el mejor en este campo querido Argamasa. —Elevo una ceja para reafirmarme. —¿Quiere que le siga arruinando la bikina? Hoy le ha pedido unas tetas nuevas. Mañana qué será, ¿un culo nuevo? ¿blanqueamiento de ano? ¿De dónde sacará usted el dinero para complacerla si dice que le tiene arruinado? ¿Enseñará una pierna al cirujano a cambio de una prótesis de silicona? —Para qué hablar de la pensión que ya le estaría pasando a “los cachorros”. Vaya joyón de señora… ¡Lista como ella sola!

—¿Cómo la ha llamadooo?

—¿ A quién?

—A Alicia, a mi ex…

—¿A esa hortera descerebrada? “Bikina”. Las mujeres que llevan bikini se les debería llamar bikinas como dice la canción…

—Diossss Morfidal.

—¿Quéeee?

—Creo que me voy a desmayar del alivio que siento —El color verde “revuelto de pisto” de su cara indicaba a las claras que el pobre diablo no mentía.oliverio2

—¡Ni se le ocurra echar la papa en mi cocina! Venga conmigo. Recuéstese un poco en el sofá del salón. Seguramente le ha arreado un golpe de calor mientras me esperaba. Tranquilo Argentina, ya pasó todo. —Baja de la banqueta muy despacio. Se agarra a mi brazo como una vieja mientras nos dirigimos al salón. Le ayudo a tumbarse. Pongo el aire acondicionado. Quién hubiera apostado un céntimo  a que la fiera que me esperaba apenas hacía un rato en la calle era un pobre sufridor, víctima de una arpía que apelaba a los más nobles sentimientos  para conseguir sus propósitos más “bajunos”.

—Morfidal no sé cómo lo ha conseguido, pero me ha abierto los ojos. Elvira tiene que saberlo. La amo. Se lo diré, se lo escribiré, lo pregonaré a los cuatro vientos ¡Oh Dios! ¡Qué alivio expresar de viva voz lo que siento!

—Ya le dije que soy el mejor de la profesi… —Le había abierto los ojos  del alma pero ahora roncaba como un bendito.  Soy el mejor en estas lides, jojojo. No se me resiste ningún paciente.

En cuanto se despertara y le echara de mi casa pondría de nuevo el cartel de abierto en la puerta de mi consulta.

Continuará…

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El cazador cazado

El cazador cazado por el Doctor Morfidal

Querida Miss Sousa:

No ha sido nada fácil para mí, decidirme a escribir este e-mail. En primer lugar porque me resulta casi bochornoso reconocer que  me siento incapaz de dar con la solución correcta a mi problemilla sentimental. He fundido los plomos a mis herramientas de trabajo, en un intento vano de sobreponerme  y dar salida a esta emoción que me invade. En segundo lugar siento hacerte perder el tiempo con mis cuitas. ¡Estás siempre tan ocupada! Entre bailes, fiestas y demás  jolgorios… Aun así y dado que somos “casi” colegas  de trabajo, te rogaría que me echaras una manita con las cartas, por caridad  profesional.

En fin,  voy al grano y te pongo en situación: Al igual que cualquier persona con gran inteligencia y mejor gusto,  leo y sigo la revista Amor Fú.  Enseguida me llamó la atención una de  las escritoras que allí publican. Sí, digo bien me llamó la atención, por la sinceridad con la que se despacha. Una mujer que ha estudiado dos carreras para documentar una novela no es moco de pavo, Miss. Me gusta la gente culta no lo puedo remediar. No solo es instruida, sino que además se vanagloria de ello cosa que por supuesto le honra. Así pues de la admiración fui pasando poco a poco a… No sé cómo podría denominar  esto que siento, quizás ¿Cuelgue? Sí, porque estoy enganchado hasta los tuétanos. No sé si achacarlo a la primavera. No hago más que suspirar como un adolescente cincuentón.

Porque en su grandeza encuentro mi gloria y mi poder,   en su genio mi figura, en su honradez mi integridad, en su inteligencia mi juicio y mi razón. No digamos ya lo que siento cuando despliega esos ramalazos de bondad. Un sudor frío me recorre todo el cuerpo y tiemblo de ganas de tocarla  o por lo menos de verme reflejado en sus gafas de cristal espejado. Porque si a ella tanta bondad no le cabe en una talla 130 copa D de sujetador, figúrate Miss  cómo puedo contener sin que se me salten los botones del pantalón, los  treinta y cinco centímetros de generosa y dulce  expectativa.

