Todo o nada Raine Miller por Porfirio Discount.

Sinopsis: Ethan Blackstone tiene un serio problema. Acaba de romper la confianza de Brynne y ella lo ha dejado. Sin embargo, no está dispuesto a darse por vencido, no va a rendirse; hará todo lo que pueda para recuperar a su preciosa chica americana. La pasión entre ellos es abrasadora pero los secretos que se esconden el uno al otro son muy dolorosos y lo suficientemente serios como para acabar con la posibilidad de una vida juntos.

Además, debido a las amenazas políticas que ahora caen sobre Brynne, Ethan tiene poco tiempo para reaccionar y ha de reunir toda su fuerza y habilidad para protegerla de los peligros que pueden apartarla de su lado para siempre. ¿Será capaz Ethan de liberar a Brynne de un pasado que la sigue atemorizando? ¿Volverá a sentir el calor de su piel, a recuperar su confianza de nuevo? Esta es la historia de un hombre enamorado que hará cualquier cosa para poseer el corazón de la mujer que ama. Y que llegará hasta donde sea para protegerla.
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No es habitual en mí subir por la Cuesta de Sto Domingo los sábados a las siete de la tarde en busca de Porfi. Solía tomarme un café con él en su chamarilería todas las mañanas cuando salía de los clubs de alterne de la zona, en los que trabajaba. Pero el destino me sonrió y cambié de profesión. Gracias a un cliente ahora soy modelo de fotografía, pero eso ya lo sabéis…
—¡Fueraaaaaaaa de mi tiendaaaaaa! —Grita Porfirio amenazando con una plancha de hierro en su mano derecha a un grupo de mujeres que le tienen rodeado en la puerta de la chamarilería.
—¡No les doy ni un maldito libro para reciclar! ¡Reciclen el papel del váter de su casa, o mejor sus cerebrooooss retrógrados! —Tiene la cara como la grana, congestionada , ¡Ay Dios mío! Echo a correr sin pensar en más salvando en pocos segundos la distancia que me separa del conflicto.
—Contrólese hombre, solo queremos esos libritos eróticos que no mira nadie, y que están acumulando polvo al lado de los radio-cassettes. —Habla una con cara de santa caída del cielo a escobazos y una mano sobre la otra tapándose el pubis; tiene pinta de ser la líder del grupo, ¡Qué peligro madre mía!
—¡He dicho que no! ¡Sobre mi cadáver! ¡Tía petarda!¡Santurrona! —Cada insulto se acompaña de un salivazo de regalo que escapa de los labios de Porfirio. ¡Nunca lo había visto así!
—¡Pero a usted que más le da! Si eso no lo lee nadie. ¿No ve que va contra natura? —Las otras mujeres que la acompañan asienten de forma inmediata a lo que va soltando por la boca la santurrona.Hombre_gritando
—¿Qué pasa aquí, Porfirio? —La fatiga por el sprint no me impide hablar con fuerza y claridad. Me abro paso entre las urracas que rodean con aviesas intenciones a mi amigo.
—¡Aléjate Teté de estas mojigatas! ¡Son las nuevas Torquemadas!.
—¡Tranquilo Porfirio! —Intento calmar a las locas que se abalanzan sobre mi amigo, a la vez que coloco mi cuerpo a modo de muro de contención.
—A ver usted la de las manos tapándose el coñ..pubis entre en la tienda con nosotros, y las demás ¡Fueraaaaaaaa!
—Señorita, tranquila., un poco de respeto, que nosotras somos de una ONG para reciclar….
—¡Adentrooo! —Grito enérgicamente. Entra sin rechistar, seguida de un Porfirio temblón y sudoroso. Echo el pestillo de seguridad de la puerta aunque no sé cuánto tiempo podré detener a las que se han quedado fuera.
Libros tirados por el suelo, trocitos de cristal de platos rotos y esparcidos por doquier, crucifijos entremezclados con tocadiscos del año de Maricastaña…
—¿Y esto? —Pregunto con un cabreo del quince
—“Esto” han sido las señoras estas que en nombre de no sé qué pamplinas de ONG me querían hacer creer que mis libros, solo sirven para ser reciclados.
—Vamos a sentarnos y a aclarar las cosas. —Acerqué tres sillas de plástico de jardín que había apiladas en un rincón.
—Yo no me voy a sentar ahí, están llenas de roña—Suelta la recatada con cara de asco, arrugando la nariz
—Señora, ¡No me ponga más nervioso de lo que estoy! —Vuelve a levantarse Porfirio con perversas intenciones. La puerta de la calle tiembla producto de los empujones de las que se quedaron fuera al ver que Porfirio levanta el puño con la plancha de hierro.
—Cálmate, Porfi. Comencemos por el principio, como seres civilizados. —Nos sentamos los tres, ella en el borde de la silla haciendo ruiditos de desaprobación y disgusto.
—Estaba terminando de leer Todo o nada de Raine Miller, cuando esta panda de de de…
—Señorita, nosotras somos un colectivo ecologista sin ánimo de lucro que…493eac43cdsuegra
—Pero, ¿No decías que no ibas a volver a leer nada de esta escritora? —Sonrío. ¡Qué valiente es mi amigo!
—Sí, bueno pero tú ya me conoces, tampoco puedo rechazar el reto que me supuso averiguar la amenaza…
—¡Esto es una falta de educación muy grande! ¡Me ignoran!
—¡Amenaaaazzaaa que pendía sobre la cabeza de la pobrecita Brynne !—Eleva la voz unos cuantos decibelios para taparle la boca a doña Recatada.
—A ver señora, ¿Me dice su nombre para poder dirigirme a usted? —Pregunto con calma.
—Agustina Ríoseco. —Eleva una ceja desafiante. No, no voy a hacer chistes con su apellido, pero me lo pone muy difícil la verdad sea dicha. Porfirio se está mordiendo los carrillos por dentro, lo noto, le lanzo una mirada de advertencia, para que se aguante de emitir comentarios al respecto…
—Dejemos a mi amigo que continúe con el relato y así podremos contemporizar señora Ríoseco.
—Sabes que cuando estuvimos en la playa, leí la primera parte, Desnuda. No aclaraba los motivos por los que la protagonista estaba siendo amenazada de muerte. El padre de la chica había contratado a Ethan Blackstone, dueño de una agencia de seguridad. para protegerla.
—Sí, sí. Lo recuerdo perfectamente. Continúa por favor.
—No sé para qué quiere que continúe, ya me lo imagino…—Suelta la Ríoseco.
—Sigue, ¡te lo suplico! —Bufé. Estaba claro que no nos iba a dejar hilar más de una frase seguida la muy estirada.
—Bueno pues aquí nos lo aclara. Pero quiso ser tan dramática que no consiguió emocionarme ni un pelo.
—Pero, ¿por qué?
—Porque inventa una historia trágica: El senador Oakley de los EE.UU, que ahora se presenta a las elecciones para presidente, tiene un hijo que hace años salió con Brynne. Siendo ella todavía menor, la violó junto con otros amigos sobre una mesa de billar…
—¡Qué horrorrr de libro! ¿Dónde lo tiene?
—Y, ¿para qué lo quiere saber señora? —Le ladra Porfirio
—Por favor un poco de calma. —Intercedo como puedo
—Esa escena según la estaba leyendo me recordaba a la película “Acusados” solo que a Jodie Foster la violaban sobre una máquina del millón. AcusadosDVDRipDualbyjose1969exploradoresp2pcomavi_snapshot_012353_20131016_050919

Y es que la escritora lo describe tan zafiamente que no logra conseguir el efecto deseado. O sea empatizar con la pobrecita Brynne. El senador no quiere que salga aireado en prensa el terrible comportamiento de su hijo, con lo cual lo empaqueta y lo envía a la guerra de Irak.
—Pero vamos a ver, ¿ Los padres de la protagonista no lo denunciaron, Porfirio?
—No, para nada; la madre cree que su hija es una zorra y que ensuciaría el nombre de la familia si llegara a saberse y el padre prefiere no airear el asunto tratándose del hijo de quién se trata. Se queda embarazada para terminar de rematar el culebrón. Y encima no sabe si abortar o no, con lo cual intenta suicidarse. Todo muy incongruente.
—¿Ve cómo mi ONG tiene razón de ser? Además hacemos un favor al medio ambiente retirando productos nocivos para la moral y las buenas costumbres. —Añade la riosecana con aire de suficiencia
—¡Deje de adoctrinar por Diossss!
—Cálmate y sigue. —No sé cómo va a terminar la contienda, empiezo a sudar de lo lindo…
—Veamos, en la última escena del primer libro, Brynne sale huyendo por sentirse engañada por el protagonista, al no saber los motivos por los cuales la está protegiendo. El padre no quería que lo supiera y cuando contrató los servicios de Blackstone así se lo hizo saber.
—El problema surge porque se hizo un video de la violación y se distribuyó por internet, la gente que ha tenido acceso a ese video está muriendo en extrañas circunstancias, así pues la protagonista vuelve a los brazos seguros y musculosos de Blackstone…
—Joder Porfi qué aburrimiento de libro
—No te lo puedes ni imaginar. Porque ahora viene lo peor. Y lo peor es que el protagonista nos narra en primera persona, el retorno a los brazos de su amada. Cuando se la lleva a la cama por primera vez en este libro, se apunta mentalmente agradecer a la señora que le limpia la casa haber cambiado las sábanas con restos de semen de la última paja que se hizo pensando en Brynne.tracyemin11
—¡Aaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyy qué asco por Diossss! — Agustina se levanta de la silla como impulsada por un resorte, con los pelos tiesos.
—Pues sí pobre mujer, tener que limpiar las miasmas del prota…—Concedo a la mojigata.
—Es que no entiendo tanto detalle escabroso y de mal gusto en estas novelas. ¿Dónde quedaron esos suspiros tras dos horas mirando a los ojos del amado? ¿Dónde? —La histeria la domina y tiembla como una hoja.
—¿Eingg? —Nos miramos Porfi y yo con cara de incredulidad.
—El protagonista nos recalca hasta la saciedad que existe tal química entre ellos dos mientras viven, comen y follan juntos, que aburre a los muertos; cuando a nuestra protagonista le baja la regla, él se toma la molestia de llamarla “La Maldición”, pero querida mojigata y Teté, no os preocupéis que nuestra Brynne toma la píldora y esa maldición gitana que toda mujer posee una vez cada veintiocho días y al menos tres días en ese período , a ella le dura apenas un par de horas y puede follar como una coneja sin la molestia de los fluídos menstruales.
—¡Bastaaaaa! No puedo soportarlo. —Se tapa los oídos con las manos mientras se desgañita y canta canciones de patio de colegio.
—Los celos y la idea de posesión le persiguen al protagonista en cada escena del libro, de tal manera que podemos leer pensamientos del estilo “Este coñito tan dulce me pertenece a mí cuando lo lleno con mi polla y me corro dentro”. Las diferencias de opinión y de criterio de los personajes se resuelven con un pensamiento por parte de Ethan tal que así ” Qué falta le hacía un buen polvo para hacerla callar…” Te azotaré contra el lavabo”
—¡Cállese por Diosssss! —Se desgañita Agustina. —Miren nosotras hemos venido recogiendo libros de estas características que dañan la imagen de la mujer actual que no necesita leer estas guarrindogadas. Es totalmente innecesario.rottenmeier-von-heidi
—Bueno ya está bien señoraaaaa, a ver ¿por qué no va a ser necesario? —De nuevo se le está empezando a calentar la boca a Porfi…
—Porque no nos merecemos salir retratadas de esta forma sumisas, estúpidas y maltratadas.
—Mira Agustina, el problema está en que fundamentalmente estos libros son malos per se. —Pestañeo con cara de inocente.
—Malos de solemnidad además. —Añade Porfirio
—Y ustedes pretenden apagar fuegos de cocina con agua, no sé si me entiende. —Señalo con mi dedo índice a las de la puerta, que empiezan a gritar de nuevo como posesas.
—Entiendo que vivimos una época en que todo vale y hay que imponer unas normas, leyes que protejan a nuestro género de tales aberraciones.
—¿Y cómo se supone que lo vas a conseguir, Ríoseco? —Pregunta con sorna mi amigo. —¿Entrando en mi tienda con una panda de locas y destrozándome lo que encontráis a vuestro paso?
—En esta tienda y en todas las que podamos y denunciando si es preciso. —Asegura con la cara como un tomate.
—¿Denunciando el qué? ¿Libros de ficción? No me haga reír. — Me levanto de la silla yo también. Esto es ridículo.
—Podría yo también denunciarte por haber entrado así en mi tienda como una vándala con sus secuaces. Es más, ¿dónde anda el teléfono que ahora mismo voy a llamar…? — No termina la frase. Rebusca entre los papeles, vidrios y demás restos de utensilios esparcidos por el suelo..
—¡Quieto Porfi! ¡Déjalo! Esta señora no va a molestarte más, porque me voy a encargar yo de pasarle unos estudios realizados en mujeres adultas, sobre sus fantasías, sus gustos y sus apetencias sexuales más secretas.Fantasías-tarro
—¡No gracias! ¡No me hacen falta!
—Estaría mejor que te dedicaras a mirar un poco más hacia arriba. —Apunta con el dedo pulgar hacia el techo mi amigo. —Igual te manipulan haciéndote creer esto que defiendes y no es más que una guerra de ventas y markéting, ¿No te has parado a pensar un poco en ello? —La sonrisa que luce Porfi, es verdaderamente diabólica.
—Te aseguro que estos libros tan mediocres no merecen la energía que os gastáis. Eso sí podéis vociferarlo a los cuatro vientos que están mal escritos, que son horribles copias, de copias, de copias del absurdo Grey. Solo tienen ese valor Agustina, créeme.
—Me voy no quiero oír más sandeces.
—¿Cómo decías que se llamaba tu ONG?
Acelera el paso hacia la puerta. Tanta dignidad nos provoca la carcajada. El portazo que arrea es de campeonato.
—Por cierto, Porfi ¿Cómo termina el libro? No lo contaste al final.
—No pude acabarlo.¡ Qué malo por Dios!
Comenzamos a recoger trastos y a limpiar la tienda. Merecía la pena mucho más que pensar en el altercado ocurrido con las salvadoras del género femenino.
Continuará…