Estoy  enfermo, malito de verdad. La fiebre arrasa mi cuerpo. No soy capaz de concentrarme en mi trabajo, ni de atender en condiciones, tal y como se merecen mis clientes. Estoy perdiendo “el oremus”.tumblr_mihd47rcSE1rodb66o1_500

Tanto  es así que el otro día en mi consulta atendí a un caballero  que pretendía que le prescribiera un potingue, o algún brebaje para  poder yacer con su amada en la cama unas cuantas horas sin desfallecer, sin perder el equilibrio, porque deseaba que todo lo que se desprendiera de aquel lecho de amor fuera sutil, sincronizado y apasionado. El pobrecito padece del corazón así que las pastillitas azules quedaron descartadas desde el principio.

Como no estoy en lo que estoy, sino que vivo deslumbrado permanentemente por los  puñeteros cristales espejados, le receté unas hierbas  con efecto antagónico. Desde entonces el pobre hombre no para de dar gatillazos y la sincronización y la armonía que pretendía se han convertido en risas, befas y mofas por parte de la que ya no es su amada.

Las consecuencias nefastas de mi mala praxis no solo las sufre él. He tenido que cerrar al público durante una temporada  mi consulta y esconderme en una cabaña perdida de la Sierra de Gredos, que me construí por si algún día pasaba como me temía, este tipo de cosas. El tío ha jurado que no parará hasta encontrarme,  descuartizarme y hacer  albóndigas con mi carne serrana.http---37.media.tumblr.com-54b48c5ac63d12599d1590059e652716-tumblr_n0fve0NMoe1t6mhyjo1_500

Orchídea te pido, no, más bien te suplico que me eches una tiradita y me digas cuánto más voy a tener que estar escondido  de todos y de todo. No soy nadie si no ejerzo mi profesión. Un error lo tiene cualquiera,  ¿verdad que sí?

A la espera de recibir noticias tuyas, se despide de ti un loco enamorado.

Pd: Te he enviado unas cartas del tarot por correo certificado y con acuse de recibo, para que luego no digas que te las has olvidado en  otro cuarto .No quiero excusas, ya ves mi grado de desesperación.

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Porfirio y 50 Sombras de Grey

—Buenas tardes, les habla el Comandante  Orellana.  Bienvenidos a bordo del vuelo NorthWest 379 con destino a Sta Cruz de Tenerife. La duración estimada del vuelo será de dos horas treinta y cinco minutos. Por motivos de seguridad y para evitar interferencias con los sistemas del avión les recordamos que los teléfonos móviles deberán permanecer desconectados desde el cierre de puertas y hasta su apertura en el aeropuerto de destino…
—Teté, creo que me voy a morir…
—Porfi cariño, ¡Tranquilo! ¿Tomaste el trankimazín?
—Sí.
—¿Cuántas te has zumbado?
—Dos. Me las he puesto debajo de la lengua. ¡Teté no puedo soportarlo! Siento los sudores de la muerte, me mareo, por Diosito Santo ¡Sácame de aquí! — Me incorporé pero la mano tranquilizadora de mi amiga me empujó suavemente hacia el asiento.
—No pasa nada cielo. Relájate. Acuérdate de aquel folleto que leímos en la tienda. El avión es el medio de transporte más seguro. Millones de personas lo utilizan al cabo del año y no pasa nada.
Vale. Cierro los ojos. Respiro profunda y pausadamente. Pienso en lo bien que lo vamos a pasar. Playas de arena volcánica. Temperaturas suaves…
—Ahora por favor, abróchense el cinturón de seguridad, mantengan el respaldo de su asiento en posición vertical y su mesita plegada. Les recordamos que no está permitido fumar en el avión. Gracias por su atención y feliz vuelo. —Así sea majo. Nunca había montado en un avión. Lo más lejos del suelo que deseo tener los pies , es cuando me subo en la escalera de mano para alcanzar de las estanterías de mi tiendita las vajillas de Duralex. Si no fuera porque mi amiga necesita desconectar de la dura realidad en la que se haya inmersa, seguiría pasando las Navidades donde siempre,  en mi casita, tan tranquilo. A regañadientes me abrocho el cinturón. Pienso en que si ocurre algo, podré salir antes por la puerta de emergencia sin estar sujeto a aquella correa del demonio. ¡Iluso de mí! Si falla este trasto no se salva ni Dios…
Una azafata encantadora nos ofrece un pequeño refrigerio. Rehúso. No quiero nada. Solo deseo salir de esta cárcel cuanto antes. Noto unas palmaditas reconfortantes sobre mi mano. Giro la cabeza y observo el brillo deslumbrante de los ojos verdes de Teté. Le he cedido el asiento que está al lado de la ventanilla. Quisiera que echara la persianilla de ese ojo siniestro con vistas al vacío , pero me abstengo de decir nada. Se la ve tan feliz. Me propuso realizar este viaje hace dos meses. No me pude  negar, soy su única familia, la quiero muchísimo. Se lo merece todo y más.
Parece que me voy tranquilizando. Deben ser las jodías pastillitas que me puse debajo de la lengua. Sentadas en los asientos del otro lado del pasillo, dos mujeres  charlan muy  animadas, tanto es así que las oigo reírse y parezco contagiarme de su alegría…
—¡Ay Cloti es tan mona! Ya no hay niñas que se ruboricen así de esa forma. Universitarias que tengan la posibilidad de entrevistar a esos pedazos de hombres…
—Que todas nos merecemos, no lo olvides Reme. —Sí claro. Faltaría más, pensé…
—Por supuesto, Cloti. Yo no desespero. Llevo mucho tiempo esperando y guardándome para un tiaco de ese estilo.  Y en este viaje que llevamos planeando desde que leímos 50 sombras de Grey lo voy  a conseguir. Ya verás. Y todo gracias a esta  autora. Es que es buenísima. Mira yo he leído veinte libros  y este diecisiete veces, así que haz cálculos. —Cloti elevó una mano blanca y gordezuela y empezó a contarse los dedos.
—Reme me salen tres libros. —Sacó la lengua concentrándose de nuevo; bizqueando volvió a mirarse la mano por si se había confundido.
—Por supuesto. He leído tres libros en mi vida y puedo decir que es de lo mejor que se haya escrito nunca, y si no, lee  las revistas, los blogs esos, las críticas. Vete al Eroski del barrio y observa en las estanterías de los más vendidos si está nuestro querido Grey compitiendo con  las  mejores novelas. ¡Ayyy! ¡Qué ilusión, por favor!