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Desnuda

DESNUDA POR PORFIRIO DISCOUNT

Tumbado en la arena, panza arriba con la boca abierta y roncando suavemente. Así es como me encuentro  a mi queridísimo  amigo Porfirio cuando me siento a su lado, bajo  la sombrilla. Estamos pasando unos días de descanso en la playa, antes de que me incorpore a mi nuevo trabajo. Sí, por fin voy a ejercer mi profesión de  modelo  para uno de los mejores fotógrafos del país. Todo llega en la vida…

—¿Ya estás aquí, preciosa?

—¡Pero si estabas dormido!¡ Si hasta te he oído roncar!

—¿Yo? ¿Qué dices? —Se incorpora rápidamente y me mira con cara de no haber roto un plato en su vida. —No, estaba pensando en la última novela que he leído.

—¿Cuál? —Añado mientras saco el bronceador de mi bolsa playera.

—Pues sentí curiosidad por una cuyo título “Desnuda” era muy sugerente. Su autora es Raine Miller, ¿la conoces?

—No, ni idea —respondo mientras me extiendo la crema bronceadora por  las piernas.

—Yo tampoco, hasta que me dio por ojear en la página de la editorial que la publica algunos comentarios de lectoras que ya la habían leído. —Me quita el frasco de la mano, y empieza a extenderse a su vez el bronceador por la barriga y el pecho.

—Supongo que las críticas serán sublimes.

—Por supuesto, por eso me decidí a comprarlo ¿Tú te resistirías a conocer a “personajes inteligentes y complejos, inmersos en un relato moderno con un ritmo frenético”? —Me quedé mirándolo fijamente, intentando descubrir qué había más allá de la pregunta inocentemente planteada.

—Vamos a dar un paseo y me cuentas  que te veo con ganas de soltar la lengua. —Nos pusimos de pie, Porfirio tapó con una toalla las bolsas, como si  aquel gesto nos librara de que algún amigo de lo ajeno nos pudiera robar las pocas pertenencias que bajábamos a la playa.

—No sé si te van a gustar las ideas que he sacado en conclusión, tras haber dedicado un par de horitas de la siesta de ayer al librito…

—Si no empiezas ya a explicarte, nunca lo sabré. —Paseábamos con los pies metidos en el agua, de forma reposada ¡Por favor qué delicia!

—Fíjate Teté que  soy hombre y estoy indignado con lo que he leído…

—Pero, ¿por qué? —Nos paramos como las viejas a comentar la jugada.

—Verás, la protagonista, una tal Brynne Bennet, es modelo.

—¡Andaaa! ¡Igual que yo!

—Si tú supieras de lo que estoy hablando, no dirías eso.

—Vamos a tomarnos algo y me lo aclaras tranquilamente. —Retrocedimos hasta la sombrilla. Cogí la cartera y nos dirigimos a un chiringuito cercano. Nos sentamos. Enseguida vino un camarero con el que Porfirio ya había hecho migas y eso que sólo llevábamos una semana por aquellos lares.

—¿Qué tal parejita? ¿Os pongo lo de siempre?

—A mi me bautizas hoy el vermut con un poquito de ginebra, por favor —Añade Porfi con un guiño de ojos

—¿Y tú preciosa?

—A mí me pones hoy un gin-tonic, por favor. —Esa sonrisa arrebatadora del camarero, me está dejando muerta, deslumbrada. Señor, ¡qué locura de hoyuelos  se le forman cuando ríe!gin-tonic

—Teté.

—Mmmm…

—Teté, cariño ¿estás bien?

—Sí perfectamente, ¿por qué?

—Porque se te van a colar en la boca montones de moscas como no la cierres. —Enseguida reacciono, carraspeo y me recompongo como puedo, ¡uf ahí viene otra vez! ¡Vaya bíceps!

—Pues aquí tienes amigo, tu vermut bautizado, y un gin-tonic para la chica más bonita de…

—Sí, sí ya puedes retirarte majo. —Porfi no lo puede evitar, no son los celos los que le hacen ser así de antipático, eso lo sé perfectamente, sino el afán protector que tiene conmigo. Si supiera que bajo el posavasos me ha dejado una notita escrita con lo que parece un número de teléfono. El camarero se va no sin antes guiñarme un ojo. ¡Ay Dios mío!2z69hf7

—A ver Porfi, me contabas que la protagonista de la novela era modelo.

—Sí, la tal Brynne Bennet, es una modelo americana, que vive en Londres, huyendo de un pasado terrible, a saber cuál, porque en el primer libro no lo aclara, y desde luego no voy a perder más tiempo leyendo a esta señora para averiguarlo. Es fácil deducir que con la profesión que tiene el protagonista, se encargue de protegerla.

—Pues sí que te ha cabreado. ¿Qué profesión tiene?

—Ethan Blackstone, el protagonista, es un tío rico que lleva una agencia de seguridad privada durante los  Juegos Olímpicos de Londres.

—Bueno, bueno Porfi ya sé por dónde te viene la indignación —Creo que estoy empezando a beber más deprisa de la cuenta. Últimamente no soporto a los machos-alfa-noveleros de última generación.

—Déjate algo de ese matarratas para lo más interesante, Teté. —Prácticamente me arranca la copa de la mano, en un intento de que le preste mayor atención.

—Los protagonistas se conocen en una exposición de fotografía, en la que se vende un desnudo de la chica.

—¿Lo compra el “Neanderthal”?

—Sí. Bueno eso era lógico, ¿no? Así que niña, agárrate bien a la silla, que despegamos.

—¡Camarero! ¡Tráenos otra ronda de lo mismoooo! —Mister “Hoyuelos” con el pulgar en alto nos indica que ha escuchado a mi amiguete. En nada y menos, un nuevo gin-tonic con otra notita misteriosa puesta disimuladamente bajo el posavasos y otro vermut con un aperitivo  ocupa la mesa. Apenas atisbo cuatro garabatillos que no logro descifrar.

—A partir de ahora, el Sr. Blackstone tomará las riendas del asunto. Se ofrece cuando termina la exposición a llevarla a su apartamento en coche, hasta ahí  podríamos tildarle de caballero, pero la chica comete un pequeñito desliz consistente en quedarse dormida durante el trayecto, con lo que aprovecha para revolverle el bolso y  pillarle el número del móvil.

—Cerdo…

—Pues sí un poquito, y es que el señorito no  dará tregua a la prota hasta que no consiga cenar con ella.

—¡Camareroo! —Esta vez soy yo la que chasquea los dedos para  llamar a “Hoyuelos”Chiringuitos-verano (1)

—¡Vooy!

—¡No tardes Hoyuelos!

—Niña, ¿cómo le has llamado?

—¿A quién? —Pongo cara de despistada, sin embargo el mosqueo de Porfirio es evidente.