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—Claro, dos  millones de moscas no van a estar confundidas. —Solté así sin más. Se me vino a la boca la frasecita de marras como un volcán que explota vomitando lava caliente a raudales. Mi amiga pegó un buen respingo en su asiento. No esperaba que soltara la lengua en el viaje, pensando que el miedo a volar me anularía la capacidad de charlar y mucho menos con unas que se creían a pies juntillas las letras que juntaba una señora. Conste, que cada uno puede tener ensoñaciones con lo que le dé la realísima gana. Miraba fijamente la cara de la tal Reme. La suya destilaba verdadero ¿odio? dirigido sin lugar a dudas hacia mi persona.
—¿Y a usted quién le ha dado vela en este entierro?
—Porfirio Discount, para servirle señora. Últimamente no oigo más que hablar de este señor y me pregunto qué es lo que verán las mujeres en él…
—Está cañón, tiene pasta, tiene poder. Es J-O-V-E-N. —La juventud me la restregó por la cara con el ímpetu de su voz.
—Señora, usted no ha leído muchas novelas románticas por lo que noto…Todos los protagonistas de este género poseen ese perfil.
—No como mi Christian.
—Señora, me apuesto un euro a que su Christian tiene los ojos claros, ¿quizá grises así como magnéticos?
—¡¡¡Lo ha leídoooooooooo!!! —Soltó indignada.
—Claro Reme, y perdona que te tutee y que me dirija a ti por tu nombre. Opino de lo que leo.  Y lo que he leído en esta novela me parece malo, pésimo para ser exactos.
—¿Y por qué si puede saberse? Eres un envidioso porque no llegarás nunca a  ser ni de  lejos…¡¡¡la mierda que pisa el zapato de nuestro Christian!!! —Esta vez era la amiga de Reme la que se levantó del asiento y me gritó con todas las fuerzas y la indignación que pudo reunir.
—Oiga señora no se pase con mi amigo. Haga el favor de tener un poquito de respeto . Deje de gritar como una posesa para empezar. —Esta vez fue Teté la que intervino desde su asiento. —Si no está de acuerdo igual prefiere que avisemos a una azafata para que lo ponga en conocimiento del comandante. —La seriedad con la que le habló la hizo retroceder a su asiento con cara de susto.
—Cloti, no seas tan efusiva mujer. ¿Trabajáis alguna de las dos en la empresa de Erika Leonard? —Tanteé un poco el terreno, para evaluar el grado de conocimiento que tenían  las amigas sobre el tema que estábamos tratando.
—¿Quién es esa? —Soltó Reme.
—Sí mujer, E L James, la insigne autora del libro que idolatráis.