—Da igual. —Bebe un sorbito del vermut y coge una aceituna del platillo de los aperitivos. —No veas el efecto que producen unos ojos azules  en una mujer.

—¿Hoyuelos tiene los ojos azules?

—No Teté, ¡Ethan Blackstone! Este señor con un simple gesto, digamos una sencilla alzada de ceja consigue un efecto exponencial en el cuerpo de la fémina en cuestión. La deja balbuceante, hecha un manojo de nervios.

—Aquí tenéis otra rondita, chicos. —Efectivamente Hoyuelos tiene unos ojos azules de escándalo. Va recogiendo los vasos a medio vaciar, y coloca con primor los nuevos. Se va no sin antes alzarme una ceja…

—Vamos que la deja sin capacidad de reacción. —Comenté mientras advertí  de nuevo que había  otra  servilleta de papel medio doblada con dos líneas escritas, junto al platillo de las almendras.

—Las escenas que se van sucediendo solo sirven para que se te pongan los nervios de punta, en el sentido de que el pelele del personaje femenino, acepta que el macho alfa se haga cargo de cualquiera que sea la situación anodina que nos plantee la autora. El chico establece el control sobre todo.

—Es decir, que nos presenta a un tío que te alimenta, te folla, y te arregla la vida. Odio a ese tipo de hombre, Porfirio. Esos que te anulan el pensamiento, o la disposición para reaccionar o actuar con autonomía. —Disimuladamente leo la notita que me ha dejado escrita Hoyuelos en la servilleta. “¿Cenamos? Te invito, aunque preferiría comerte mientras imagino que eres mía…”

—Nena esos tíos son los que se llevan ahora en las novelas.

—Vaya, vaya, así que Hoyuelos es un Blackstone de playa.

—¿Cómo dices?

—Nada cariño, sigue…

—En sí el argumento no tiene nada. La autora nos plantea un perfil psicológico de mujer que confunde estar dominada por un hombre, con sentirse segura y  a salvo en sus brazos. Una mujer con un cerebro que lucha constante y permanentemente por absorber todo lo que le dice el atapuerqueño para poder agradarle al máximo.

—¿Y en la cama qué tal se comportan? —Me removí en el asiento, la situación descrita en la novela me parecía patética.

—Deprimente. Las escenas son mecánicas hasta  decir basta, el condón aparece en escena como un invitado incómodo, es mucho mejor follar sin él para poderse correr hasta el infinito y más allá. Si además le añades a esto que él no le deja tener el deseado orgasmo hasta que no le diga que es “SUYA”…

—Vomitivo.

—A lo largo del libro aparecen frases marca Blackstone con las que se te descuelga la mandíbula, todavía me acuerdo de algunas como “Soy muy posesivo con lo que es mío” o “Solo toco lo que es mío” ¡Quiero azotarte, follarte!

—¡Camarerooo! —Seguro que el grito que pego ha llegado a Sebastopol.

—Ya estoy aquí. —Se sienta en una silla vacía que hay a mi lado. La blancura de sus dientes me fascina, pero yo no soy Brynne Bennet por supuesto. El tío se envalentona y me pone una mano en el muslo y comienza a acariciarlo ¡Será cerdo! Pues no estoy yo calentita ni nada con la historia que me acaba de soltar Porfirio. ¡Vamos que me sale humo por las orejas!

—Mira Hoyuelos acabo de leer tus notas, y quería aclararte un par de cositas.

—Si no te viene bien quedar a las doce, pasaré a la una a recogerte. No te puedes negar.

—Me negaré si me da la gana. ¿Últimamente a todo el mundo le da por confundir el culo con las témporas o qué? Mi amigo aquí presente me acaba de contar una historia que ha leído,  en la que nos describe a hombres como tú que confunden ciertos conceptos como por ejemplo ser sumisa en la cama con serlo las 24 horas del día. Cierra la boca Porfirio, sino quieres comerte las moscas que no me tragué antes. —La retahíla fue acompañada con la retirada de mano de mi muslo.

—Y ahora si no te importa nos traes la cuenta y sin notitas añadidas. Hombres como tú no me interesan en absoluto. —La blancura de sus dientes se extendió por todo el rostro. Se fue como alma que lleva el diablo a por la cuenta; pagamos, no dejamos ni un céntimo de propina. Nos levantamos y encaminamos nuestros pasos hacia la playa a tumbarnos de nuevo en la arena.

—¿Sabes qué Porfirio? Me da rabia que últimamente haya autoras que escriban  este tipo de bazofias. Personas de mi mismo sexo  que después de tantos años de lucha por la igualdad de la mujer vengan a decirnos que un tío manipulador, posesivo y hasta acosador es lo que nos  conviene y nos va a evadir de la puta realidad, y de los telediarios llenos de noticias horribles. ¿Cómo puede gustar leer a una pavisosa que se “desnorta” solo con notar la presencia del protagonista? ¿Cómo puede encandilar un macho alfa que piensa que una relación perfecta de pareja consiste en cocinar y ver la tele juntos?

—¡Cuánto daño está haciendo el Sr. Grey, Teté…! —añadió Porfi. Casi instantáneamente comenzó a roncar…

Continuará….portada-desnuda

 

 

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Novia a la fuga. Susan Elisabeth Phillips

Eran las nueve  de la mañana y como siempre me dirigía a la tienda de mi amigo Porfirio a relajarme con una buena charla totalmente intrascendente, acompañada de un buen cafetito bautizado con una chispita de orujo para entonarnos. Bajaba silbando por la cuesta de Sto. Domingo sentido Plaza de España la última de Alejandro Fernández, “Procuro olvidarte”, cuando de repente observé en “la lontananza” a mi Porfi salir de la tienda con un crucifijo en ristre a toda velocidad y pararse en el borde de la acera… y como si fuera una centella, entrar de nuevo en su chiscón, agitando la cruz a modo de estandarte, gritando como un descosido palabras indescifrables que no llegaron a mis lindos oiditos dado que me encontraba todavía a unos cincuenta metros de la chamarilería…

Cuando entré en la tienda hallé al pobre hombre tirado en una silla, con la cara blanca como un folio y la respiración agitada…

—¡Qué te pasa por Dios no me asustes!

—No me hables Teté. Creo que tengo ratas en la tienda…

—¿Y por eso abandonas el local como un  poseso empuñando un crucifijo como si fuera una navaja de Albacete? ¿Qué tal si llamas a una empresa de desratización?  —Dejé apoyado el bolso y los cafés en un huequito que quedaba libre en el mostrador, entre platos de Duralex, palillos chinos y discos de Falete.

—¡Ay qué rica! Si fuera tan sencillo como eso que me cuentas… Ven siéntate a mi lado que te voy a comentar la jugada más relajadamente. Acércate esa silla y perdona que no lo haga yo querida, pero tengo que recuperar el resuello. —No tardé ni un segundo en cumplir con aquel deseo. La curiosidad me estaba matando.

—Verás —empezó a narrarme en tono confidencial, arrimando  su boca a mi oreja— resulta que estaba leyendo esa novela que dijimos de esta mujer que ahora no me viene el nombre a la cabeza… ¡como se llame! —añadió en tono desdeñoso—. El caso es que cada vez que comento algo en voz alta oigo un ruido muy extraño en ese rincón de ahí —señaló con el crucifijo a modo de puntero. Mis ojos volaron al sitio indicado, y acto seguido hice ademán de levantarme.

Nooo.

Nooo, ¿qué?

—Observa primero—. Y alzando las cejas un par de veces a modo de seña de dúplex, como si estuviera jugando al mus, comenzó su relato:

—Ponte en situación querida, imagina a una novia a punto de casarse que le da el pronto y deja plantados a los invitados y al novio justo cinco minutos antes de que comience la ceremonia. Sale corriendo por la puerta de atrás, deshaciéndose del vestido y cogiendo una túnica de color azul del coro de góspel, que se endosa para disimular que es la hija de la que fue presidenta de los EEUU..

Mmm me suena a la peli aquella de Julia Roberts —añadí prácticamente en susurros mientras seguía hipnotizada observando aquel rincón misterioso

Shhhh. ¡No me interrumpas!Tras correr yo qué sé cuánto tiempo huyendo de periodistas y curiosos, aparece de “la nada” un motero que se la lleva prácticamente en volandas de allí. Y a partir de ahora, la protagonista llamada Lucy, pero solo por un ratito, andará por esos pueblos perdidos de la mano de Dios, disfrazada de cantante de góspel con casco de motera durante más de cincuenta páginas acompañada por un hombre apodado Panda, que es muy guapo por otra parte pero que, según la autora, tiene la nariz roma de punta cuadrada…… “ññiñiñiññiñiññiñi”.

—¡¡¡¡Qué ha sido esooooooo!!!! Grité histérica perdida.

—La rata. ¡¡¡¡ Érase un hombre pegado a una nariz tan cuadrada como superlativaaaaa!!!!

— “Ñiñiñimentirañiñiñiñ” —Porfirio me puso una mano en el hombro tratando de tranquilizarme,  mientras que con la que sostenía el crucifijo que no había soltado ni aunque lo sometieran a tortura, apuntaba ahora más sereno a la pared del fondo adornada con un póster de Cassius Clay. Continuó con la historia como si no hubiera ocurrido nada…

AMORFUPORFIRIO

—Lucy, que de niña había tenido una vida de perros, pero que había sido adoptada por tan ilustre mujer, había huido nada menos que con un tipo que eructaba, bebía como un borrachuzo y  que comía con la boca abierta, pero solo por un ratito… porque según vas pasando las páginas de este novelón, vas descubriendo mi querida amiga, que nada es lo que parece…que la remilgada y dulce protagonista que no practicaba apenas sexo con su maravilloso novio, porque tenía miedo de que sus gemidos fueran fuertes, sus movimientos torpes, sus caricias indecisas en las zonas inadecuadas, su aliento fuera apestoso o que se le escapara un pedo en pleno coito… Se siente atraída por este tío aparentemente zafio que la abandona por el camino, y por lo tanto decide emularle y llevárselo al huerto, ha decidido que los eructos  son mejores que la erudición, así que a partir de ahora comenzará una nueva vida, en la vieja casa de él, que por supuesto allanará y modificará a su antojo y para que haga juego con el nuevo hogar, modificará su indumentaria de señorita ONG , por unas faldas de tul complementadas con unas botas militares, camisetas guarras, piercings y tatuajes falsos, así como rastas de distintos colores según le plazca…todo esto aliñado con un buen apodo: “Víbora” y pagado por supuesto con las tarjetitas de crédito de mami la expresi.