Martin A. La Regina
—¡Ahhh! Es que lo pronuncias mal. —Atacó.
—Lo suponía. Por la manera que tenéis de defenderla pareciera que fuerais a heredar su empresa —Tomé aire. Llené los pulmones y me preparé para contar todo lo que opinaba desde hacía meses de ese libro y ya puestos, de todos los que habían salido publicados a la sombra de este. Y se lo iba a soltar nada menos que a dos hooligans de Grey. ¡Que Dios me cogiera confesado! Estas dos me iban a despellejar vivo. No atendían a razones. Opinar sobre ese tipo de libros algo diferente a lo que las ultradefensoras  de Grey o de cualquiera de sus secuelas, derivaciones, o guiones adaptados al cine, era poco menos que enfrentarse,  ¿a la muerte?
—Christian Grey es un personaje muy trillado señoras. Su autora le ha untado con todas esas capas de barniz  que lo hacen apetecible a un público pero de  adolescentes. Pensando además  que ganará originalidad le dota de un halo de misterio con trauma infantil incluído.
—¡¡Mentiraaaaaaaa!! Lo que te pasa es que eres un viejo reprimido que nos criticas porque leemos este tipo de cosas que no se han visto nuncaaaaa.
—Reme, te va a dar algo hija, cálmate. —El pasaje había empezado a girarse y a mirarnos con curiosidad. —No me conoces. Créeme que de reprimido tengo poco. Personalmente  me la trae al pairo si Anastasia le mete el tacón de aguja por el ojete y no lo saca hasta que orgasme el rey del “BDSM”. Aunque no lo creo porque la pobrecilla  bastante tiene con morderse el labio inferior, fruncir el ceño, decir “uauuuu”, ponerse colorada como la grana  o  dejar los ojos en blanco, tanto me da, no digamos ya controlar a esa salvaje diosa interior que posee. —Las amigas me miraban desde sus asientos con cara de asesinas. El sudor les perlaba la frente, y el rubor de sus caras sobrepasaba con creces al de la protagonista femenina de tan “sublime historia”.
—Retira eso que has dicho ahora mismo. —Aquel graznido surgió de la garganta de Reme.
—Porfi déjalo, cariño.  ¿No encuentras un tanto inútil hablar con quien no quiere escuchar? —Los ojos de Teté me suplicaban para que abandonara el combate.
—¡Ay si el “divino marqués” levantara la cabeza! Claro que quién sabe quién es  ese —Susurré. Como  me  sentía mucho  mejor  y  había  controlado  el  pánico,  decidí rematar  la  jugada.
—Señoras aquí no hay sadomasoquismo, ni porno duro, solo becerradas, diálogos repetitivos, absurdos, incluído el contrato ridículo e interminable del “tontoelculo” del Amo  . —El pasaje empezó a alborotarse. Se oyeron silbidos, aplausos, abucheos, en la clase turista. Las azafatas acudieron raudas y veloces para calmar los ánimos . La situación se estaba tornando un tanto peculiar, casi peligrosa.
—¡Señoras y señores, vuelvan a sus asientos, cálmense! — Las azafatas apenas se hacían  con el pasaje. Me encontraba eufórico. El trankimazín me había hecho efecto pero justo el contrario. Me sentía exultante, así que me levanté para lanzar con vehemencia mi perorata.
—Anastasia es uno de los personajes más pusilánimes e insufribles que he tenido el disgusto de leer, le faltan dos o tres hervores, cuatro o cinco veranos, me saca de quicio. ¡Christian es…! —No pude terminar la frase. De repente solo ví una suerte de destellos brillantes que oscilaban desde el blanco radiante al rojo chillón. Estos fogonazos de luz fueron acompañados  por un dolor agudo en el maxilar inferior. Alguien me había lanzado un gancho a la mandíbula. Literalmente vi las estrellas, y no sé si a “Pol Worker” montado en un nazgul de camino a la Eternidad…
—Les habla el Comandante Orellana. Regresen a sus asientos. Repito: Sienténse. Abrochénse los cinturones. La maniobra de aterrizaje  comenzará en breves instantes. —La voz del comandante a través de los altavoces no consiguió que nos comportáramos como seres civilizados. La situación se tornó muy comprometida . Se estaba repartiendo leña a diestro y siniestro. Los pasajeros habían emprendido sus particulares batallas con los que tenían al lado,  defendiendo sus posturas de la manera menos indicada y por desgracia más violenta posible, o sea, a puñetazo limpio,
—¡Serán brujaas e ignorantees! —Teté se había lanzado al moño de la tal Reme. La saña con que lo estaba deshaciendo solo era equiparable a la rabia con la que se empleaba en descargar patadas en las espinillas de Cloti. El sonido de una vuvucela fue el único que  nos alertó de la coyuntura. Todo el mundo abandonó la pelea buscando el origen de aquel ruido estridente y ensordecedor. El comandante había abandonado la cabina y con aire marcial se dirigió a todos nosotros—Muy bien señores pasajeros. Ahora que he conseguido atraer su atención, hagan el favor de regresar  a sus asientos, abrochénse los cinturones y permanezcan calladitos mientras realizo la maniobra de aterrizaje. Si ustedes cumplen yo haré lo mismo con total eficacia  y destreza. Pero si me ponen nervioso amotinándose de esta forma, no sé si llegaremos a destino, así que, ustedes eligen. —La mirada glacial dirigida al pasaje unido al porte militar que se gastaba surtió el efecto deseado. Como niños obedientes nos sentamos y nos colocamos los cinturones. Una vez que comprobó que todo se hallaba en perfecto orden, se dio la vuelta para dirigirse a la cabina. Anduvo dos pasos, al dar el tercero dejó un instante un pie en el aire, apenas unas décimas de segundo;  lo posó en el suelo, giró la cabeza y mirándome fijamente soltó del tirón
—Porfirio, es usted un crack…

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Morfidal en las noches de verano.

Llegó la época que más aprecio: El verano. Me encanta  recorrer los pueblos de la Sierra de Gredos con mi vieja Vespa. Es un modelo 150S del año 62. Los entendidos sabréis de lo que os hablo, ¿verdad?  ¡Oh qué maravilla!  No os imagináis  cómo gozo “tumbando” la moto en  cada curva del camino. Pero quien más disfruta del viaje es mi querida  y vieja amiga  la quijada. En cada bache con el que nos topamos y, son unos pocos,  rebuzna  con la felicidad de un pollino. Supongo que esa sensación de libertad que produce el viento, que azota en la cara producto de la velocidad, no es exclusiva de los humanos, y si vamos al caso tampoco de las quijadas. ¡Qué decir de mi rabo incorrupto! Como el mejor de los látigos de siete colas se emplea a fondo con las moscas,  los tábanos y demás bichos alados que por desgracia se estrellan contra nosotros.

AMORFUMORFIDAL

 

En este tiempo lleno de fiestas, risas y  jarana el Ayuntamiento de la localidad  que mi rabo siempre tiene el honor de elegir, me cede un puesto con mesa y dos sillones bajo palio  en la Plaza Mayor para ayudar con mi gracia y desparpajo  a los pobres descarriados por el  Amor Fú a  resolver sus problemillas sentimentales. Así que amigos asistiremos esta vez  a una consulta en vivo y en directo ¡Emocionante!

Os preguntaréis hacia  dónde me dirijo con  mi moto y mis instrumentos…  Pues a ¡Tiñosillos! (provincia de Ávila por supuesto).

Una vez instalado en mi puesto de trabajo  observo que un muchacho joven, muy  apuesto y ¿trajeado? ¡Con el calor que hace por favor! se dirige con paso incierto hacia mí, tan incierto que el tropezón que pega es mayúsculo ¡Será torpe! …

Buenas tardes. ¿Es usted don Oliverio Morfidal?

—¿Te has hecho daño hijo? Tranquilo respira, mi rabo te abanicará.

—¿Cómo dice? —El salto hacia atrás que volvió a pegar fue apoteósico al igual que su caída.  Mi pobre quijada rebuznó loca perdida, los ojos del zagal  delataban un miedo exacerbado  ¡Será  tarugo!

Rápidamente me levanté a socorrer a la pobre criatura. Le aproximé  despacito el rabo para que no se asustara. Este empezó a moverse y  a girar haciendo las veces de un ventilador improvisado. El chico cerró los ojos agradecido. También le acerqué a los labios una botella de agua fresquita.  Bebió ávidamente como si hubiera atravesado el desierto en vez la plaza del pueblo.

—¿Tu nombre muchacho?

—Procopio – respondió con voz temblorosa—. Procopio Veraz.  —¡Será raro! La quijada rebuznaba  como poco  a  doscientas revoluciones por minuto… se estaba  partiendo de risa.

—Bien  hijo, has venido aquí  para que te ayude  ¿Veraz, digo verdad? Sentémonos.