—Ñiiñuñubiennñiñihiiiiiiiiiiiiii. —De nuevo aquel ruido mitad humano mitad “Black&Decker” invadía el local… En un tono totalmente confidencial como si estuviéramos en un  confesionario añadió: Ahora verás cómo cambian las revoluciones de la onomatopeya, en cuanto que meta caña a los protagonistas…

—La tal Víbora, que no es otra que una mujer de 31 años cronológicos pero 14 mentales, posee un listado escrito en un papel (adornado con dibujitos de hello kitty ) con unos cuantos deseos que ha de cumplir a riesgo de perder la vida, a saber: Fugarse de casa, Dormir por ahí, decir palabrotas, emborracharse en público, gastar una broma ¿?¿?¿?¿?…

—Espera un momento Porfirio ¡Para el carroooo! ¿No había por ahí una novela de una noble borderline que también tenía una lista…?

—Sí, Teté. Esto huele a chamusquina, porque los deseos que necesitan cumplir a toda costa tanto la contemporánea como la cansina histórica aquella, son de lo más peregrino… Centrémonos en esta y dejemos a aquella que ya no tiene remedio… Figúrate una mujer hecha y derecha llamando por teléfono a un número desconocido comunicándoles que les va a dejar a la puerta de su casa 50 kilos de estiércol….”ñiñiñiñjiijijiñiñiñi”.

—Veo que a la rata le hace mucha gracia. —solté algo más relajada.

—No tanta como cuando escuche el siguiente objetivo que nos propone.

—No me lo cuentes, ¡bañarse en las playas de Fukushima!

—Casi aciertas pero no, es algo más trepidante, como irse a la cama sin desmaquillarse después de haber trasnochado. —Se me desencajaron las mandíbulas, no daba crédito a tanta estupidez supina junta.

—Esta Lisbeth Salander de cuarta regional, que quiere beneficiarse al protagonista, que no es otro que su guardaespaldas contratado por su excelsa madre, con un grado universitario y amante de la ópera, militar, policía, guardaespaldas, entrenador de famosas de la televisión…

—¿¡Pero no era un cerdo ignorante?!- Salté muerta de la risa. —Los gruñidos que provenían de detrás del poste del boxeador me hacían elevar el tono de voz a unos decibelios peligrosos para la salud.

—¿Tú no me escuchas Teté? ¡En esta novela nada es lo que parece! Este pobre que también ha vivido entre ratas, con madre drogata y padre narcotraficante, no puede amar a la víbora de Lucy , está traumatizado por tanto sufrimiento.

—iiiiiiiiñiñiñiññiiiiiiii.

Cállateeeeee ! —Fue el grito de guerra que se escapó de nuestras gargantas al unísono al percibir tanto asentimiento ratonero.

—En resumen y para no aburrirte con tanto despropósito junto causado por las desgracias infantiles de Panda y Víbora, agregaré que la señora escritora, introduce unos cuantos elementos que actúan de cemento compactante para que la pareja termine unida: la vecina traumatizada por un matrimonio nauseabundo, el niño traumatizado por ser un huerfanito, cuya tutora es la vecina traumatizada, la presentadora de un reality show traumatizada por su condición sexual, el vendedor de bienes muebles e inmuebles traumatizado por haber jodido en su juventud a la vecina traumatizada por el matrimonio nauseabundo, la psicóloga amiga de la presentadora de televisión traumatizada porque en su juventud padeció trastornos de alimentación… según sumaba traumas a su perorata, (tanto trauma suena “morboso”, ¿verdad?)  fue  levantándose despacito de la silla para dirigirse al rincón  misterioso, de donde procedían los gruñidos con timbre cada vez más humanoide… Con un movimiento ágil impropio para su edad, arrancó de un solo manotazo el póster y…

—No te lo vas a creer querida. Acércate y “flípalo”.

—Madre mía, Porfirio! ¡Menudo agujero a modo de butrón te ha hecho la “jodía” rata!

Continuará…

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Novelas con Discount por Porfirio Discount

Mi nombre es Porfirio. Soy viudo. Tengo una ristra de años aunque muchos menos de los que te puedas imaginar, poseo  un negocio ruinoso en la calle Leganitos de Madrid, cerca de la Gran Vía.

Los artículos que se venden en mi tienda en esencia son trastos viejos que los vecinos de la calle  me van suministrando. Entre radiocasetes de los años 70 planchas eléctricas de viaje por supuesto sin vapor, vajillas de Duralex de aquellas de color verde, rayadas pero indestructibles, relojes de cuco sin cuco, carritos de bebé de tijera y montones de crucifijos de los que se colgaban encima del cabecero de las camas de matrimonio antiguamente, iba transcurriendo  con más pena que gloria mi vida laboral, de tal manera que no pude creer en mi “buena suerte”  cuando una mañana de verano de no hace mucho entró aquella mujer en mi tienda. Otra cosa no tendré pero psicología de tendero poseo para dar y regalar y esta tipa no me la daba con queso.

Su sonrisa llena de dientes no podía enmascarar aquellos ojos ahuevados desorbitados  y llenitos de ansiedad por mucho que lo intentara. Empujó con demasiada fuerza la puerta de mi establecimiento y gritó con excesiva euforia ¡¡¡Buenos días!!!  Si ya lo decía mi padre más sabe el diablo por viejo…

Como  por  arte de  birlibirloque  sacó de  la nada una colección  de  libros  de  una tal Sarah MacLean, que no había visto en mi vida, y como si se tratara de incunables intentó endosármelos a la nada despreciable cantidad de 20 euros por libro.  La majadera se pensaba que yo había nacido ayer  o que me había caído de un guindo tanto daba, pero decidí seguirle el juego y hacerme el panolis porque vamos a ver ¿quién en su sano juicio osaría entrar en una chamarilería llena de cachivaches y trebejos como si fuera una tienda de Almoneda, a vender casi estaba seguro mierdas a 20 euros? Le compré la moto porque  tengo una amiga puta que está pasando por un mal momento y se me ocurrió en aquel mismo instante que si leíamos un cuento de hadas victorianas entre los dos y comentábamos se nos haría más ligera esta existencia tan gris y monótona. Así que elegí para empezar Diez lecciones para cazar a un lord y que te adore.

Teté. Así se llama mi amiga. Nombre  de guerra “boom boom bazooka”. Parece el mote de un boxeador, ¿verdad?  Es una luchadora nata no hay duda. Todos los días antes de irse a dormir pasa a mi tienda y nos tomamos un par de cafés del Starbucks con unas galletitas de chocolate blanco.

Ahí viene, espero alegrarle el rato. Uy ¡qué cara me trae hoy! Está más quemada que la pipa de un indio! ¡Mi olfato de tendero no falla!

–Porfi ¿te importa cariño que haya bautizado hoy los cafés?

–Mientras no sea con pacharán no, cielo. Odio  las endrinas, demasiado amargas para mi gusto.

–Pues yo ODIO  A LOS  HOMBRES. Hoy  un cliente  me ha venido  con una cajita de  una joyería .¡Había  anulado todas mis citas! Sabes que tengo la cochina manía de enamorarme de aquellos que me visitan más de dos veces en una semana. Pensé que quería ponerme ya el anillo  en el dedo… ¡qué rato más malo Porfiiiiii!

–No me lo digas chati, no era  una joyita anular sino anal.

–¡Sí! Ha sido horrible, prefiero no hablar más de semejante rata de alcantarilla.

Nos  abrazamos un momento para consolarnos.  Sé que tengo la culpa de que se sienta así. Le meto ideas estúpidas en la cabeza sobre hombres inexistentes a través de novelas de medio pelo, pero no lo puedo evitar. Nos reímos tanto que nos sirve de terapia.

–Sabes  querida que para dar caza a un señor con posibilidades  no tienes que ser tan verdulera ni tan soñadora, solo debería percibir tu presencia así, disimuladamente, sin notarla.

–¡Ah sí! como la pesada esta que nos traemos entre manos. ¿Has terminado con las hazañas de lord Nicholas Pluscuamperfecto y lady Isabel Townsed?

–Más bien  han terminado  ellos  conmigo. Un  lord  tedioso  con  ínfulas detectivescas  que   se encandila con una señora que se pasa el día en un tejado como una salamanquesa…

–Lo estaba reparando no seas así….

–Sí, si ya.  Al principio  pensé que me podría enganchar una  historia de una mujer que una y otra vez es apostada por su padre en tugurios apestosos, que es capaz de montar en su hogar una casa de acogida para mujeres víctimas de los hombres pero…

–Pero no hay quien soporte las lecciones de la revista “Perlas y pellizas” para cazar a un lord, que se inventa la señora escritora para dar relleno y fuste a la novelita de marras; la lección tres es como para morirse de la risa Porfi. ¿Te  imaginas no mostrar  las mejores virtudes  cuando  un hombre te gusta ni enseñarle que tienes una cabeza que sirve para algo más que para llevar sombrerito de tul?

–Tú lo has dicho bombón: lección cuatro o cinco no recuerdo  bien, creo que me caí de la silla del cabezazo que pegué. Es mucho mejor conquistarle bordando  mantitas para la silla de montar…

–Tarde  o temprano lo podríamos cansar con nuestra inteligencia, el siguiente consejo es divino: mostrar  asombro  por  la suya rozándole  los deditos   y  sin palabras, pidiéndole  que haga gala de  sus habilidades.

–Desde luego este es de lo más normalito con las pericias  sexuales con una bajada al pilón y un misionero despacha a la prota.

–Talentoso  en la cama no es  pero como dice Perlas y pellizas podremos perdonarle un par de defectillos  ¿verdad Porfi? Que un señor sea un aburrido  sexual no es ni de lejos tan deficiente como tener  una risa estridente  o la vista  cansada. Total  cuando  la chica se envalentona un poco  la llama descarada…

–Da lo mismo, aquí lo que prima es ser misteriosa, Teté: cuando lo hayas cazado te piras y lo dejas con un palmo de narices para que empiece la caza y el lord disfrute.

–Te juro que esto no hay quien lo aguante ¿Y quién dices que te sopló 20 euros por semejante castaña?

–Una que entró el otro día en la tienda con cara de chunga y ganas de engañarme. Se creyó  que no la vi pero además de los veinte euros  me afanó un crucifijo

–Joder seguro que lo quiere para algún aquelarre.  Brindemos  Porfirio porque no nos abandone la cordura en este mundo de locos.

–¡Salud!

Mañana será otro día.

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