—Sí claro, por supuesto. El motivo principal de mi consulta es  que  la gente no alcanza a discernir el grado de complejidad de mi  intelecto cognoscible que al transmutarse en mi boca en signos  expresados verbalmente  pierde en el canal de la comunicación toda racionalidad  y comprensibilidad para el interlocutor…

—¿Qué te pasa en la boca, hijo? -¡Será petulante!

—Mire no lo puedo evitar.  Fui educado de esta  forma  y ahora supone para mí toda  una tragedia  euripidiana, expresar mis más excelsos sentimientos  a  la más bella y primorosa de las féminas que mi  infortunado y desvaído ego ha tenido la dicha de conocer…

—No me extraña hijo. Menos mal que la  quijada me está traduciendo que si no ¡ es que ni jota!

—Ella es la más delicada y etérea de las flores del jardín de las delicias que mi paupérrimo ser ha llegado a rozar con el ápice de mis extremos digitales.  Dice que mi cuerpo está diseñado por un  arquitecto deífico.

—¿Eso te dice?

—No, exactamente eso no. Tenga la amabilidad de esperar pacientemente unos segundos por favor-  Observé atónito cómo rebuscaba en los bolsillos de su chaqueta y al poco extraía una hoja de papel pulcramente doblada.  Con  gran agilidad desplegó el papel y leyó:

—Concretamente se dirige a mí persona en estos términos: “Ola keaase kemedaiwuá chati kiero  fFFUuUrRrNÃcaÄr**** con tigo

—Observe por usted mismo. Nuestras psiques y  nuestras almas se acoplan y enlazan a través de la aplicación whats app

—¡Madre de Dios! Pero ¡qué le pasa a esta también en los dedos!

—Mi lógica coherente  no alcanza a discernir ese código secreto que sólo sabe Dios de qué país lejano provendrá. Tenga  en cuenta que yo  me comunico con precisión en treinta y cinco idiomas y  cuarenta y cuatro dialectos…

—¿Y tú cómo reaccionas?

—Yo plasmo en la pantalla de mi teléfono frases sencillas tales como  si mi cuerpo le parece apetecible   y compruebe  por  favor, tenga la bondad de leer la  respuesta.

—Nutentiendonaaa pero killoooooooooo Aaaaaiiiiiii mi ♥*ツ qué AaaAiiI mi MoRenoH prrrreSiosoohH Te ComiA EnteRiitoh Qe me PoneH er ChiFli coMo un Honohh

Cuando mi Romerita rebuzna a mas de 300 revoluciones por minuto significa que se puede bloquear de un momento a otro , como era el caso, por otro lado difícil de resolver. El universo había tenido el mal gusto de criar a dos almas contrapuestas y Dios de juntarlas cuando claramente eran incompatibles; se parecían lo mismo que un huevo y una castaña, el día y la noche… No,  esto que pienso no podía ser .

—Mira hijo-  Comencé en tono totalmente paternalista, este pobre era un cándido digno de lástima- No te preocupes que no te voy a abandonar en semejante tesitura.

—Por favor Don Oliverio, tenga clemencia se lo suplico, y  derrame toda su sapiencia sobre mi mente desolada,  y mi cuerpo destruido, arrasado y devastado por este sentimiento ígneo y calcinador que me invade como…..

—¡¡¡¡¡Diosssssss te quieres callarrrrrrr de una puñetera vez ,Verazzzzz!!!!!! ¡Con tanto vocabulario erudito no puedo pensarrrrrr!

—Lo siento. —Apenas era un susurro quejumbroso lo que llegó a mis oídos.

—Creo que ya  lo tengo, si eres capaz de decir una  frase, solo una, de corrido, sin tapujos, sin equivocaciones de las que te pone ella ,como el consabido ¡Olakease! habrá esperanza para ti y tu… ¿cómo dices que se llama?

—Su nombre es como el rocío que cubre los más delicados pétalos…

—Al grano hijo…

—Layo.

—¿Layo? Héroe divino, fundador de la ciudad de Tebas…

—No señor. Es algo más prosaico, me conminó a que le llamará Layoli, creo recordar que se presentó de esa forma  ¡soilayoliiiii“gυη sιтιO ☆â

—Vale no te preocupes. Haz un esfuerzo sobrehumano, sé que te va a costar, pero muchacho, con tantos idiomas y dialectos que me comentas que dominas, tiene que ser fácil para ti decirme rapidito y sin leerlo en un papel  olakeaseeee ¡Ánimo Veraz! Si eres capaz, sé de un curso que puedes hacer online en ese idioma, y de unos parques que practican esa conversación mientras brindan con calimocho, querido amigo. Los ojos le brillaban llenos de amor y esperanza porque por fin veía una solución a su problema tan, tan,  en fin prefiero no etiquetarlo…

—¡¡Hola qué haces!! ¿Qué tal don Oliverio? —Mire sin equivocarme.

—Uff ese es el tema hijito, que debes equivocarte… A ver quítale las haches…cambia que por ke  y la ce por ese ¡Tú puedes!

—Ola qué haces… Olake hace… Ola  kehace ..  Ola hace… olake… olakeas … olakeasesssssss…. Olakease..

—Muy bien hijo si no te importa , ¿puedes seguir practicando en el rinconcinto que voy a seguir atendiendo?  Ya no me escuchaba tan concentrado que estaba en  su pequeño triunfo que le pondría si Dios no lo remediaba  en brazos de su Yoli.

Continuará….

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Consultorio amoroso del Doctor Morfidal

Mi nombre es Oliverio Morfidal soy psicólogo tengo mmm , (bueno vosotras me echaréis los años). A la tierna edad de 12 años se me encomendó una misión muy especial consistente en conocer la mentalidad del homo sapiens en cuestiones de amor fú y a los
humanos que por casualidad tuvieran la dicha de confesarme sus problemas sentimentales. No os quiero engañar, prefiero empezar como es debido, de frente y sin embustes. No tengo carrera universitaria ni falta que me hace ¿para qué? Cuando os cuente mi experiencia personal de vida comprenderéis que he sido ungido con los óleos del conocimiento místico del amor y soy capaz de solventar lo que no tiene apaño ninguno por mucho que el destino se empeñe en señalarnos lo contrario.
Nací en Poyales del Hoyo, provincia de Ávila, en pleno valle del río Tiétar. Maravilloso paraje. Si podéis haced una excursioncita, no os arrepentiréis. El verano en que cumplí los doce años en una de esas noches en las que mis amiguetes y yo íbamos a robar fruta a la huerta del tío Venancio montados todos en la burra Romera, propiedad de mi abuelo, se desencadenó una tormenta de las de aúpa. Mis tres amigos se apearon del jumento y me dejaron solo con ella. Corrían como alma que lleva el diablo. Mi abuelo siempre me advertía de que le tapara las orejas a Romerita con un sombrero si me pillaba la “tempestad” en medio del campo ya que éstas atraen a los rayos….Me dio tiempo tan solo de estirar la mano para coger el sombrerito de las alforjas. La centella entró por el rabo de la burra y salió por las quijadas. Esa fue la última visión que tuve. Curiosamente no morí porque podría haberse dado el caso, sería lo más natural… No para nada, para nada. Desperté algo cambiado eso sí con los pelos de la cabeza algo más rubios y rizados y los del pubis también más lisos; fue entonces cuando asistí a un espectáculo insólito. Un anciano me tocó en la cabeza con una vara de fresno al tiempo que pronunciaba unas palabras en un idioma
extraño pero que comprendí a la perfección. Yo era “El Elegido”. Me puso
en las manos las quijadas y el rabo incorrupto de la burra y me comunicó mi
maravilloso cometido. Ayudaría a solventar los problemas amorosos de la gente guiado por los conocimientos depositados en estos originales instrumentos terapéuticos. ¿Qué? ¿No os lo creéis? Pues probad y preguntad lo que queráis. Sin reparos. Soy el mecánico del Amor Fú y ayudado de la quijada y de mi rabo incorrupto no hay ni habrá problema del corazón que se me resista.

LA CONSULTA AL DOCTOR DE ESTE NÚMERO 1 DE AMOR FÚ.
Querido Dr. Morfidal:
Mi nombre es María del Desamparo de Dios. Podría haberme presentado como muchas personas hacen, a través de mi horóscopo, pero la desazón me lleva por los derroteros de la sinceridad. Yo no sé si estará puesto en esto de las nuevas tecnologías y las redes sociales, pero tengo una fe depositada en usted y su quijada que surca los mares. Empezaré por el principio para no despistar y que me pueda ayudar en condiciones. Mi amiga Potxi de Langreo me animó a que me abriera un perfil de Facebook. Estoy aburrida de mi vida cotidiana ¿sabe?
¡Ni le cuento! ¡En qué hora! HE CONOCIDO A UN HOMBRE…… Y usted pensará ¿y qué? Normal. Pues no señor ¡lo nuestro no es normal! Todo empezó por el dichoso botoncito del “Me gustas” Si, ese invento que solo puede ser obra del demonio pero del demonio coronado, te haces amiga de un señor que a su vez es amigo de otra amiga tuya así de forma inocente porque te fías de la otra que parece que le dio entrada sin mucho apuro… y te colocas la soga al cuello. Te condenas en vida.
La cosa empezó por una fotito de unos calamares a la romana que colocó. ¡Uy me chiflan! No me pude negar. Le dí al me gustas. En señal de agradecimiento y como me daba un poco de vergüenza escribir en su muro coloqué un pollo en pepitoria sin mucha salsa no fuera que se pensara que me deleito, me regodeo y me chupo los dedos cuando se trata de mojar pan en el caldito y dedujera que tengo un hambre lobuna de sexo y desenfreno… ¿Se puede creer querido Oliverio que tardó menos de un minuto en colocarme la canción de Antonio Molina “Cocinando me doy una maña que no hay en España quien guise mejor”?
Me entraron los sudores de la muerte… como loca busqué un menú completo para 24 comensales en las imágenes de google y se lo
planté. Me respondió con una foto de
un banquete nupcial…¡Qué delirio!, el éxtasis se apoderó de mis deditos y como tirados por un hilo invisible registraron internet en busca de un par de anillos de compromiso que hicieran juego con esa foto del banquete nupcial….Y de repente, como vino así se marchó… yo creo que lo asusté. Han pasado los días querido Oliverio y él no me ha vuelto a hablar. Sin embargo de un tiempo a esta parte siento en el cogote de mi facebook unos ojos de águila que me escudriñan y analizan mis fotos, mis canciones y mis pensamientos “feisbukeros” Si yo hablo del calor se pone una piscina en su muro así sin venir a cuento y yo en mi mismidad pienso ¿ será para mí? y me envalentono y coloco una toalla de felpa de rizo americano de esas de 600 gramos/m2 buenas, buenas, nada de toallas de Portugal compradas en Valença do Miño. Al rato observo en la pantalla de inicio desfilar una imagen de un bastoncillo de algodón de esos para deshollinarse las orejas… y la duda me corroe y subo una oreja de elefante no se vaya a creer que estoy necesitada de algo… con la boca abierta y sin poderla cerrar de la estupefacción contemplo como pasa ante mis ojos una imagen de un pigmeo… Oiga Oliverio ¿los pigmeos no cazan elefantes? Bueno pues como respuesta a este desafío y conociendo la estatura de este grupito étnico le lanzo una foto de un enano de esos que venden en los chinos y que mis amigas chaleteras colocan en las esquinitas de sus jardines. Los odio, odio la estética de esas figuras infames con risas cretinas y barbas patéticas. Pero creo que si no contesto, la locura y las ganas de saber si se está comunicando conmigo con un lenguaje no escrito basado en imágenes que solo él y yo desciframos, se apoderarán de mi cuerpo y me volveré tarumba…. Querido Oliverio
necesito desesperadamente de su ayuda. ¿Cree que estos signos son la clara
evidencia de un amor loco? Se despide de usted una Desamparada.

LA RESPUESTA DEL DOCTOR MORFIDAL:
Estimada Desamparada:
No veo el problema por ningún lado bonita . Observo sin embargo que te has desviado un poco de la idea que te podría enganchar de nuevo al ser amado y que en un principio fue la solución “La comida” Bien es verdad que te pasaste con los anillos de compromiso. Siempre os lo digo: No agobiéis a los hombres.
¡Respetad los tiempos, que luego os pasa lo que os pasa! Ahora tranquila y toma nota de lo que te diga la quijada:
“Con una foto suya que cubrirás tres veces al día durante la semana de luna llena con medio kilo de azúcar blanquilla y dos kilos y medio de miel de pino piñonero te situarás delante del ordenador y mirando a la foto de su muro rezarás la siguiente plegaria con mucho mucho fervor:
Señor de la Cañita arrebátale los sentidos Y que empiece a emitir gemidos Quijada de asno en salmuera
Si no me quiere que se muera
Rabo de burro estofado
Que por mi amor se sienta arrebolado
Virgen de la teta arrastra
Que por mis huesos viva de día y de noche empalmado

Te puedo asegurar querida Desamparada que a la vuelta de un mes lo tendrás arrodillado y a tu plena disposición No te desesperes bonita y pónle bien ahí de fotos de estofados y paellas para doce que al hombre siempre se le gana por el estómago.

Las vacas griegas dicen μ.
Esto último es una enseñanza del rabo de mi burra…..Todas las consultas llevarán una.

Doctor Morfidal

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